10: 40 PM

1039 Words
Ricardo Continúo observándola por el retrovisor de mi navecita y me detengo por un momento ya que llegamos al semáforo y este se acaba de colocar en rojo. Mientras esperáramos el cambio de este, miro el reloj que tengo puesto en mi brazo izquierdo y me sorprendo al darme cuenta que son las 10:40 pm y todavía esta hermosa rubia no me ha dicho a donde quiere que la lleve, solo me tiene dando vueltas por toda la ciudad sin destino alguno. «Pero como le hablo» «como me dirijo a ella» entro en un debate con mis pensamientos, ya que es la primera vez que una mujer me pone tan nervioso a tal punto de que me tiemblan las manos que tengo puesta en el volante. Intento tranquilizarme para ordenar mis ideas así como me lo enseño mi padre desde que estaba pequeñito. Antes de hablar medítalo no vaya a ser que la otra persona se sienta incomoda por alguna palabra mal dicha de tu boca. Luego de tener bien claro esto me digo internamente «Ricardo es ahora o nunca» respiro profundo y una vez mas centro mi mirada para el retrovisor. Pero cuando estoy a punto de abrir la boca, observo detalladamente como una lágrima negra va rodando por su mejilla y me imagino que la veo de este color debido a la oscuridad de la noche. ¿Qué le pasara? ¿Por qué estará así? cómo es posible que una mujer tan bonita este tan triste, algo muy grave ha tenido que pasarle. Me armo de valor y como todo buen caballero respetuoso que soy, decidido cortar con la ley del hielo —Señorita disculpe, pero me podría decir ¿Hacia dónde nos dirigimos? Por un breve segundo ella se queda callada, es como si tuviera un conflicto con su mente y no tuviera respuesta alguna —Sinceramente no sé, pero si es por el dinero no se preocupe que tengo para pagarle toda la noche si es posible —Me advierte y comprendo que lo único que quiere es estar bien lejos de todas las personas que conoce. El semáforo cambia y rápidamente empezamos a movilizarnos como veníamos desde un principio. Pero ver ese rostro tan angelical me conmueve el alma, sin ninguna autorización y sin ningún previo aviso tomo la decisión de estacionarme, porque no me parece justo de que una preciosidad como lo es esta mujer, este llorando de esa manera. —Perdón por estacionarme sin avisarle señorita, pero usted me tiene preocupado la siento muy triste y temo por su salud —Me atrevo a confesar sin importar que me reproche por andar metiendo mis narices donde no me corresponde. —Agradezco que se preocupe por mí, pero tranquilo no pienso matarme. Solo que estoy en uno de esos días malos donde quisiera desaparecer y no se puede —Me explica limpiándose las lágrimas de sus ojos. Y la entiendo a la perfección, dado que hace una hora mi esposa decidió mandarme al carajo sin importar lo que pasara con mi vida, pero eso no significa que me voy a tirar a morir por lo que haya pasado entre los dos. Aunque me duela tengo que seguir y adelante quien quita y la suerte me cambie. —Ojala y todos pudiéramos desaparecer cuando quisiéramos. Pero sabe una cosa, la vida así sería muy aburrida y ya sé que se estará preguntando el porqué, pero póngase a pensar por un momento. Si no existieran los problemas en este mundo ¿Cómo aprenderíamos? —intento motivarla metiéndole conversación. Se agarra un mechón de su cabello y lo coloca de tras de su oreja sin dejar de mirarme —A veces la vida no es justa y nos toca aprender de la forma más desagradable que existe —Se expresa y noto que el problema es más grave de lo que yo pensé. Apago el taxi he intento girar la mitad de mi cuerpo para poder mirarla ya que estoy en el asiento del conductor —Señorita —Le digo pero ella me interrumpe. —Norma. Me llamo —Dice y extiende su hermoso brazo para presentarse. Respiro profundo y respondo a su presentación, haciendo contacto, sus manos con las mías —Ricardo Arrazola para servirle —Expreso y medio sonríe de una forma que es capaz de detener el tiempo en cuestión de segundos. —Muy bonito. El nombre —Confiesa mientras cruza su pierna y mi mente empieza a imaginar cosas que no debe «Ricardo contrólate» —Norma no es muy común. Es la primera vez que lo escucho particularmente siempre lo he visto es en cuadernos y lápices —Comento y arquea una ceja sin dejar de mirarme. — ¿Quieres decir que soy especial? —pregunta dejándome paralizado. De repente voltea su mirada con dirección a su cartera, la agarra para después abrirla y sacar de allí un cigarro que me ha causado risa, debido a que no es común que las mujeres fumen un circenses. Inmediatamente abro la pequeña gabetita que tengo en mi Volkswagen sacando un yesquero para ofrécele fuego de prisa sin importar que estamos en el carro y que eso está prohibido aquí y en cualquier parte del mundo. Me tiembla la mano lo admito pero es imposible no ponerse nervioso ante semejante preciosidad —Claro que eres especial —Respondo a su pregunta mientras sus ojos azules me miran con ternura. —Gracias —Susurra y nuevamente su carita se torna triste. Pero como veo que el hielo se rompió decido jugármela. — ¿Por quién lloras? —Me atrevo a preguntarle. Se fruñe el ceño sacándose el cigarro de la boca —Por un tipo que se cree, que por ser rico y uno de los empresarios más exitosos de toda Bogotá puede venir a engañarme. Pero sabes que es lo peor Ricardo, que ese imbécil que tiene por nombre Luciano Dosantos es mi marido —Me hace saber dejándome enmudecido. Como es posible que un hombre sea capaz de hacer sufrir a esta maravilla de mujer, definitivamente Dios le da pan al que no tiene diente. La tomo por su mano observándola fijamente para que ella sienta que aquí hay una persona que la respalda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD