ANA —Ana. No me detengo, sigo caminando. —¡Carajo! Kabil me rodea la cintura y me eleva, deteniendo mi escape, le clavo las uñas en el brazo, cegada por los celos y por algo más que no puedo descifrar. —¡Suéltame! —bramo, removiéndome entre sus brazos. —No. Me arrastra hasta un rincón del club, maldito afán el suyo de hacerlo. Le doy un codazo pero ni así me deja en paz. —¡Mierda, Verly, quédate quieta! —me suelta, me gira y me acorrala contra la pared. La sombra del tejado hace que todo se vea más oscuro, presiona su cuerpo contra el mío, haciendo de él, un arma para inmovilizarme. —¿Qué quieres? ¿Por qué no vuelves con tu novia? —Algo en mi estómago se retuerce de manera extraña y dolorosa, al decir esa palabra. —Tú eres mi jodida novia, no sé de lo que hablas. —Sabes

