Habían pasado muchos años desde la peste, las finanzas en América se mantuvieron más estables que en Londres, pero sobretodo en la familia del vizconde con Amapola, la hija menor de Rosalie. Con el tiempo ésta dejó de tener vínculo alguno con los recuerdos de su familia, aunque los únicos bienes que le quedaron en Londres, como la casa del lord, la había vendido para mantener la de Rosalie. No era el mejor trato, ni eran del mismo valor económico. La mansión del lord era más grande y más lujosa, porque era más nueva. No había sentido alguno para el pueblo londinense que la joven eligiera mantener la casa en la que no había crecido. Y una vez terminada la cúspide de la peste, el matrimonio fue a Londres para la transacción y dejaron las berlinas de noche afuera, donde se quedaron ambos a
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