Picos y palas

961 Words
La línea de lo moral nunca debería ser parte de un examen, porque nadie es moralmente correcto al 100%, y lo que era para mí correcto hasta ese día es muy diferente a lo que sería para mí años más tarde. Mi relación con Gil siempre había estado llena de amor, de comunicación y mucho respeto. Los dos creíamos que, si amor había, lo respetuoso sería dejarlo; la comunicación era difícil, pero no imposible. Compartíamos el mismo handler y, por el tiempo que estuviésemos encubiertos, seríamos amigos, nos amaríamos como siempre, y si al terminar queríamos volver a estar juntos, nuestra promesa —la promesa que nos hicimos con todo el corazón— era amarnos tan intensamente como nos merecíamos. Yo no estaba lista para soltarlo, pero entendía una cosa de lo que había leído: si quería un lugar privilegiado en la vida de Staton, necesitaba seducirlo, y eso implicaba darle lo que nunca nadie le había dado: amor, o al menos la ilusión de ello. Mis primeras semanas de encubierta fueron aburridas, pero estudié todo lo posible. Lo estudié a él, su financiera, todas las relaciones que tenía, su círculo completo. Mientras tanto, al bar llegaba siempre el paquete de droga. Cuatro semanas, cuatro semanas esperando que me lo introdujeran… en realidad fue totalmente diferente. Fue en la noche, cuando se suponía debía estar durmiendo. Las luces se apagaron, entraron varios hombres, me extrajeron de mi hogar, me transportaron y estuve casi 100% segura de que me matarían. Escuché el sonido de la pala entrando en la tierra y conversaciones parciales. —Díganle a Vito que nunca pensé que fuese un hombre débil. —La pala se detuvo y los hombres se quedaron en silencio. Escuché un total de ocho pasos y sentí unas manos frías acariciar mi rostro. —¿Estás segura de que soy débil solo por matarte? —Sí. —Estoy haciendo lo que todo negociante hace: eliminar la competencia. —Sabes que no eres sólido porque tienes todo el negocio bajo tu responsabilidad. Asher delega, Asher tiene un equipo, buena seguridad y una mano derecha. Yo, yo he mantenido este negocio por años, yo me he expandido de un strip a otro en mis caballitos de Troya. Yo hice eso sin forzar la mano de alguien. —¿Por qué la gente siempre quiere un pedazo del negocio sin poner todo el esfuerzo? —Yo sé dónde está el dinero y el oro que le robó Macho —respondo. —¿Y qué me vas a pedir si lo encontramos? —Volver tranquila a mi casa o a mi negocio. —¿Cómo sabes dónde está? —¿Tenemos un trato o no? —pregunto. El lugar se queda en silencio, él no dice nada, pero me toma de los pies, me arrastra por el suelo y me carga de nuevo. Alguien me amarra las piernas y me cuelga. Yo me quedo en silencio, no grito, no gimo, no digo nada, no reacciono como a él le gustaría, para desconcertarlo. Macho era un conductor, el conductor de confianza. Se decía que movía dinero para blanquearlo y guardarlo por tierra. Todos los años sacaba oro y dinero por barco. Macho era un delincuente al que a mí me tocó investigar, y su mujer había intentado cortar un trato con la policía, pero nadie le creyó. Todos pensaban que se estaba echando un farol cuando dijo que Macho llevaba años robándole a su jefe, de a poquitos, siempre muy sutil, siempre muy ágil para lograr que alguien más cargara con la culpa. Pero su suegro tenía una propiedad que todos desconocían. Ella había escuchado a la mujer rogar, pedir ayuda porque tenía tres hijos, y se sintió un poco mal cuando su jefe le dijo que no. Entonces sacó dinero y se lo entregó. La mujer me dio la dirección y yo pregunté por qué no iba ella por el dinero y huía. La señora respondió: “Mis hijos no pueden tener dos papás muertos o uno muerto y el otro en la cárcel”. Desde que entré a trabajar encubierta, pensé en cómo esa información me ayudaría y cómo hacerla creíble. —¿Planeas morirte así? —pregunta Staton después de unos minutos. —Mi padrastro y mi esposo me enseñaron a resistir en silencio. Es lo que hacemos las mujeres —respondo, y él me quita la venda de los ojos. Yo lo había visto antes en fotos: rubio, ojos claros, celestes, piel blanca, muy alto y fornido, imponente. No pensaría que con esa mirada tan sorprendente estuviera oculta tanta maldad. Nunca pensé que debajo de su barba se escondiera tanta dulzura. Sus empleados cortaron los mecates de mis pies y él insistió en cargarme. Me dejó lentamente en el suelo, y casi me caigo, por lo que me dio soporte con una mano en la cintura. —¿Ves cómo la débil es otra? —¿Entonces me necesitas?—respondo con otra pregunta. —Tienes cosas que necesito. Necesito a alguien que mejore mi distribución, alguien que coordine ingresos, egresos y movimientos. Necesito que me devuelvas el oro y el dinero. Si no estás mintiendo y te ganas el mínimo de mi confianza, si logras que mis hombres te obedezcan, entonces puede que no acabes en esa tumba —responde y me da las llaves del auto. Yo miro a los cinco hombres que planeaban ayudarlo a desaparecerme. Les doy indicaciones para que consigan explosivos, picos, palas y por lo menos quince hombres más para trabajar. Él me mira y me dice que en mi presupuesto solo alcanza para conocer a los cinco hombres que acabo de ver. —Ya te tocará volar pico y pala si quieres tu dinero —le advierto.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD