Agatha

2515 Words
Juno se encontraba en la cocina con Stella y Miriam, olía a pasta con carne, la comida favorita del capitán. Estaba haciendo frío dentro de la misma casa, el crudo invierno era desgarrador para todos, y más a los que no eran privilegiados. La chica recordó el invierno pasado, cuando el tren se detuvo, el frío que le recorrió las mejillas al llegar a Auschwitz, a su hermano con la cara de asombro y la expresión de miedo en sus ojos. —Juno, este lugar no es bueno para una señorita como tú. Escúchame, querrán aprovecharse de ti, matarte, dejarte morir de hambre, pero sobre todo—le tomó la cruz que tenía del cuello—. Aférrate a esa cruz. Piensa en ti misma, en sobrevivir La incertidumbre de saber lo que era ser seleccionados en izquierda o derecha. El nazi que le disparó al hombre detrás de su hermano. El terror de conocer al diablo.Yacía ya un año de todo esos acontecimientos, y ahora estaba bajo el mismo techo con el hombre que le había provocado tanto dolor. Se trataba de convencer a sí misma que por un plato de comida en Auschwitz se hacía lo inimaginables, reprendiendo todo sentimiento que pueda involucrarla con el diablo. Aveces, cuando pensaba mucho en él, recapitulaba las escenas más desastroza de su estadía en aquel infierno para odiarlo. Cuando empieza a extraña sus besos, caricias, o tenerlo cerca, se convencía de que lo hacía por supervivencia. El fusilamiento de su padre, la muerte de su madre era uno de los recuerdos que más odio le provocaba. Por lo menos, tenía la esperanza de que su hermano estaba vivo en alguna parte de Auschwitz y debía seguir fingiendo por amor a él, para que el diablo lo protegiera de todos esos esbirros del infierno. —¿Estas bien Juno?—preguntó Miriam, sentándose en la mesa con ella. Stella se incorporó. —Si, solo que... estaba pensando que ya llevo un año en este lugar—musitó triste. Miriam se rió. —Yo llevó 3 años. Llegué en 1941, cuando los nazis tomaron Varsovia—suspiró echándose hacia atrás, como si se perdiera en un recuerdo triste y hermoso al mismo tiempo—.Esa noche acosté a mi niña en su camita con un beso acostumbrado; luego, corrí a los brazos de mi esposo—volvió a suspirar—.Esa noche hicimos el amor—Stella hizo una mueca de desagrado. Su madre continuó—.Nos abrazamos hasta dormirnos cuando bombardearon, después, todo fue caos, gritos, disparos, muerte, destrucción. Ese día siempre será el peor recuerdo de mi vida Juno, porque perdí al hombre que amaba con toda mi alma. —¡Lo siento Miriam!—le dió una mirada consdecendiente. Miriam respiró hondo, le dolía aún pensar en aquel día que los alemanes tomaron su casa, su nación, su vida. Ellos llegaron como un huracán haciendo estragos a todo lo que estaba en paz. —Luego, nos trajeron aquí. Estábamos en las barracas hasta que el diablo me ofreció quedarme aquí con mi hija. Supongo que tuve suerte, otras no tuvieron la misma oportunidad que yo. —Por eso tenemos que sobrevivir Miriam, Stella se merece un mundo fuera de Auschwitz. —Esa es mi esperanza Juno. La puerta principal de la casa sonó, eso significaba que el diablo había llegado. Todas se levantaron corriendo. Miriam se apresuró a servir la cena, Juno se quedó parada acomodándose el vestido y Stella se fue a su habitación como de costumbre. El capitán lo primero que hizo fue conducirse a la cocina, se notaba serio, como si hubiese tenido un mal día. En silencio, se incorporó a su lado mientras comían, sus ojos negros se desviaron ante el perfil de ese capitán de pupilas hermosas, nariz perfilada, pecas en sus mejillas. Recapituló ese día que por primera vez lo vió bajo la lluvia. Sus ojos azulados claros, su pelo mojado, su mirada retadora, su sonrisa, sus dos hoyuelos. El capitán se dió cuenta de que la muchacha lo miraba, haciéndolo sonrojar. —¡Juno!—dijo, limpiándose la boca con una servilleta. La chica fingió comer avergonzada. Ax miró a la polaca haciéndole seña para que esta se marchara. Miriam obedeció en total silencio. Cuando estuvieron solos en la mesa, Ax la tomó de las manos, sintiendo lo heladas que estaban. —¿Tienes frío? La judía asintió. —Te extrañé Juno, bésame—le dió un beso corto, pegando su nariz con la de ella—.Siempre pienso en ti. La muchacha lo vio confundida hasta darse cuenta de la mancha labial de su camisa blanca. —¿Estuviste con otra mujer?—arrugó sus cejas fijándose bien en aquel manchón rojo. El diablo la miró desconcertado, ¿cómo podía saberlo? Estoy mojadita para ti, follame, follame mi diablo. —¡¿Que, no?! —Tienes labial en tu camisa, en tu cuello—un destello de decepción cruzó por los ojos de la joven—.Se ve que me extrañaste mucho—se alzó de la mesa caminando rumbo a la habitación que tenía desde un principio antes de quedarse a dormir en la alcoba del diablo. —Juno, por favor—se apresuró en detenerla tomándola del brazo—.Estas exagerando. —¿Exagerando?... haces el amor con otras mujeres y estoy exagerando ¿eh? Ax bufó. —Okey, no pasó nada ¿sí?, ella me buscó, quería que me la follara pero no pude. —Si claro, ese labial llegó solo a tu cuello. —¡Juno!-resopló—.Me encanta que estés celosa, pero te digo la verdad, no sucedió nada. —¡Sueltame Ax, deja de mentir! además, no estoy celosa. Me vale lo que hagas con tu vida, si quieres acostarte con todo Auschwitz completo, hazlo, no me importa—caminó lo más rápido que pudo encerrándose en la habitación. El diablo giró el pomo más no pudo abrir la puerta. —Juno, no hagas esto. Tenemos un trato— dijo tocando la puerta para que la joven le abriera, no obstante, no ocurrió. —Claro que tenemos un trato, la cual no incluía que estuvieras con otras mujeres. Ax resopló. —Juno, no pasó nada, no puedo follar a otra mujer cuando constantemente tú estas en mis pensamientos—bufó—.Deja de comportarte como una niña malcriada y hablemos como dos adultos civilizados. No hubo respuesta. No escucharla lo desesperaba. —Juno por favor, es hora de madurar, abre la puerta o la romperé. —Claro, es lo tuyo, tomas todo lo que quieres con violencia—la escuchó del otro lado con un tono arisco. —Por favor, abre, hablemos. —Dejame Ax por favor, quiero estar sola. El capitán suspiró tratando de controlar el mal humor que Juno le había provocado. Dejó de tocar para encerrarse en su habitación lanzando la puerta de tal manera que hizo sentir su enojo. Caminó a todos lados buscando la manera de calmarse hasta conducirse al baño y así mirarse en el espejo la mancha labial. Suspiró. Juno lo sacaba de quicio, sin embargo, le encantaban sus celos, que significaba: ¿algo más que sexo? ¿sentimientos?, el capitán como un tonto sonrió para sí mismo, cada día se convencía de que la muchacha se estaba acercando más a él. Sin tanto preámbulo, se duchó, se puso una camisa blanca con unos pantalones azules para dormir. Se cobijó para protegerse del frío, no obstante, percibió la cama tan grande al no hallar el cuerpo de Juno a su lado. Durante la noche se movió un par de veces, no lograba conciliar el sueño, se había acostumbrado a no dormir solo. Ax pensó en Juno por un buen rato. En su cuerpo, sus senos, sus labios, y alguno más que otro momento donde estaban juntos. Ella se había metido tanto en su piel que la misma se helaba al no tenerla cerca, en su mente. Su recuerdo era tan persistente que había considerado que Juno era parte de él, así como la ideología Hitleriana. No pudo dormir, tuvo que levantarse para enfrentarse a la oscuridad de una casa, una cocina, hasta sorprenderse al ver a Juno parada en la ventana mirando la neblina de afuera. —¡Tampoco puedes dormir!—ella se limitó a mirarlo, —No—respondió cortante. El diablo bufó acercándose a la muchacha. —El invierno es hermoso y a la misma vez cruel—dijo, mirando la nieve de afuera. —En invierno llegué a este lugar, fue la última vez que vi a mi hermano—Ax percibió la tristeza del tono de su voz. —Tú hermano en estos momento está bien— quiso consolarla, Ax sabía que el punto débil de Juno era su hermano. La chica lo miró —¿Seguro?—sus ojos se llenaron de lágrimas. —No llores, todo está bien. —No, nada está bien. El capitán la observó con cautela, tratando de descifrar que pasaba por su cabeza, si esas lágrimas se trataba por su hermano, o por otra cosa. —Juno—secó las lágrimas de sus mejillas—. Tú hermano está bien, tranquila. ¿Es eso lo que te tiene triste? La chica soltó otra lágrima. Realmente la tenía triste era la confusión que se enfrentaba con su mente y corazón. Ambos no estaban de acuerdo, ni en sintonía. No tenía paz al saber que la razón le gritaba que Ax era prohibido, que era un monstruo y un vil asesino. Sin embargo, su corazón lo estaba comenzando a querer, le dolía que se acostara con otra mujer, en el fondo se sentía traicionada por el mismo. Eso me pasa por confiar en un esbirro. —Si, es por eso—mintió, bajando la mirada para no ser descubierta de sus sentimientos. El diablo le alzó el rostro para atraparla con sus bellos ojos. —¿Segura Juno? no te creo. La muchacha le dió un manotazo, más este la tomó por sus mejillas para mantener el contacto visual. —Ax por favor—suplicó en lágrimas. —¿Que pasa Juno? dime la verdad. —Dejame, quiero regresar a mi habitación— trató de liberarse de su agarre más no pudo, el diablo siempre era más fuerte que ella. —No Juno, no vez que no puedo dormir sin ti. ¿Acaso no lo entiendes? te necesito. La chica no dijo nada. —Por favor, duerme conmigo. La cama se siente fría y vacía sin ti. —Ax por favor, no me obligues. —Tenemos un trato, cumple con tu parte. Las lágrimas rebosaban sus mejillas sin parar, por un momento pensó que su corazón no lateria más, no podía respirar, al lado de Ax no podía hacerlo con normalidad. Él la envolvía en esos brazos fuertes brindándole protección. La besaba con tanta pasión que la hacía sentir deseada, la miraba de una forma extraña que a momento pensaba que esté se había enamorado. Era peligroso estar en las garras del diablo, porque lentamente vas cayendo en un hoyo hirviendo hasta quemarte entera y convertirte en cenizas. Esa noche Ax la pegó contra él abrazandola, besando su frente, percibiendo el calor que emanaba el cuerpo de Juno. En la oscuridad de su cuarto se sinceró. —No pasó nada Juno, quiero que lo sepas. Antes de ti era un desastre viviente, pero desde que tu llegaste has sido un Ángel para mi. Alumbras mi camino, me guías en medio de la oscuridad, eres mi puerta a la salvación. Contigo me siento diferente, no sé, sonará tonto lo que digo... pero a tu lado siento que soy fuerte, que me quieres. Juno no dijo nada, guardó silencio ante sus palabras. —Eres mi Ángel de Luz Juno, no podría follarme a otra mujer que no fueras tú. Mi cuerpo te conoce, mis manos desean tocarte es a ti. La muchacha acomodó su torso para acariciarle el rostro al capitán. —¿De verdad no pasó nada? Ax asintió. Esta vez Juno besó sus labios mientras que el capitán le correspondía gustoso por aquella acción. Sus manos se aferraron a su carne desnuda al mismo tiempo que le hacía el amor en medio de la inmensa oscuridad que desprendía ese cuarto que era testigo de muchas noches de pasión entre ambos. Desnudos y abrazados amanecieron. El sol estaba saliendo, no obstante, el frío todavía era evidente. El capitán se despertó primero, le dió un beso en la frente a su Ángel de luz para luego desayunar y cumplir con sus deberes. Al rato, Juno despertó con frío. Se vistió mientras se sentaba a la mesa junto a Stella y Miriam. —¿Que frío?—se acarició los brazos. —Si, afuera está haciendo un poco de sol. Juno se aproximó a la ventana y sonrió al ver que por lo menos las personas cautivas se regocijaban al calentarse un poco. —Desde que llegué no salgo, quiero calentarme un poco. —Tenga cuidado—advirtió Miriam. La chica asintió, dirigiéndose a la alcoba para vestirse con el traje de raya. Si vas a salir usa el uniforme de raya para evitar...evitar problemas. Ese uniforme le hacía recordar a Mara, ya tenía mucho tiempo que no la veía, ni sabía nada de su existencia. ¿Como seguiría de su pierna?. Ese sería su propósito, buscar a Mara. Caminando por la nieve, Juno observó a los hombres de rayas trabajar, cansados, demasiado delgados. Por un momento se vió a ella misma cargando rocas pesadas, con hambre, con sed y a punto de desmayarse en varias ocasiones.Siguió, hasta encontrar la barraca donde solía quedarse hace un tiempo atrás, antes de aceptar el trato con el diablo. No había nadie, se encontraba vacío. Arrugó las cejas pensativa. ¿A dónde pondrían estar? ¿será que se las llevaron a otro lugar?. Juno siguió buscando en las otras barracas hasta a la distancia ver a una mujer que le pareció conocida. Agatha... Un soldado la golpeaba mientras ella suplicaba en el suelo con lágrimas. —¡Muerete asquerosa perra!—cuando disparó, Juno le apartó la mano de su destino pegando la bala cerca de Agatha. La mujer extremadamente delgada, con ojeras, pálida, con su cabello rojo empezandole a salir se quedó atónita. —¡Juno!—apenas pudo decir envuelta en lágrimas. —¡Zorra de mierda, hija de puta!—tomó a Juno por los cabellos abofeteandola con fuerza. La sangre de sus labios cubrieron rápidamente toda su boca. —¿Acaso que te crees pedazo de mierda?—le dió una patada en el estómago dejando a la chica doblada y revolcándose del dolor. Agatha se pegó de su pies para morderlo con las pocas fuerzas que le quedaban —Asssh, asquerosa de mierda. Quita tus sucios dientes—la golpeó con la culata del arma, para dejarla con la cabeza ensangrentada. —Hoy mataré a dos zorras de una sola vez— apuntó primero a Juno–. Despídete judía asquerosa. ☆☆☆☆ Leo sus comentarios.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD