Bea estaba en el centro de su habitación, rodeada de maletas cuidadosamente organizadas. Cada prenda doblada representaba un paso hacia su libertad. Nadie sospechaba lo que estaba planeando. Nadie imaginaba que, apenas unas horas después de la boda de su hija Melany con Fernando, ella tomaría un avión rumbo a Alicante. Desde allí, viajaría a Murcia, donde esperaba su prima Daiana. La claridad llegó en una llamada inesperada. Una noche, su teléfono vibró: era Daiana. El mensaje era simple, solo quería saber cómo estaba. Bea respondió de inmediato y, sin darse cuenta, la conversación se extendió por más de tres horas. Hablaron del pasado, de sus familias, de momentos difíciles y de sueños no cumplidos. —¿Por qué no vienes a Murcia? —preguntó Daiana casi al final de la llamada—. Un cambio t

