Capítulo 16: Christian

1169 Words
Tener reuniones con Elena siempre es agradable. Ambos pensamos igual en los negocios y mientras ella me pone al tanto de sus inversiones, yo hago lo mismo con ella. Es hermosa, eso nadie lo puede negar y, aunque hubo un tiempo que pensé que podría ser una buena unión entre nosotros el matrimonio, no quiero estar atado a una persona solamente por negocios que puedo realizar perfectamente yo solo. Sin embargo, es importante que ambos tengamos una buena relación entre nosotros. Razón, por la que nunca intenté nada con ella. Elena es muy amable, pero no sé qué tan amable sería si le rompiera el corazón. No soy ciego, sé que ha estado interesada en mí. Podría decir que desde el colegio. —¿Irás a la gala de inversionistas? —me pregunta cuando ya hemos terminado de revisar todo. Levanto la cabeza para encontrarme con sus ojos azules, que incluso parecen un poco ansiosos. —Claro, estoy invitado. Ella ríe. —Por supuesto, me olvidé que eras el número uno en la revista Forbes —dice sonriendo—. Estoy segura que tendrás a muchos encima de ti esperando por… Mi mente se desconecta en cuanto dice las palabras “encima de ti” y sustituye la conversación de Elena por las imágenes de Sofía encima de mí. Cierro los ojos cuando me doy cuenta de ello, y cuando los abro, Elena me mira confundida. —¿Dije algo malo? —pregunta. Niego con la cabeza y me llevo los dedos a la sien. —No, solo tengo un dolor de cabeza —respondo. No es mentira, pero es mejor que decirle que no la escuché porque vi a mi secretaria desnuda sobre mí. —Chris, debes descansar. Sinceramente, no me gusta que me digan Chris, porque es un apodo para alguien más joven, no para mí que soy un hombre de negocios. Dejo salir un suspiro y busco toda la amabilidad dentro de mí. —Elena, sabes que no me gusta que me digan Chris. Ella vuelve a reír. No sé qué le parece gracioso, porque es claro que yo no me estoy riendo. Sin embargo, sé que Sofía debe estar escuchando esto y casi podría sonreír. Casi. —¿Por qué no? Antes te decíamos así —recuerda ella. Elena y yo fuimos a la misma escuela, a la misma universidad. Y sí, antes me decían Chris, pero sinceramente no me gusta. Solo mi madre y Lucien me dicen todavía me dice así, y a ellos no hay mucho que decirle. Sofía también te dijo así… Y te gustó. No me gustó. —Y en ese tiempo tampoco me gustaba —recuerdo. Elena frunce el ceño. —Pero Lucien siempre te llamaba así. Suspiro por tener que explicarle. —Porque es mi hermano, él me ha llamado así desde niño. —Oh —murmura, pero rápidamente me da una sonrisa incómoda—. Será mejor que me vaya, de todas formas ya vimos todo lo necesario. —Bien, cualquier novedad me avisas —le digo con un asentimiento de cabeza. —Te veo en la gala. Me levanto para abrirle la puerta y ella sonríe agradecida. Veo ese brillo en sus ojos y la verdad es que no me gusta. Lo que menos quiero son problemas con ella y con su familia. Elena es la hija pródiga de su padre. Él haría cualquier cosa por ella, incluso terminar toda asociación conmigo. Dios, que complicadas son las mujeres. Ni siquiera le he dado indicaciones de querer tener algo con ella para que me mire así. —Adiós, Christian —se despide—. Adiós, Sofi. Sofía le sonríe. —Adiós, Elena. Ni siquiera me permito mirar más a Sofía. Simplemente me doy la vuelta y cierro la puerta de la oficina. Tomo asiento en mi silla y me giro hacia la ventana. Desde aquí puedo ver toda la ciudad. La vista es espectacular. No siempre me siento agobiado en el trabajo, sobre todo porque me gusta mucho estar aquí, me gusta trabajar, me gusta lo que hago, el poder que me da. Pero en estos momentos me siento jodidamente agobiado. Yo, que dirijo una organización mafiosa poderosa. Pero aquí tengo a una mujer que me vuelve loco y a otra que tiene alguna extraña atracción no correspondida hacia mí. Y algo me dice que cualquiera de las dos me va a traer dolores de cabeza. Necesito desestresarme, y dado que no voy a tener sexo, será mejor que busque sangre. Saco mi celular y le envío un mensaje a Oliver. Quiero que me averigües todo sobre un tal Hudson Hayes, aunque probablemente ni siquiera sea su verdadero nombre. Te adjunto una foto y su correo electrónico. Envío una foto de las cámaras de seguridad y el correo electrónico que usó para comunicarse con Sofía. Oliver sabrá qué hacer, y si alguien es capaz de encontrar su identidad, es él. En ello. Dejo el celular en el escritorio y vuelvo al trabajo. Podría derramar la sangre de cualquier idiota solo por gusto, pero me da más placer hacerlo con la de ese idiota. Por su culpa, Sofía y yo estamos alejados. Bueno, quizás un poco de culpa mía. No me importa, quiero saber todo de él, cuáles son sus puntos débiles porque estoy seguro de que él sabe que Sofía es uno mío. Eso de que por eso yo la cuidaba tanto. Nos investigó, pero quién pudo haberle dado esa información, escapa de mí. Espero que el querer ir por ella solo sea para seducirla y no para hacerle daño. Pero para asegurarme, mejor lo mato y problema resuelto. +++ —¿Cómo está de sus ojos? —pregunta Sofía entrando a mi oficina. Como siempre, sin tocar. —Bien —respondo secamente. —¿Estuvo bien la reunión con Elena? —pregunta. Sí, ella claro que la escuchó reírse. —Parecía que se estaban divirtiendo bastante —comenta. Ni siquiera levanto la cabeza. —¿Es usted mi mujer? —pregunto. Sofía se queda callada, seguramente sorprendida por mi pregunta. —Eh, claro que no… —Entonces no tengo por qué darle explicaciones de lo que hago. ¿Qué necesita? Ella no responde de inmediato, así que la miro. Tiene el ceño fruncido, aunque al encontrarse con mi mirada, lo aparta de inmediato. —Solo avisarle que me voy. Miro el reloj y claramente ya es hora de irse. Asiento con la cabeza. —Nos vemos mañana. Vuelvo a mirar mi computador y ella sale pisoteando con más fuerza de la que debería. Cuando ha cerrado la puerta, dejo que una sonrisa aparezca en mi rostro. Ella quiere que yo me aleje, quiere que mantengamos una relación estrictamente profesional, pero escucha a Elena reírse y los celos se la comen. Ya la he perseguido mucho, ahora si ella quiere coger, entonces ella tendrá que venir a mí. Además, tampoco me voy a arriesgar a que me tire esa mierda de nuevo. Joder, ardía como el puto infierno.
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