ANA El alma se me cae a los pies, mis piernas se mueven por inercia, porque yo no controlo ninguno de mis movimientos. No puedo respirar, perdí toda capacidad de hacerlo, el mundo da vueltas y yo soy la única que permanece en estado vegetativo. Mis ojos se llenan de lágrimas, no me detengo, corro por pasillos que no recuerdo haber visitado antes, ni siquiera sé en qué piso me encuentro, solo quiero escapar de Kabil, de Marcela, de lo que acabo de escuchar. El frío atraviesa mi pecho como mortal lanza invisible, una enfermera con la que me cruzo, trata de detenerme, me dice algo, sin embargo, su voz es inconexa, es lejana, no comprendo lo que dice, paso de largo, dejándola atrás, hasta que llego a las escaleras de emergencia, abro la puerta que rechina como en las películas de terror y m

