CAPÍTULO 1:
-Papá ya me tengo que ir, el desayuno está listo, solo despierta a mis hermanos ¿Sí? Giselle llegará en media hora para llevarlos a la escuela, no me da tiempo de llevarlos hoy. –bese la mejilla de mi padre antes de salir del departamento repasando en mi mente todo lo que había guardado en mi bolso, llaves del orfanato, libreta, carpetas, la lista de compras, dinero y es todo, siempre olvido algo pero está vez creo que no. Me acerque al taxi que me estaba esperando en la calle, al subir salude al señor James, él se encarga de llevarme a todos lados, es cómo mi abuelito.
Le pedí que me llevará al supermercado, ya que tengo que comprar todo para la bienvenida del señor Tom, se hará cargo ahora que su padre decidió retirarse o eso es lo que se, apenas hace medio año empecé a trabajar allí, lo he visto un par de veces desde la primera semana que llegue al orfanato Trautes Heim, Glück allein (Hogar dulce hogar) siendo sincera es un hombre bastante atractivo, algo serio con las personas pero muy amigable con los niños, he hecho hasta lo imposible para no tener que hablar con él…de cierta manera me intimida así que ni siquiera sabe de mi existencia y eso que soy la asistente de la directora.
Cuando llegamos le pedí que me esperará mientras bajaba del auto y al entrar al supermercado tome un carrito caminando directo a buscar todas esas cosas para la decoración. Revise la lista mientras dejaba las cosas en carrito, al tener todo lo necesario fui a la caja a pagar. Minutos después ya me encontraba en el auto rumbo al orfanato, solo espero que todo salga bien…no quiero que me despidan de esté empleo también, ya que la encargada Leyna es muy estricta más cuando el dueño está presente.
(…..)
La decoración en el gimnasio ya estaba lista después de largas horas de arreglar pero la señora Leyna me gritó a más no poder cada que algo no le gustaba, es una mujer hermosa, cabello castaño, nariz respingada, sus facciones son finas, labios rosados, gruesos, aunque su carácter hace que eso quede en segundo plano y quieras alejarte de ella lo más lejos posible…porque digo ¿Quién no ha tenido una jefa con carácter de perrito chihuahua? Esas cositas son una bola de nervios, estrés e ira acumulada pero en fin, su dulce y armoniosa voz se escuchó por todo el gimnasio cuando me gritó para que llevara a los pequeños que se escabulleron para ver al señor Tom, esos dos pequeños que no se despegan de él cuando viene, los mellizos Trevor y Katrina.
-Niños por favor, vamos a sus habitaciones, saben que hoy no pueden estar aquí. –tome la mano de los pequeños mientras caminaba a una de las salidas de atrás. –la señora Leyna los castigará. –para tener cinco años son unos pequeños muy traviesos e inteligentes.
-Pero Aster, Tom vendrá, no nos va a ver y quedemos pastel. –sonreí al escuchar a Trevor y lo mire. –les prometo que mañana les traeré pastel a todos ¿Sí? Hoy es una fiesta de adultos y en cuanto termine el señor Tom de seguro irá a verlos. –al llegar a sus habitaciones salude a Zamara, una de las cuidadoras.
-Hola Zamara, estos dos pequeños estaban ayudándome con la decoración pero ya terminamos, así que tienen que ir a dormir temprano. –les guiñe un ojo y me incline cuando Katrina me hizo una señal. – ¿Qué pasó pequeña? –ambos besaron mis mejillas para después entrar corriendo a su habitación.
-Esos niños te adoran. –mire a Zamara al escuchar lo que dijo. –lástima que compites contra el cariño del jefazo.
-Y yo a ellos. –reí ante su ocurrencia. –al jefazo no lo quiero ni cerca mucho menos pelear por el cariño de dos pequeños que no tienen por qué elegir.
-De acuerdo…pero adivina quién te consiguió el libro que querías. –ella levantó su mano moviendo una bolsa de regalo. –di que soy la mejor del mundo y es tuyo.
-¡Eres la mejor del mundo! ¡Gracias, gracias, gracias! –Tome la bolsa y saque el libro acariciando la portada con delicadeza– es hermoso…me encantaría conocer a quien está detrás de esto.
-Lástima que el escritor quiere mantenerse en el anonimato, creo que eso lo hace vender más, por la intriga ¿No crees? –me dijo tomando del brazo y caminamos por el pasillo.
-No lo creo, realmente es muy bueno además no sabemos si es una chica, una señora o un señor, no lo sé pero hace un trabajo increíble, eso no se discute. –mire hacia la ventana e hice una mueca. –está horrible el clima, ve a ver si necesitan ayuda, iré a dejar esto en mi escritorio y pasaré a darle una vuelta a los niños, llámame si necesitas algo. –camine por otro pasillo y al llegar a mi escritorio deje bolsa sobre la mesa para después ir al área de los dormitorios, con está lluvia de seguro los pequeños están inquietos.
(Narra Tom)
Las calles en Pridelft se veían algo oscurecidas por el clima y el transcurso del camino se volvía más cansado de lo que el viaje pudo haber sido, el barullo propenso en mis tímpanos, la aglomeración de la gente corriendo a los lugares más cercanos, el clima no era favorable para una correcta bienvenida, pero era por los niños o eso quería pensar.
-Sr. Hendriks, hemos llegado a su destino ¿gusta esperar? –Lo mire especulando, Hal podría saber conocerme, podría creer conocerme al ser mi chofer de tantos años, pero qué dirá de mí al tener un orfanato y preocuparme más por ensuciar mi fino y caro traje con la lluvia.
-No, bajaré enseguida. –la lluvia caía pesada, ardía aún cuando el traje me cubría. Culpa y remordimiento era lo que sentía al entrar a esté lugar, camine por el pasillo mirando cada detalle, mi padre se había encargado de que se vea más cómo un instituto que un orfanato, aunque las empleadas le dan ese toque hogareño y calidez. Hal abrió las puertas del gran gimnasio dejando a la vista a la encargada del orfanato, empleados, algunos que apoyan la causa de mi padre y una extraña decoración que dejaba muy claro que no había sido hecha por una profesional y menos con material de calidad pero no podía ponerme exigente en estos momentos.
-Señor Hendriks bienvenido, es un placer tenerlo de nuevo con nosotros y esperamos que está vez se quede más tiempo. –saludó la señora Leyna con demasiado entusiasmo, bastante fingido en mi opinión.
-El placer es todo mío, Leyna. –estreche su mano y bese ambas mejillas, procedí a saludar al resto de los presentes. Tome una de las copas de champagne de la mesa dirigiendo mi vista hacia ellos. –gracias por la bienvenida y por estar aquí a pesar del clima tan inoportuno, disfruten el resto de la noche ya habrá tiempo para hablar de negocios. –levante mi copa sonriendo y camine por el lugar bebiendo un poco, los estruendos se escuchaban a pesar de la música, lo más seguro es que los pequeños estén asustados así que me escabullí entre la gente caminando por el corredor hasta subir unas escaleras frunciendo mi ceño al llegar a la dirección…camino equivocado, estaba a punto de irme cuando una bolsa llamo mi atención ya que un libro estaba casi saliendo de ella, mire a ambos lados antes de tomarlo.
Bufe mirando a uno de los invitados acercarse así que rápidamente deje el libro en su lugar. –Buenas noches señor Hendriks, los invitados lo están buscando hace rato que desapareció y se preguntan si se encuentra bien. –el joven me miro curioso. – ¿se encuentra bien? ¿Necesita algo?
-Estoy bien, solo iba a ver a los niños pero tome un camino que no era. –mencione mirando a una chica de cabello n***o que se acercó a nosotros. -¿trabajas aquí, cierto? –ella asintió sonriendo sonrojada. –necesito ir a ver a los niños para asegurarme de que estén bien, en especial los mellizos Katrina y Trevor.
-Oh…bueno Asterine está con los pequeños, de seguro ella los calmará muy bien si es necesario pero si quiere ir con gusto lo llevo. –mencionó a lo que yo asentí caminando a su lado despidiéndome de aquel chico que se quedó apoyado en el escritorio.
-¿Esa tal Asterine trabaja aquí? –pregunte mirándola. –no había escuchado de ella por eso la pregunta.
-Sí, es la asistente de la directora, además de que de vez en cuando se encarga de los más pequeños cuando algún profesor no está disponible. –asentí escuchando atento y al llegar al aérea de las habitaciones ella abrió la puerta. –disculpa pero ¿Cuál es tu nombre?
-Me llamo Zamara Lewis, soy la encargada de que todos estos pequeños se vayan a bañar, comer y dormir, además de que soy voluntaria para darles algunas clases. –me dejó pasar primero cosa que agradecí y al ver a todos dormidos tranquilamente salí.
-Pensé que estarían inquietos pero cómo no es así volveré a la fiesta, con su permiso ¿Zamara? –soy malo para los nombres, pero al final del día ni siquiera volveré a tratar con ella. Camine de regreso al gimnasio pero al pasar por el escritorio el chico ya no estaba, supongo que también regreso a la fiesta tan divertida…