Después de dejar mi regalo en la mesa revise cada una de las habitaciones, de vez en cuando tuve que calmar a algún pequeño hasta que fui a la última, son diez habitaciones en cada una de ellas son seis niños ya que por ahora nos hacemos cargo solo de sesenta niños, había unos cuantos más pero por suerte consiguieron hermosas familias. Al entrar en la habitación de los pequeños me acerque a cada uno revisando que estuvieran dormidos, sonreí al ver a Katrina abrazando el pequeño conejo que le regale desde que la trajeron aquí, lamentablemente su madre murió en el parto, así que han pasado su corta vida aquí, pero eso no impide que estén creciendo felices.
Unos murmullos se escucharon en el pasillo mientras acomodaba la manta de Trevor, me aleje sin hacer ruido colocándome detrás de la puerta la cual se abrió solo segundos después. Rogué internamente que se fuera rápido el jefazo cómo lo llama Zamara y así fue, por suerte se fue casi de inmediato, salí de mi escondite acercándome a ella sin hacer ruido.
-¿Se fue? –murmure atrás de ella haciéndola soltar un pequeño grito y me miro asustada.
-¡Asterine! Por dios…casi haces que me dé un infarto. –reprochó llevando su mano a su pecho tratando de regular su respiración. –no eres una pequeña cómo para esconderte de una persona, más si trabajas para él.
-Lo sé…pero sabes lo que pasa cada que una persona me conoce, no quiero que el jefazo me interrogue o se dé cuenta que soy la periodista fracasada que fue despedida por hacer el ridículo en televisión internacional. –bufe cerrando la puerta tras de mí y ambas caminamos por el pasillo.
-Aster…eso fue hace años, de seguro ya nadie te recuerda por ese mal momento. –la mire levantando una ceja. –bueno…ese horrible momento pero ese no es el punto, debes de dejarlo ir…es pasado, enfócate en tu presente y construye tu futuro poco a poco.
-¿Segura que nadie? cada que alguien me ve se encarga de restregarmelo en la cara, sus burlas ya me tienen harta. –al llegar a mi escritorio tomé mi celular haciendo una mueca al ver varias llamadas perdidas de Giselle. –no por nada estoy aquí en Alemania y trabajando en este lugar.
-Lo sé pero es un nuevo comienzo… ¿Dejaste afuera el libro? –frunzo mi ceño al escuchar la pregunta de Zamara y la miro negando despacio. –está afuera de la bolsa… ¡oh por dios! Alguien lo firmo y dejó está nota.
-¿De qué hablas? A ver… –lo tomé mirando la primera hoja del libro abriendo mi boca. –no puede ser…. ¿No estaba así? No, recuerdo que no estaba así…dios ¿Quién lo firmo? es su letra fue ¡él o ella! Eso quiere decir que está aquí… ¡agh! Perdí la oportunidad de saber quién es.
-Yo creo que todavía no, cuando venía hacia acá, el jefazo estaba hablando con un chico de veinticinco años o algo así, no pasaba de los treinta, se quedó aquí solo, es él, estoy segura. –dijo tomando el libro. –aunque su letra es algo…extraña ¿qué dice?
-La nota dice “me interesa tu opinión sobre mi libro, estaré esperando con anisas tu respuesta” también viene un correo, supongo que es para que le mande eso y en el libro está escrito “tienes la capacidad de hacer lo que sea, con esta bella y loca coincidencia de estar en esta tierra, la vida es muy corta disfruta, vive como desees porque al final del día solo se vive una vez y no habrá marcha atrás.” y una firma extraña.
-Oh…bueno en eso tiene razón, la vida es muy corta para desperdiciarla. –asentí despacio ante las palabras de Zamara. –y es más corte el tiempo que tenemos para ir a ayudar a la señora Leyna.
-Cierto, nos va a matar por dejarla sola además quiero que me digas quien era el chico que estaba aquí…muero por saber si es él o no. –deje el libro dentro de la bolsa y al escuchar mi celular sonar frunzo mi ceño. –dame un momento Zamara. –al contestar la voz de Giselle casi me rompe mi tímpano. –hey... ¿Qué pasó? ¿Por qué estás tan alterada?
-Por fin contestas Asterine, no sé por dónde empezar…cuando fui a recoger a los chicos Edwin no estaba, lo esperamos por más de dos horas y nunca apreció, tuve que ir a buscarlo a la universidad pero no había nadie, tuve que regresar al apartamento para dejar a los niños. –su voz se escuchaba agitada y algo de viento. –estoy dando algunas vueltas en el auto para buscarlo.
-Ya es muy tarde para que esté afuera, él no se comporta así…tengo un mal presentimiento ¿Crees que puedas pasar por mí para ir a buscarlo? –me respondió que tardaría diez minutos y colgué mirando a Zamara. – ¿Puedes por favor encargarte de todo? Te prometo que te regresare el favor
-Tranquila, yo hablo con la señora Leyna, vamos te acompaño, espero tu hermano esté bien. –le di las gracias mientras tomaba mis cosas y caminamos por el pasillo. –lástima que no podrás conocer al escritor.
-Eso es lo que menos me importa ahora, necesito encontrar a mi hermano y saber que está bien. –murmure tomando el paraguas de la entrada y frunzo mi ceño al ver la lluvia tan fuerte.
-Tal vez solo se quedó con sus amigos y se le complicó regresar por el clima. –susurró mirándome.
-No…él no es así, me avisaría con tiempo, todo es mi culpa por no poderle comprar un celular, es algo que se necesita para este tipo de emergencias. –moví mi pie impaciente mirando la hora en el reloj de la pared.
-No es tu culpa Aster, has tenido muchos gastos, a tu padre le pagan poco y no se diga a ti. –dijo abriendo la puerta con su llave y suspire abriendo el paraguas. –llámame si lo encuentran o si necesitas algo.
-Te mantendré al tanto, muchas gracias y de verdad pídele una disculpa a la señora Leyna. –al ver auto de Giselle estacionarse camine rápidamente al entrar guarde el paraguas y cerré la puerta. –hola… ¿Aún no sabes nada de mi hermano?
-Hola Aster, aún no se nada, llamé a tu padre mientras venía hacia acá pero me dijo que no ha llegado. –me coloqué el cinturón mientras ella conducía y mire por la ventana atentamente. –esperemos que esté resguardado en alguna tienda por la lluvia.
-Sí…sé que no debo ser negativa pero tengo un mal presentimiento. –suspire moviendo mi pie nerviosa. Recorrimos las calles cercanas a mi departamento ya que estábamos más cerca, me baje en algunas de los locales que se encontraban abiertos para preguntar si lo habían visto pero no. Seguimos buscando unos minutos más antes de ir hacia la universidad, la lluvia era cada vez más fuerte por lo que teníamos que ir despacio, al llegar bajé del auto frunciendo mi ceño al ver todo apagado. –yo lo buscaré en la universidad, tu ve a dar otra vuelta por favor. –cerré la puerta corriendo a la entrada golpeando el vidrió de la caseta en del guardia.
-Buenas noches señorita ¿Le puedo ayudar en algo? –me sobresalte al escuchar una voz cerca del barandal y le sonreí amablemente acercándome a él un poco. –disculpe el susto, estaba dando un recorrido.
-Hola señor, no se preocupe solo estaba buscando a mi hermano ¿no lo ha visto por aquí? Se llama Edwin Meyer, hoy tenía puesta una sudadera azul, pans negros y su mochila es café. –le dije tratando de ver dentro de la universidad pero no veía casi nada.
-No sabría quién es exactamente pero cómo le dije estaba haciendo el recorrido pero estoy solo desde que salieron. –mencionó sacando unas llaves y lo mire asintiendo despacio. –tal vez se fue con sus amigos porque salieron horas antes de clases debido al clima pero si gusta puede revisar, no se debería de angustiar por unas horas, los jóvenes así son.
-No sabía que iban a salir antes…gracias pero no es necesario, si dice que ya recorrió el lugar entonces me retiro, de verdad muchas gracias. –me aleje hasta la acera y cuando llegó Giselle me subí al auto. –el guardia dijo que no había nadie porque salieron antes, supongo que tampoco lo encontraste… ¿Puedes creer que me dijo exagerada? Bueno no con esas palabras pero lo insinuó.
-No, pero iremos por la parte de atrás de la universidad, tal vez fue hacia el centro comercial. –asentí mientras ella conducía yo trataba de ver por la ventana pero la lluvia no ayudaba para nada. –bueno en eso tiene razón, los jóvenes así son pero Edwin es más responsable que tú y yo juntas.
-Lo sé…no soy exagerada, mi hermano no es así por eso me preocupa. –un fuerte estruendo se escuchó y me sobresalte maldiciendo por lo bajo. –odio los malditos truenos. –al pasar por el parque fruncí mi ceño. – ¡Detén el auto Giselle! –baje de inmediato y corrí hacia unos chicos. – ¡Hey! ¡Suéltenlo! –en cuanto me escucharon se fueron corriendo y al acercarme al árbol solloce poniéndome de rodillas a lado de Edwin. –estarás bien…tranquilo. –tome mi celular rápidamente. -¡necesito una ambulancia! –al darles la dirección colgué de inmediato, Giselle se acercó cubriendo a mi hermano con el paraguas.