Mi Promesa de Amor La miro. Está ahí, frente a mí. Bea. Mi flaca. Mi amor. La mujer que me eligió una vez y que, con un poco de suerte… tal vez me elija otra vez. Siento el corazón galopando en el pecho, desbocado, como si quisiera salirse para llegar hasta ella primero. Mis manos tiemblan mientras sostengo esta pequeña cajita roja. Nunca pensé que volvería a estar en esta posición. Nunca. Pero aquí estoy. Nervioso como un adolescente, sin guión, sin discursos. Solo con ella frente a mí… y con el peso de todo lo que mi corazón quiere decirle. Respiro hondo. —Bea… —mi voz suena más temblorosa de lo que quisiera—. No sé ni por dónde empezar. Ella me mira. Y en esa mirada… está todo. Curiosa, dulce… y con esa chispa de picardía que siempre me desarma. —Pues empieza, Ale —dice, cru

