Narra Paula Intento no temblar ante el hambre cruda que se refleja en los ojos de Bastian. Trago saliva y aparto la mirada de él para evaluar la deliciosa comida que está en la mesa y que llega hasta mi nariz. Parece como si me hubieran invitado a un banquete en lugar de a una cena. Puedo decir que será una comida de tres platos y no puedo evitar preguntarme si necesitaré contratar a un entrenador personal después de esto. Miro a Bastian, cuyos ojos recorren lentamente mi rostro; ese hambre desenfrenada que había presenciado al principio ahora parece más contenida. —Me alegro mucho de que haya venido —dice Carli con una gran sonrisa. Le doy una amplia sonrisa que coincide con la de ella. —Tuve la suerte de que me invitaran —digo, mirando de reojo a Bastian, cuyos ojos se mueven lenta

