Capítulo 3
Miro el techo de la habitación, mi reloj marca las siete en punto de la mañana, son vacaciones de verano y debería de dormir hasta tarde, pero se me hace imposible dado el lugar en el que estoy. Quizá parezca que exagero, después de todo estoy en una mansión en la playa y el dueño es el Gobernador, es un lugar seguro donde no puede ocurrir ninguna desgracia y donde quizá pase uno de los veranos más memorables de mi vida ¡Pero no! Porque Jacob Newman en serio lo está haciendo difícil. Apenas ha sido la primera noche y ya quiero arrancarme los cabellos ¡Y Ashton sigue sin contestarme los mensajes! ¡No tengo con quien hablar! Porque cada vez que intento entablar una conversación con ese imbécil, siempre termina comportándose como un idiota.
Jacob Newman sabe lo carismático e hipnotizante que es, sabe cómo hacer que las personas caigan a sus pies ¡Y me refiero a que ha logrado que profesores le pongan notas perfectas a base de su labia! Aunque supongo que también debe de haber habido algo de dinero de por debajo. El punto es que sabe cómo controlar a las masas, no por nada es de los más populares en West View, supongo que esa habilidad la poseen todos los miembros de la dinastía Newman.
A veces quisiera que me dejara en paz, no sé qué se trae conmigo, es como si disfrutara fastidiarme y ponerme nerviosa. Me desespera esa sonrisa burlona con la que siempre se muestra y esa mirada tan penetrante que siempre me dedica, hace que me ponga a temblar en el mal sentido de la palabra. No es que crea que él pueda ser un potencial asesino o psicópata, solo es un imbécil que está encaprichado conmigo porque no caigo rendida a sus pies ¡¿Y cómo hacerlo?! Le conozco desde la primaria, sé cómo es. La mayoría de sus seguidores no han tenido que convivir con él tanto como yo, la mayoría de personas no ha tenido que presenciar las cosas que él ha hecho; como aquella vez que empujó a Bruno López de un columpio y al pobre se le cayó un diente, Jacob salió bien librado de ello porque dijo que estaban jugando y “Quizá le empujó muy fuerte”, Bruno no refutó porque no era la primera vez que Jacob le hacía algo por el estilo… quizá Jacob sí es algo psicópata. El punto es que no puedo verlo de otra forma que no sea la de un chiquillo que se resguarda en su nombre y en el poder de su familia para poder hacer lo que se le pegue en gana…
— Toc-toc…
Escucho del otro lado de la puerta.
— No entres — quito las sábanas de encima — ¡Ey! — la puerta se abre — ¡Imbécil! ¡Te dije que no entres!
— ¿Por qué siempre eres tan brusca conmigo? — pregunta Jacob, mirándome con una ceja alzada — Yo trato de ser amable y hacerte sentir lo más cómoda posible — ruedo los ojos — Y tú me tratas como si me odiaras… — nos miramos fijamente — Y ambos sabemos que no es así…
— Vete
— ¿Me estás dando órdenes, Blancanieves?
Se acerca a mí.
— Bueno, según tú soy una princesa Disney, así que algo de autoridad debo de tener ¿Verdad?
— Que chistosa… — acomoda mi cabello detrás de mi oreja — Te digo así porque eres igual de bonita — me estremezco — Te espero abajo para desayunar, no tardes
— ¿Los dos solos…?
Siento mi interior temblar.
— Nuestros padres se han ido a desayunar al Club — contesta, sin quitarme los ojos de encima — Hoy tenemos la casa para nosotros solos
— Oh…
— Sí, así que aprovechemos el tiempo al máximo — susurra, inclinándose hacia mi rostro — Te espero abajo — vuelvo a estremecerme — No tardes o vendré por ti otra vez
— Bajaré cuando quiera bajar
Jacob suelta una risita.
— Tienes diez minutos
El chico de ojos celestes se da media vuelta y sale de mi habitación. Suelto todo el aire contenido en mis pulmones y me llevo las manos al rostro. No me apetece pasar todo un día a solas con Jacob, pero supongo que no tengo de otra. Me dejo caer en la cama nuevamente y tomo mi teléfono. Suelto un suspiro de decepción, Ashton sigue sin contestarme los mensajes. Sabía que esto pasaría, que las cosas se iban a poner muy incómodas tras lo que me dijo el último día de clases ¡Pero no pensé que sería de esta forma! Supongo que tendré que resistir la tentación de hablarle por teléfono durante el verano.
Ashton Thomas es mi mejor amigo desde que tengo uso de razón. Nos conocimos en la primaria, en el cuarto grado, y desde entonces hemos sido inseparables. Ya lo dije, él es como mi hermano, no sabría continuar en la vida si no estuviese a mi lado. Vuelvo a llevarme las manos al rostro y suelto un gruñido. Él dijo que yo también me había dado cuenta que las cosas estaban cambiando entre nosotros ¡Y no es así! ¡La verdad es que no me di cuenta! No tenía ni idea de que él había empezado a sentir algo por mí, algo más allá de una simple amistad. Intento hacer memoria y no recuerdo ni un solo momento en el que haya sentido que se portaba distinto conmigo, supongo que soy demasiado tonta como para no darme cuenta que un chico está enamorado de mí y me frustra que esa persona sea mi mejor amigo.
Vuelvo a soltar un gruñido, miro el techo por unos segundos y me levanto de la cama, no quiero que Jacob me saque a la fuerza de la habitación. Me miro al espejo por un par de segundos, sigo en pijama y no pretendo cambiarme la ropa. Salgo de la habitación y camino por el largo pasillo hacia las escaleras. Me hubiese gustado que mi padre me comentase acerca de sus planes de irse a desayunar al club con el Gobernado y su esposa, tal vez así hubiese tenido la oportunidad de pedir algo de dinero e irme a desayunar a la primera cafetería que encontrase ¡Pero no! No me dijo nada, ni siquiera se tomó la molestia de despertarme o mandarme un mensaje de texto ¡Nada! Eso me enoja, no sé por qué de pronto es tan reservado, no me gustan las mentiras ni los secretos ¡Los odio! Las personas no deberían de ocultar las cosas, sobre todo si son familia, no debería de haber secretos entre la familia, pero siento que mi padre me está guardando un secreto ¡Lo sé! Él sabe perfectamente que me daré cuenta si me oculta algo y su extraña actitud de no querer decirme con quien íbamos a pasar el varano e irse a desayunar, dejándome a la merced de Jacob, me hacen sospechar.
Sacudo la cabeza, quiero alejar esos pensamientos de mi mente, no quiero pensar en mi padre maquinando algo turbio con el padre de Jacob, sobre todo porque lo más seguro es que no sea nada y solo estén recuperando el tiempo perdido. Llego a la planta baja, miro a todos lados, Jacob está sentado en el medio de un sofá frente al televisor, está viendo el noticiero de la mañana con una taza de café en las manos y un plato con un sándwich de jamón y queso sobre la mesa de té. Me acerco a él con lentitud, su presencia me intimida un poco porque, aunque me jacto de no caer a sus pies como los demás, no puedo negar que el tipo es cautivador al punto de incomodarme. Jacob se gira, sus brillantes ojos celestes se posan en mí, mi estómago se revuelve y me veo a mí misma obligándome a respirar con normalidad, él solo me dedica una pequeña sonrisa de lado.
— ¿Hambrienta?
— Algo…
Contesto, sentándome en el sofá, tratando de dejar el más amplio espacio entre nosotros.
— En seguida viene Cristina, le pedí unos huevos benedictinos y un muffin inglés para ti
— Ah… gracias… — vuelve a sonreír de lado — Me encantan los huevos benedictinos
— Lo sé, siempre los pides en el desayuno de la escuela — le miro con confusión, él solo sonríe — Oh, ahí viene Cristina…
— Su desayuno señorita
— Gracias — deja una bandeja llena de comida sobre la mesa de té y luego se va a toda velocidad — También me trajo una manzana roja… — tomo la brillante fruta — ¿Tú se lo pediste?
— Siempre estás comiendo manzanas, te encantan las manzanas
— Me encantan las manzanas
No puedo evitar soltar una risita, él me imita.
— Lo sé… — deja su taza de café sobre la mesa — Te conozco bien
— No sé si sentirme asustada o halagada por eso
Jacob soltó una risita.
— Dudo mucho que te sientas asustada conmigo…
Me mira fijamente, siento cosquillas en el estómago.
— A cualquiera le asustaría un poco que alguien sepa este tipo de detalles sobre uno — le sostengo la mirada — Aterra un poco…
— ¿Estás diciendo que te aterro?
Susurra, acercándose peligrosamente a mi rostro, haciendo que mi corazón comience a latir a toda velocidad.
— Un poco…
Confieso, él suelta una risita burlona.
— Anya, te conozco desde el primer grado — me recuerda, apartando la mirada y tomando su tasa de café — Creo que hemos convivido lo suficiente como para que sepa ese tipo de cosas sobre ti
— No estoy de acuerdo — miro hacia el enorme televisor, el reposabrazos no me deja alejarme más de él — Conozco a Ashton por casi el mismo tiempo que te conozco a ti y no tengo ni la más mínima idea de cuál será su desayuno preferido
— Eso es porque Ashton Thomas no te interesa lo suficiente como para que aprendas esos pequeños detalles sobre él
— Pero es mi mejor amigo
— Eso no tiene nada que ver
Nos volvemos a ver.
— Entonces… ¿Estás diciendo que yo te intereso lo suficiente como para que aprendas esos pequeños detalles sobre mí?
— Eso ya lo sabes — sonríe de lado, mi interior comienza a temblar — Termina de desayunar, iremos a la playa, así que ponte el traje de baño
— Eh… — aparto la mirada, me estoy empezando a sentir muy nerviosa — No quiero ir a la playa, no me gustan las playas, ni la arena ni el sol — Jacob asiente con la cabeza, soltando su irritante risita burlona — Y detesto broncearme, sobre todo porque no me bronceo, mi piel se pone del color de un tomate
— Lo sé, pero quiero ir a nadar a la playa — deja su taza vacía sobre la mesa de té — Luego podemos hacer algo que tú quieras
— ¿En serio?
Volvemos a mirarnos a los ojos, los suyos son casi del mismo color que el cielo.
— Ya te dije Anya… — vuelve a acercarse a mí — Quiero que pases un buen verano… — susurra, me estremezco — Te espero afuera — se aleja con rapidez, levantándose del sofá y quitándose la camiseta, dejando a la vista su marcado abdomen — No tardes
— De acuerdo…
Aparto la mirada de su cuerpo y tomo mi vaso con jugo.
— Y, por cierto, Anya… — me giro a verle — Yo sería incapaz de hacerte daño, así que no me temas
Y diciendo esto, se aleja de mí en dirección a la enorme terraza. Me quedo viendo unos segundos el televisor y luego retomo mi desayuno. Jacob en serio sabe cómo sacarme de mis casillas, lo viene haciendo desde que somos niños. Repito, no sé qué se trae conmigo, él ama molestarme ¡Lo ama! Y es incómodo, es realmente incómodo. Siempre está molestándonos a Ashton y a mí, es como si disfrutara ponerme nerviosa. Una parte de mí cree que él me ve como un ratón indefenso y a él mimo como un depredador a punto de comerme. Sin embargo, como ya dije, no le odio, pero tampoco me agrada del todo.
Termino mi desayuno, subo a toda velocidad a mi habitación y me cambio el pijama por mi traje de baño. Realmente no me apetece pasar el día bajo el sol y mucho menos con Jacob Newman, pero supongo que no tengo de otra. Suelto un suspiro, tomando una toalla y saliendo de mi habitación. Es que en serio no lo entiendo ¿Por qué soy yo su víctima favorita? Es decir, él no molesta a ninguna otra persona de la escuela, solo se pavonea con sus fajos de dinero y relojes caros, pero no molesta nadie, solo a mí, es realmente desesperante. Recuerdo una vez, en séptimo grado, era el partido de baloncesto, el último de la temporada y nuestra escuela estaba a punto de coronarse como la campeona. Faltando unos segundos, Ashton logró encestar y West View ganó el campeonato. Recuerdo que salté de las gradas y él corrió hacia mí para abrazarme; todo iba bien, todo era felicidad, solo mi mejor amigo y yo ¡Y de repente apareció Jacob! Me tomó del brazo y me apartó de mi amigo de forma tan brusca que no me dio tiempo a reaccionar ¡Y lo peor es que nadie le dijo nada! Porque todos estaban celebrando la victoria y Jacob dijo algo como “Vamos Anya, no acapares a nuestra estrella”, uniéndolo a su círculo de celebración y dejándome a un lado totalmente aislada ¡Fue horrible! ¡A Jacob ni siquiera le gusta el baloncesto! Él es más de tenis y golf ¡Le encanta el tenis! Tiene una colección de raquetas y pelotas autografiadas, la cual comenzó a los diez años. Y lo que le siguió después confirmó mis sospechas sobre sus malas intenciones, pues me en un momento se giró a verme con esa sonrisa burlona que siempre carga, y me dijo: “¿Por qué tan solita Blancanieves? ¿Perdiste a tu mascota?” ¡Blancanieves ni siquiera tiene una mascota! Jacob lo había hecho apropósito, para joderme, para molestarme. Luego Ashton se le enfrentó, pero eso ya no viene al caso, el punto es que Jacob disfruta fastidiarme, sobre todo si Ashton está cerca ¡Es desesperante!
— Pensé que te pondrías un bikini
— No tengo un bikini
Me cruzo de brazos, mirándole ceñuda.
— No importa… — se me acerca, esbozando esa coqueta sonrisa de lado — Igual te ves bonita
— Tú no sabes lo que es el espacio personal ¿Verdad?
— ¿Te incomoda que me acerque tanto a ti?
Susurra, acercándose aún más, dejando nuestros rostros a escasos centímetros.
— Sí
Contesto, sin apartar la mirada.
— Que bueno… — su aliento roza mi rostro, su aliente huele a menta — Porque me gusta ponerte incómoda…
— Pues si me sigues molestando, me iré de aquí y me encerraré en mi habitación — me cruzo de brazos, él suelta una risita — Traje muchos libros como para soportar el verano
— No lo harás
— ¿Qué te hace creer que no lo haré?
Ninguno se aleja, ninguno quita los ojos de encima del otro.
— Porque tú no me quieres apartar… — susurra, alejándose finalmente de mí — Admítelo Anya, te encanta esto…
— ¿Qué cosa?
Pregunto, dando un paso en su dirección.
— Ser el centro de mi atención
Contesta con firmeza, con seguridad, haciendo que mi corazón de un salto y dando un paso en mi dirección.
— Dices tonterías
Nos miramos fijamente, nuevamente nuestros rostros están a escasos centímetros.
— Sabes perfectamente que no es así…
Acomoda mi cabello detrás de mi oreja, haciéndome estremecer
— ¿Le dices lo mismo a todas las chicas con las que has salido?
— ¿Te interesa saber? — sonríe de forma burlona — Tú eres especial, Anya
— ¿Por qué?
— Porque tú de verdad me interesas — contesta, sonriendo y alejándose nuevamente de mí — En fin, vamos al agua que el día está hermoso
Y diciendo esto, Jacob corre hacia el océano. Me abrazo a mí misma y respiro hondo, intentando calmar a mi acelerado corazón. Jacob me hace señas para que me le una en la orilla del mar, pero no me muevo, soy incapaz de moverme. Me siento indefensa, nerviosa, con nauseas. Vuelvo a ver a Jacob, ya tiene medio cuerpo en el agua y no hace nada más salvo mirarme. Un cosquilleo extraño se extiende de mi estómago al resto de mi cuerpo. No es verdad que me encante ser el centro de atención de Jacob, pero supongo que puedo hacer un esfuerzo y tratar de ser más recíproca con sus atenciones, después de todo, él solo está intentando ser un buen anfitrión.
— Ni modo…
Mascullo por lo bajo, entrando en el agua.
— Al fin mi bella Blancanieves — le escucho decir — Apresúrate, que el agua está exquisita
— No me presiones… — intento hablar, pero el agua se me mete en la boca — A duras penas puedo… nadar y… hablar… — me hundo — Mierda… — llego hasta él — Odio esto… — vuelvo a hundirme — ¡Odio esto!
— Nadar nunca ha sido lo tuyo — ríe — Ven, deja que te ayude
— ¡No! ¡Suéltame…! — siento sus manos tomar mis brazos — ¡Suéltame! — comienzo a forcejear y patalear, hundiéndome nuevamente — ¡Suéltame!
— ¡Solo quiero ayudarte a flotar!
Jacob sigue riendo, intentando volver a sujetarme y hundiéndose en el proceso.
— ¡No quiero! — le empujo, volviendo a hundirme — ¡Puedo flotar sola!
— Anya, no te pongas nerviosa o terminarás ahogándote
Me logra sujetar.
— ¡Solo suéltame! — vuelvo a empujarle, cerrando los ojos y sintiendo mi cuerpo hundirse — ¡Es la última vez que te hago caso! — grito, saliendo a la superficie — ¡En serio odio esto! — abro los ojos — ¿Jacob? — me quito el cabello de la cara — ¡¿Jacob?! — miro a todos lados, no hay señales del chico de cabello castaño claro — ¡Jacob! — la desesperación aumenta — ¡Jacob! ¡Ah! — grito, sintiendo unos brazos en mi cintura — ¡Jacob!
— Te dije que no te pongas nerviosa — me abraza, mi corazón comienza a latir a toda velocidad — Casi nos matas… — su rostro está muy cerca del mío — Menos mal soy un buen buceador…
— Eres un imbécil… — comienzo a temblar, él solo sonríe — Volvamos a la orilla
— De acuerdo, pero tenemos un problema…
Susurra, con su rostro muy cerca del mío.
— ¿Cuál?
Pregunto, susurrando, sintiendo su aliento rozar mi rostro.
— Tus piernas están apretando mi cintura y me está costando mantenernos a flote…
Contesta.
— Oh… — suelto, siendo consciente de que sus manos están en mi trasero y mis piernas están enredadas alrededor de su cintura — Suéltame…
— Solo si prometes no volver a ponerte histérica
— Lo prometo
Jacob suelta una risita.
— Toma mi mano — pide, obedezco al instante, separándome de su cuerpo — Y Anya… — le miro — Quédate conmigo
Y diciendo esto, comienza a remolcarme hacia la orilla. No soy buena nadadora, en la escuela me uní al equipo de “Escalada” para no tener que hacer Educación Física y no tener que correr o nadar ¡Y detesto la playa! Ahora estoy mojada, con mi piel enrojecida y de la mano de Jacob Newman.
— A la próxima, traeré un flotador…
Me quejo, tocando la arena con los pies.
— O podríamos usar la moto de agua y dar un paseo en ella
— Tú y yo en una moto, sí claro… — ruedo los ojos — No confío en ti y los motores desde aquella vez que chocaste conmigo en los karts a los trece años
— Y a pesar de ello, estamos aquí tomados de la mano
Miro nuestras manos unidas.
— Eres un idiota…
No puedo evitar reír, caminando por el sendero de regreso a la terraza.
— Y eso es lo que te encanta de mí — me sonríe — Que me vuelvo un idiota cuando estás cerca
— Cierto… — ruedo los ojos, él ríe — Porque me encanta que estés loco por mí, así como yo estoy loca por ti — suelto con todo el sarcasmo del mundo — Y ya suéltame… — aparto mi mano de la suya — j***r… — me dejo caer en una de las tumbonas — A la próxima usamos chalecos salvavidas, casi me causas un infarto
— ¿Por qué? — me mira, recostándose en la otra tumbona — ¿Te preocupaste por mí?
— Pensé que te habías ahogado… — nos miramos — ¿Cómo le iba a explicar al Gobernador, que su hijo se ahogó por mi culpa?
— Él lo hubiese entendido… — de pronto se pone serio — Además, creo que primero resolvería algunos asuntos de su trabajo y luego se preocuparía por mí
— Wow… — suelto una risita — Jacob Newman tiene Daddy issues — le miro, él no hace ni un solo gesto — Ey… — me mira — ¿Todo bien?
— Sí, todo bien
Sonríe.
— No creo que a tu padre le preocupe su trabajo por encima de ti
— Te sorprendería — sonríe, colocando sus brazos detrás de su cabeza y cerrando los ojos — No todos tenemos tu suerte…
— ¿Mi suerte?
— La de tener un padre ocupado que saca tiempo para estar contigo
— Él sabe cómo compensarlo… — le miro, se ve tan relajado mientras toma el sol — ¿El tuyo no lo hace? — niega con la cabeza — Pero está aquí contigo, dispuesto a pasar el verano contigo
— ¿Eso crees? — Jacob me mira y luego sonríe — A veces puedes llegar a ser muy inocente…
— Oh…
— En fin… ¿Qué te gustaría hacer ahora?
Volvemos a mirarnos. Conozco a Jacob de toda la vida, pero es la primera vez que le veo de esta forma. Nunca cruzó por mi mente que personas como él podían tener problemas de este tipo. Parecerá mentira, pero a veces es difícil entender que tu padre no puede pasar tiempo de calidad contigo por culpa del trabajo. Los adultos siempre dicen que nuestros padres trabajan y andan ocupados para darnos una buena vida y darnos todo lo que queramos, y hasta cierto punto tienen razón, pero no es del todo cierto. De nada sirve que llenes a tu hijo con fajos de billetes, relojes caros, un Ferrari color rojo y que tenga tu nombre grabado en el volante, si no le dedicas tiempo de calidad que le haga sentir querido. Realmente tengo suerte en este tema, mi padre dirige una empresa constructora y ha tenido que estar lejos de casa por largos periodos de tiempo, pero siempre lo ha sabido compensar, siempre ha intentado estar a mi lado en los momentos importantes de mi vida, siempre lo ha hecho. Mi padre es mi mejor amigo, le amo con todo el corazón y le agradezco la gran vida que tengo. Quizá sí soy muy inocente, pues creí que la mayoría de padres compensaban a sus hijos con tiempo de calidad como lo hace el mío o los padres de Ashton, pero al parecer no es así.
— ¿Vemos una película? — propongo — Es muy temprano como almorzar y no tengo ganas de hacer otra cosa que no sea estar sentada en un cómodo sofá
— De acuerdo — acepta Jacob, sonriendo de lado y levantándose de la tumbona — Vamos…
— Y podemos hacer palomitas de maíz — intento sonreír — Pero no con cheedar, sé que te encantan, pero las prefiero con mantequilla
— No pienso negociar con las palomitas con cheedar — no puedo evitar reír, él también lo hace — Hay que ver las películas de los “Juegos del Hambre”, son tus favoritas
— Sí… — le miro fijamente, sintiéndome extraña — Lo son… — frunzo el entrecejo, deteniéndome — ¿Por qué sabes tantas cosas sobre mí?
— Ya te dije — se me acerca — Me interesas… — su rostro está a escasos centímetros del mío — Y aunque lo niegues… — sus manos se posan en mis brazos — Yo también te intereso — sonríe — De lo contrario no sabrías algo tan irrelevante sobre mí como la forma en la que como palomitas de maíz… — vuelve a esbozar esa sonrisa burlona — Apresurémonos, quizá nuestros padres regresen para almorzar y arruinarán nuestra paz
— Sí…
Le sigo al interior de la mansión. Esto es extraño, usualmente Jacob hace que me sienta irritada, pero ahora, lo único que puedo sentir, es una rara sensación en el estómago. Siempre supe que él andaba al pendiente de mí, pero siempre supuse que era para joderme la vida, para hacerme enfadar, para arruinar mis momentos con Ashton, pero quizá he estado equivocada todo este tiempo. No puedo evitarlo, pero en este preciso momento, Jacob Newman me está cayendo mucho mejor.
— Vamos al sótano
Toma mi mano.
— ¿Sótano?
Intento detenerlo, pero él tira de mí.
— Sí, está más fresco ahí
— Preferiría ver películas en la sala…
A la vista de cualquier empleado que pase.
— Vamos — ordena — Si deseas algo, hay un intercomunicador que te conecta con las cocinas
— Es que… — intento tirar de mi brazo, ya estamos en las escaleras hacia el sótano — Así inician la mayoría de historias de secuestro…
— Anya… — nos detenemos en medio de la escalera — ¿En serio crees que sería capaz de hacerte algo así?
— No lo sé… — contesto en un susurro — Realmente no te conozco, no sé cuáles son tus intensiones…
— ¿Mis intenciones…? — Jacob se me acerca peligrosamente, posando su mano en mi cuello — ¿En serio quieres saber cuáles son mis intensiones…?
— ¿Cuáles son tus intensiones?
Comienzo a temblar, viendo sus labios formando esa pequeña sonrisa.
— ¿En serio quieres saber?
Sigue susurrando, haciendo que la piel se me ponga de gallina.
— Sí…
Contesto, también susurrando, con mi rostro a escasos centímetros del suyo.
— Aprovechar que te tendré para mí solo por todo el verano
Suelta, tomando mi rostro con una mano y uniendo sus labios a los míos.