Alexander Desperté gracias al vacío que sentí en la cama cuando Marcela se puso de pie y abandonó su lado. En cuanto abrí los ojos me sentí un poco mareado, pero el malestar se me quitó de inmediato cuando noté que ese techo no era el de mi habitación ni Marcela mi acompañante. Mi vista se nubló y me pareció increíble ver a Jordan buscar sus zapatos bajo la cama. –¿Qué hora es? –Llegué a preguntar– –Las cinco. –me respondió parca y sin mirarme– –¿Qué demonios pasó? –Creo que Marcela te drogó, te traje hasta aquí porque no querías ir con ella. Es el cuarto de huéspedes. –¿Drogarme? –Entonces lo recordé, luego de tomar el maldito vino de la cena, empecé a decaer– Tenemos que hablar, anoche quería verte pero no pude llegar a tu habitación. –No importa, ya lo haremos luego. “¿Qué d

