Capitulo 1: La desgracia
Bajo el manto gris del cielo nublado, Alex Richel permanecía inmóvil frente a las tumbas recién cavadas de su madre, padre y hermana. El frío viento susurraba un lamento silencioso mientras las lágrimas se confundían con las gotas de lluvia que caían sin piedad.
Con la mirada perdida en las lápidas, un torbellino de emociones consumía a Alex. El dolor de la pérdida se entrelazaban con la ira que bullía en su interior. Un suspiro agónico escapó de sus labios, resonando en el silencio del cementerio.
"—Juro ante sus almas que pagarán por lo que les hicieron. La sociedad secreta que les arrebató la vida enfrentará mi venganza. Nadie más conocerá el sufrimiento que ustedes soportaron", murmuró Alex con determinación, su voz temblorosa pero cargada de un feroz propósito.
En ese momento sombrío, juró ante las tumbas que la oscuridad que acechaba tras la pérdida de su familia no lo consumiría por completo. Se levantó con la determinación reflejada en sus ojos, jurando que cada paso que diera a partir de entonces sería un avance hacia la venganza que buscaría incansablemente. El camino hacia la justicia se forjaría en la fragua de su dolor, y la sociedad secreta pronto sentiría la furia de un alma rota decidida a restaurar el equilibrio.
Una semana atrás fue como comenzó todos el caos en la familia Richel y fue con la gran explosión.
La explosión resonó en la tranquila calle, convirtiendo la apacible casa de los Richel en un caos infernal. Escombros volaron por los aires mientras el fuego devoraba lo que una vez fue el hogar de la familia. Sin embargo, en medio de la destrucción, la familia Richel milagrosamente emergió de las llamas.
Marco, María y Mariel se arrojaron al suelo en el último instante, protegiendo a Alex entre sus brazos mientras la onda expansiva arrancaba puertas y ventanas. La confusión y el humo llenaban el aire, pero la familia se aferraba a la vida en un abrazo desesperado.
Con el rostro cubierto de hollín, Marco Richel se levantó, su mirada ardiente de determinación. Observó los restos humeantes de su hogar y supo que este acto atroz no era casualidad. Era un mensaje. Era personal.
La investigación comenzó en medio de las cenizas. Marco, un investigador privado retirado, sabía que esta tragedia estaba conectada con su pasado. Revisó minuciosamente los escombros, buscando pistas entre las ruinas de su vida anterior. Fue entonces que notó algo inusual: su carro, en el garage, aparentemente ileso.
Intrigado, se acercó con precaución. Al abrir la puerta del conductor, un escalofrío recorrió su espina dorsal. Una bomba cuidadosamente colocada en el interior del vehículo. La realidad golpeó a Marco como un puñetazo en el estómago. El ataque estaba meticulosamente planeado.
Decidido a descubrir la verdad, Marco se sumergió en la oscura red de secretos que amenazaba a su familia. La venganza se volvía más imperativa con cada revelación. En su corazón ardía la llama de la justicia, dispuesto a enfrentarse a la sociedad secreta que había desatado el infierno en su vida.