Amor y Odio

2389 Words
Juno apretó los ojos con fuerza a la espera del disparo, más el soldado no se atrevió tras ser interrumpido por otro nazi. —Teniente Wolf, ¿que hace?—interviene el hombre rubio, alto, de ojos azules. —Estas perras me faltaron el respeto—halegó mirando al rubio que tenía frente. —Basta, déjalas tranquilas—musitó. El teniente Wolf tomó el uniforme del rubio con sus dos manos y con violencia. —Tú no me das órdenes Fritz. —Veamos que dirá el diablo al respecto-Wolf lo soltó muerto de rabia con una mirada asesina. Luego, le dió un vistazo a Agatha que estaba en el suelo sangrando. —Nos veremos pronto perras—con ese porte arrogante característico de los nazis, se marchó. Fritz miró a las dos mujeres que se buscaban la una a la otra para abrazarse y estallar en llanto. —¿Que carajo hacen?—preguntó, inclinándose para quedar a su nivel. Ninguna de las dos respondían solo lloraban. Las dejó quieta cuando Fritz se dió cuenta que unos soldados se acercaban, tenía que darle explicaciones de lo que había ocurrido. Juno se había llenado de sangre las manos, el uniforme de raya, el rostro al abrazar a Agatha. —¿Estas bien?—inquirió sin soltarla. —Estas viva Juno, creí que habías muerto—se acomodó para quedar frente a Juno—. Gracias, si no fuera por ti hubiese muerto. —Agatha, estoy viva, estoy bien. ¿Como estas tu?, ¿cómo estás las demás?¿como esta Mara? El rostro de la muchacha fue de horror mezclado con tristeza. —¿No lo sabes Juno? —¿Saber que? —A Mara y a las demás chicas las llevaron a la cámara de gas—Juno peló los ojos con exageración—. Ocurrió el día después que te sacaron de las barracas. Por fortuna yo esa mañana salí muy temprano y cuando regresé vi como cabello de Ángel con otros soldados se llevaban a las muchachas. —No, no, no es cierto Agatha, no es cierto— estalló en llanto, con el alma echa pedazos. Yo era bailarina. Yo escritora. Juno recordó la sonrisa de Mara, sus ojos, la manera de como la protegió cuando llegó a las barracas. — Ya basta de falsas esperanzas. Entiendelo Juno, nunca saldremos de aquí, nos matarán. En Auschwitz nadie canta, nadie sueña, los pájaros no existen, aquí tenemos que acostumbrarnos a esta vida de porquería. Deja de llenarla de ilusiones. Recapituló aquel momento cuando Sol le dijo que morirían después de que a Mara el Ángel de la muerte le disparara en la pierna. Hoy canta para nosotras Juno. Hoy contaré una novela que una vez escribí y nunca me atreví a mostrar por miedo. Juno lloró con tanto dolor mientras recordaba a sus antiguas compañeras. Prometeme que sobrevivirás Juno. —No, no—gimió tocándose el corazón. Con lágrimas gruesas en sus mejillas, Agatha sacó de su bolsillo una hoja doblada para entregársela a su compañera. —Esto es tuyo La chica lo tomó desdoblandola para darse cuenta que era el dibujo que Aleja le había dado aquel día en las barracas, antes de ser llevada al calabozo. El canto, las risas, las historia que contó sol sobre dos personas bajo la lluvia, y la despedida, definitivamente ese día fue una despedida. —¡Lo siento Juno!—murmuró Agatha con las lágrimas a flor de piel. El teniente Fritz se acercó a ellas viéndo como ambas lloraban a moco suelto, con el corazón en la mano, era tan desgarradora la escena que tuvo lástima. —Vamos las llevaré a las barraca—luego mirá a Juno—.Y a ti a la casa del capitán. Agatha ayudó a la chica a levantarse, sus ojos enrojecidos, su rostro lleno de sangre, sus manos. Juno le dió un apretón de mano medida que caminaban detrás del soldado. —Te sacaré de aqui—habló la muchacha soltando gruesas lágrimas por su mejilla. Sosteniendo con una mano ensangrentada el dibujo de Aleja. —Juno... gracias por ayudarme hoy, pero no creo que nada puedas hacer por mi. —Te dije que te voy a ayudar, y lo haré, así me tenga que enfrentar con el diablo. —No seas tonta, piensa en ti, sobrevive tú. Ahora eres privilegiada—la chica la miró más Agatha se limitó al contacto visual. —Si, me di cuenta cuando el soldado dijo que te llevaría a la casa. Siguieron caminando hasta que el soldado dejó a Agatha en la barraca. Juno tenía el corazón desbocado, ese órgano que bombeaba sangre estaba a punto de estallarle en todo el pecho. Fritz la dejó en la casa del diablo, y entrando echa un mar de lágrimas, Miriam y Stella se preocuparon al verla en ese estado. —¡Juno!—corrió para sostenerla Stella ya que la muchacha se tambaleaba de un lado a otro. —¿Que ocurrió?—interrogó Miriam. —¡Están muertas, las mandaron a la cámara de gas!—bramó en un llanto desgarrador la muchacha. Le dolía demasiado el pecho, no podía respirar con claridad, ni pensar, ni ver. Toda su mente se había quedado en el recuerdo de musica dentro de las barracas, sueños rotos, personas que fueron importante para ella en su estadía en Auschwitz, ahora, ellas ya no estaban. Tú tocaras el piano y yo bailaré hasta el cansancio Esas palabras de Mara persistía en su mente que Juno no soportó la sensación de otra pérdida. Primero fueron sus padres, luego, ella se desmayó. Despertó con los ojos hinchados, con Stella en lágrimas, y una Miriam preocupada. —Juno, dios mío, nos tienes asustada— declaró Miriam mordisqueandose las uñas. —Quiero morirme Miriam, ellos la mataron— siguió llorando. —Cariño, debes calmarte, en Auschwitz es así. Un día estamos al otro día no lo sabemos. Por favor, debes tranquilizarte. Te he preparado la bañera con agua caliente para que te relajes un poco. La joven siguió sumida en lágrimas más obedeciendo a Miriam. Se metió desnuda a la bañera con las rodillas pegadas al pecho y sin dejar de llorar. —Todo estará bien-farfullo Stella, sentándose a un lado de la bañera. —Eran mis amigas Stella. Las quería. —Lo siento. —Mara quería bailar, dijo que cuando saliera de aquí bailaria toda la noche. Sol, ella escribía, y Aleja toda una artista. Tenían sueños y se los arrebataron cruelmente. Stella le acarició el cabello mientras que Juno estallaba nuevamente para llorar. ### Por otro lado, Fritz debía informarle al diablo lo acontecido, acto seguido, dirigiéndose hacia la zona de junta, mandó a llamar al capitán Schultz. El diablo odiaba que lo mandaran a llamar en.mitad de reunión sin embargo, él consideraba que esta situación era un caso importante que debería saber. —De puta madre Fritz, ¿Por qué me sacas en medio de la junta? —Lo siento capitán, tengo algo importante que decirle. —Me vale mierda lo importante, creo que puede esperar. —Si, puede esperar, pero usted hubiese querido saberlo. Ax lo miró con curiosidad. —Habla de una vez carajo. —El teniente Wolf estuvo a punto de asesinar a la hija del fallecido militar Hoffman. Mierda, no, Juno. —Juno...—su corazón se aceleró desproporcionadamente—.¿Esta bien? ¿qué pasó? ¿cómo? —Capitán, la hija del ex militar Hoffman se entrometió para salvar a una presa. El teniente la abofeteó y también le proporcionó un fuerte golpe. Personalmente la llevé a su casa. El diablo se encontraba boquiabierto con lo que le contaba Fritz. —Muy bien Fritz, esta bien habermelo informado. Apenas me desocupe iré a ver como está Juno. —Si capitán—Fritz hizo un gesto de reverencia hasta que el capitán se alejó. ### Encima de la mesa Juno observaba el dibujo de Aleja con lágrimas. Gracias por haberme inspirado. —Aleja... La puerta principal se abrió y la voz de un diablo furioso resonó por toda la casa. —¡Junoooo!—gritó, Miriam y Stella se horrorizaron ocultándose en su alcoba como gatitos silenciosos. La chica se levantó con los ojos, la nariz enrojecida y los labios rotos. Cuando Ax la vio percibió el golpe en sus labios. Sus ojos eran dos antorchas encendidas de fuego, en su nariz parecía brotar humo por la ira que recorría toda su piel. —¡Como pudiste arriesgar tu vida de esa manera!—gritó hecho una fiera. —¡Ellas era mis amigas!—replicó Juno. —¿Amigas? piensa en ti misma Juno, no seas imbecil. —No puedo ser egoísta, no soy así—empezó a llorar—.Las mataron, las enviaron a todas a las cámaras de gas. Son unos asesinos. —¡Basta Juno, basta, ya cállate de una puta vez. —¡Ellas tenía sueños, eran personas! tú ordenaste su ejecución. —¿Que? no tengo nada que ver con eso. —¿Por que me sacaron de esa barraca? ¿lo sabías o no Ax?—la joven se acercó a él—. Mírame a los ojos y dime si lo sabías o no—Ax evitó el contacto visual—. ¡Mírame! —¡Siiiii!, si lo sabia... ¿contenta?. Te saqué de ahí, y aún así te comportas como una malagradecida Las lágrimas abordaban las mejillas de Juno. —¿Malagradecida? se supone que debo agradecerte cuando tú eres el que has vuelto mi vida un infierno. Tú debiste morir, tú y no ellas. —¡Callate Juno!—gruñó como un leon. —¡Eres un monstruo!—Ax tomó a la chica con violencia en las mejillas pegándola contra la pared. —Callate de una puta vez. —Te odio Ax, te detesto. Te odio con toda mi alma. Has arruinado mi vida, eres lo peor que me ha pasado, no sabes como te odio. —¡Calla Juno, calla!—exclamó dolido. —Me das asco. El capitán la acercó a su rostro mirándola a los ojos. —Desaparece de mi vista ahora mismo Juno —la soltó para darse vuelta—. ¡Largate! La muchacha salió corriendo encerrándose en el cuarto que primero había tenido antes de pasarse a dormir con el diablo. Echa un mar de lágrimas, se sentó en la cama con el corazón desbocado. No podía sentir nada por el diablo, solo odio, asco por aquel ser que la había hecho sufrir tanto. —¡Te odio, te odio!—siguió llorando con fuerza. Al mismo instante, Ax encerrado en su alcoba, golpeó la pared una y otra vez con el corazón echo pedazos, Te odio, te detesto, te odio con toda mi alma. —Maldita sea... Se sentó en la cama con las lágrimas al borde de sus pecosas mejillas. Ax, los hombres no lloran. Recordó la voz de su padre cuando su madre lo abandonó en esa tienda con tan solo cinco años. Hijo, quédate aquí, ahora vuelvo. Su madre biológica nunca regresó. Lo dejó solo, y en la calle. Ax dejó salir las lágrimas sintiendo lo salada de la misma. Yacía mucho tiempo que no lloraba de esa manera, nada ni nadie le había provocado tanta tristeza como Juno. ¿por qué? ¿por que las palabras de esa judía le dolía en su pecho, le lastimaba tanto en su alma?. Sentía como si una bala hubiese ido directo a su corazón quebrandolo en mil pedazos. ¿Que le había hecho esa judía?. Ax sabia que ella estaba a su lado para sobrevivir, no tenía que dolerle sus palabras, ni dejar que le afectara, sin embargo, no podía controlar el suplicio de aquellos ojos que lo miraban con desprecios. Juno sería el principio de su fin. Porque sin quererlo, y aún sin aceptarlo, el diablo se había enamorado de aquel Ángel de Luz. Ax amaba a Juno con todo su corazón, con cada centímetro de su piel, con todas las fuerzas que tenía. La amaba tanto que no podía soportar su desprecio, su lejanía, sus acusaciones.El amor lo estaba doblegando, aunque él aún no aceptara que esa tristeza, que esas lágrimas, ese dolor, ese deseo de tener a Juno para siempre con él era solo amor. ### A la mañana siguiente, con los ojos enrojecidos e hinchados por no poder dormir, Ax se aproxima a las cámaras de gas, a las barracas y al lugar que el Ángel de la muerte seleccionaba a la izquierda o a la derecha a los que llegaban en el tren. De madrugada había llegado un tren con judíos, gitanos, con franceses, ucranianos, de Checoslovaquia, de Hungria, y algunos de Alemania que estaban en desacuerdo con Hitler o ocultaban a algún judío en su casa. La fila era larga cuando pasaban por el Ángel de la muerte que seleccionaba como si fuera un dios. Él tenía el poder de elegir quien sobrevivía y quien no. Luego, los de la derecha pasaban a ser tatuados mientras que los otros iban directo a la cámara de gas y a los hornos. Fue ahí cuando Ax la vio. Estaba vestida con largo y hermoso vestido de raya. Su pelo n***o estaba envuelto en una coleta alta. Las pecas en sus mejillas eran similares a la de él. Su rostro no estaba tan arrugado, pero esa señora Berlinesa que caminaba cojeando ya era mayor y defectuosa como ellos la llamaban. Hijo, espérame aquí... ¡Mamá! Ax sintió un nudo en la garganta al ver a su madre llegar a Auschwitz. Revisó con desespero la lista con los nombres hasta que la consiguió: Anna Weber, es llevada a Auschwitz por esconder judíos en su casa. Los ojos se le aguaron, más apretó sus puños para no llorar al ver a la mujer que lo abandonó cuando tenía cinco años. La volvió a mirar en la formación aferrándose a un medallón que calgaba en el cuello. Ahora, era su turno. El corazón se le encogió cuando el Ángel de la muerte la condenó a la izquierda, a donde moriría en las cámaras de gas. Tenia que alejarse o se delataria frente a todos. ☆☆☆ Leo sus comentarios mis amores. Les dejo este capitulo de amor y odio.
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