**** Nahara****
Después de confirmar que el lugar estaba vacío, Nahara se quitó la capucha. El loby era pequeño y poco iluminado, estaba todo cubierto por alfombras rojas de diferentes tonos, las paredes eran rojas y el techo también. La débil luz amarilla proveniente de una lámpara colgada en el techo, daba un aspecto lúgubre y misterioso, se sentía como estar en alguna caverna, una bien decorada, contaba con un sofá de terciopelo rojo, un par de butacas individuales a juego y una mesilla rectangular con base de madera y tope de vidrio, detrás de aquel pequeño espacio que emulaba la sala de una casa de muñecas, estaba la recepción, un pequeño mesón con nada más encima que una campanilla dorada, Nahara dio unos pasos tímidos hasta quedar justo frente al mesón, golpeó la campanilla un par de veces.
-Señortia Viviam -la mujer de cabello cano y ojos achinados hablaba en secreto, con susurros, Nahara agradecía que fuese así, aunque su nombre real jamás era mencionado. En aquel lugar era Viviam, Viviam a secas, sin apellidos y sin títulos -no tengo una reserva para usted hoy -el tono de la mujer era neutro, pero algo en sus susurros denotaba nervios, Nahara ató cabos.
-El señor Williams ha hecho la reserva -susurró Nahara -como siempre -agregó, la mujer no se inmutó, se dio media vuelta y en un segundo le mostró un cuaderno abierto.
-La habitación seis cero dos ha sido reservada por un tal Smith- aseguró señalando el nombre con el dedo índice, su voz casi dejaba de ser un susurro - ha hecho la reservación justo hoy
¿Smith? ¿Smith? ¿sería otro alias usado por Devon? la habitación seis cero dos tenía un significado especial para Nahara y Devon; seis del mes dos, ese día se conocieron y la primera vez que estuvieron en em Midelton, al ver ese número en la llave, Devon le aseguró que no podía ser casualidad, tenía que ser un presagio de que su amor duraría para siempre, había sugerido usar solo esa habitación para sus encuentros, era como una especie de amuleto, demostrar su amor en la habitación seis cero dos del Midelton, se había vuelto un ritual.
-¿Está segura de que el señor Williams no ha hecho alguna reserva para hoy? ¿tal vez en otra habitación? me ha dicho que viniera hoy y...
-sabe que no puedo darle esa información -la mujer miró a su alrededor -pero le sugiero que se marche, no hay ninguna reserva para usted hoy
-Entonces...-a Nahara se le quebró la voz, sentía la piel de su rostro hervir, ¿por miedo, ira, dolor o todo eso junto? no lo tenía claro -quiero la habitación seis cero tres -susurró. la mujer negó con la cabeza, pero le dio la llave
-¿A nombre de?
-Nahara -dijo levantando la voz - Nahara Edri
-Buenas noches -Nahara sintió miedo de aquella voz desconocida, con una mano apretó la llave contra su pecho y con la otra cubrió su cabeza con la capucha.
-Buenas noches Doctor - la voz de la recepcionista parecía alegre -El bloque uno estaba repleto, pero le he reservado la mejor habitación del bloque seis -Nahara se sintió tentada a girarse y ver el rostro del individuo que había causado aquel efecto de repentina amabilidad, pero hizo lo contrario; aceleró el paso, aquella conversación no le interesaba en absoluto.
Lo único que quería en aquel momento era llegar a la habitación seis cero dos y asegurarse de que todo había sido una confusión, Devon no estaría ahí con otra mujer, la estaría esperando a ella y todo sería un mal entendido, se sentiría como una idiota por sus dudas, jamás le mencionaría el asunto a Devon y cargaría aquella culpa en silencio de por vida.
El hotel contaba con seis bloques, Nahara solo conocía el bloque seis, para llegar ahí, tenía que salir de la recepción por una puerta trasera, el aire frio de la noche la golpeó en el rostro en cuanto salió, la luz de la luna clareaba el camino lo suficiente, atravesó el jardín que había atravesado tantas veces de la mano de su amado Devon. Miró hacia el cielo conteniendo una plegaria entre sus labios "tengo que estar equivocada, por favor, que esté equivocada" el cielo le respondió con un trueno, Nahara no se inmutó, no le tenía miedo al tipo de cosas que harían gritar a cualquier dama noble, notó que las nubes estaban negras y el aire, cargado de un peculiar olor a lluvia, como si una tormenta estuviese a punto de caerle encima. Cerró los ojos esperando sentir las primeras gotas en su rostro, pero escuchó pasos. Se sujetó las faldas y corrió. Llegó al bloque seis agitada, caminó por el pasillo mirando el número en cada habitación; seis cero uno, seis cero dos... la puerta estaba abierta. Nahara entró.
La habitación lucía diferente. el piso estaba cubierto por pétalos de rosas, desde la entrada hasta la cama.
-¿¡Devon!? -gritó con la voz quebrada
-Ya salgo cariño -la voz de Devon venía del baño. Nahara miró a su alrededor, en una mesa había un ramo de rosas gigante, en otra mesa, una línea de exquisitos platillos, canastas con fruta, cajas de chocolate, por un segundo pensó que todo aquello era por su nuevo trabajo, Devon se había esmerado mucho, debía estar muy orgulloso de ella. Pero en el fondo, una pequeña sospecha seguía latente, sus noches en el Mideltong nunca fueron así, y un nuevo empleo no eran motivo para tanto romanticismo. Las lágrimas se asomaron en sus ojos, pero ella las limpió antes de derramarlas. Notó una tarjeta en el ramo de flores, la cogió de inmediato y la leyó:
" Para: J.S
De: D. K
Este ramo viene acompañado de mi corazón.
Acéptalos ambos y permanece en mi vida por siempre"
Reconocía las iniciales D.K Devon Kresler, por supuesto, pero ¿J.S? ¿quien demonios era J.S? la respuesta le llegó de inmediato, la puerta del baño se abrió.
-Jane, cariño -dijo Devon a espaldas de Nahara.
-¡¿Jane?! -Nahara se dio la vuelta, Davon no llevaba más que una toalla envolviéndole desde la cintura, sus ojos se abrieron hasta parecer dos huevos hervidos y el color abandonó sus rostro, estaba pálido como un c*****r.
-¿Nahara? -fue lo único que alcanzó a decir
-Sí, Nahara -afirmó ella- es evidente que no esperabas verme.
-No -respondió Devon - es decir, no tan temprano, yo, esperaba que vinieras más tarde y...
-Ólvidalo, Davon, no soy idiota, esperabas a otra mujer, la tarjeta en su mano se había vuelto un pedazo arrugado de papel, lo aventó al rostro de Devon -esperabas a J.S, las lágrimas empapaban el rostro de Nahara y eso le provocaba rabia, no quería que Davon la viera así, vulnerable, muriendo de tristeza por él, no quería darle ese gusto ni a él ni a nadie.
-Nahara, tienes que entenderlo.
-¿¡ENTENDER QUÉ?! -gritó, en ese momento no podía hablar como una dama recatada, solo podía gritar -¿¡ENTENDER QUÉ!? ¡MALDITA SEA, DEVON! ¡¿ENTENDER QUÉ?!
-Que la pasamos bien y fue bonito estar contigo- le dijo con ternura -pero necesito a mi lado a alguien de mi nivel -aquellas palabras destrozaron algo dentro de Nahara, sus labios temblaban de forma involuntaria, sus ojos estaban nublados de lágrimas y su estómago, estaba a punto de estallar, sintió arcadas y sin saber por qué empezó a vomitar. ¡Perfecto! pensó, además de todo ahora se sentiría avergonzada por vomitar en un momento así. Salió corriendo, al salir de la habitación estaba desorientada, no sabía si ir a la izquierda o a la derecha, pero no se detuvo, solo siguió.
-Nahara, no hagas un espectáculo -escuchó decir a Devon a sus espaldas -NAHARA, VUELVE AQUÍ EN ESETE MOMENTO ¡MIERDA! ¡NAHARA!
Nahara se encontró con el final del pasillo, frente a ella, un muro cubierto con papel tapiz rojo y decorado con una lámpara dorada y detrás de ella, Devon, hecho un furia.
-¡Jódete, Devon! -le dijo
-Quiero que te vayas de aquí en silencio y que olvides que tuviste algo que ver conmigo.
-Todos en la ciudad sabrá lo que eres, me aseguraré de que todos se enteren
-¡MALDITA PUTA! -gritó Devon acercándose a ella, desconocía a ese hombre, él no era su Devon. Una puerta se abrió y Nahara no dudó en entrar, empujó al hombre que estaba a punto de salir y cerró la puerta.
-Señorita, se ha equivocado de habitación
-No lo creo -aseguró Nahara -esta es mi habitación -sabía que no lo era, pero tenía que hacer tiempo, no podía salir de ahí hasta que Devon se fuera.
-Oh, no, claro que no, si vamos ahora a la recepción, verá que la habitación ha sido reservada para Cristhian Willoghby. Habitación dos cero nueve -dijo mostrando el número en el llavero.
-¡No! no es necesario, me he equivocado, me iré -aseguró Nahara, pero sentía que no podía mantenerse en pie un segundo más, el mundo daba vueltas, el estómago le ardía, se tambaleó y se sujetó del desconocido, y entonces, todo se oscureció.