El sol apenas comenzaba a asomarse por el horizonte cuando Bea sintió la calidez de los primeros rayos en su rostro. Parpadeó lentamente, aún atrapada entre el sueño y la vigilia. Fue entonces cuando lo sintió. Un papel arrugado en su mano derecha. Frunció el ceño, desorientada, y levantó el pequeño pedazo de papel para observarlo con más atención. Estaba doblado de forma desprolija, como si quien lo hubiera escrito hubiese dudado una y mil veces antes de entregarlo. Lo desplegó con cuidado, sintiendo un extraño cosquilleo en el pecho. Reconoció la letra de Ale de inmediato. Esa escritura inclinada, algo apretada, la que siempre usaba cuando estaba nervioso. Y, en la esquina, un pequeño corazón dibujado. Imperfecto… pero lleno de intención. Un nudo se formó en su garganta. Algo dent

