Capítulo 9

1391 Words
Samanta  Salí de casa con mi bolso colgando sobre el hombro y desactivé la alarma de mi automóvil para luego subirme, colocarme el cinturón de seguridad y partir en dirección a la casa de mi abuela. Avancé por las calles mientras la música sonaba por los parlantes y coreé la canción que estaban tocando en la radio. Moví mi cabeza al compás de la música e intenté relajarme. Se me hacía pesado pensar en que a mi hermana la molestaban en el colegio. Emilia era una niña dulce y bastante inocente, trataba bien a las personas y siempre intentaba ayudar a los demás. ¿Por qué los niños no podían ver eso en ella? Me dolía. Estacioné fuera de la casa de mi abuela y, antes de bajar, tomé mi teléfono para ver la hora. Aún era temprano. Bajé del automóvil y me paré frente a la puerta de la casa. Toqué con mis nudillos un par de veces y esperé paciente. Mi abuela abrió la puerta y mi atención se centró a un lado de sus piernas, donde mi hermanita me sonreía con alegría. —¡Hola, Cham! ¿Viniste por mí? —preguntó ella con sus grandes ojos verdes abiertos de par en par. Mi abuela me sonrió y dejó un beso sobre mi mejilla. —Sí, Emi —le respondí. Observé a mi abuela y ella me hizo una seña para que entrara en su casa—. ¿Cómo has estado, abuela? —Bien, sin mucho que hacer —señaló ella. Nos adentramos en su casa y me dejé caer sobre uno de los cómodos sillones. Emilia corrió tras de mí y se sentó a mi lado. —¿Cómo se portó esta pequeña? —pregunté. Desordené el cabello de mi hermana y ella se rió divertida. —Excelente, Sami —ella le sonrió a mi hermana y luego me miró con curiosidad—. Me habló mucho sobre un amigo tuyo, de hecho. Reí fuerte y alcé una ceja en la dirección de Emilia. —¿Ah, sí? —cuestioné. Emilia se sonrojó y bajó la cabeza avergonzada. —Samuel —señaló mi abuela y levantó sus cejas repetidamente hacia mí. —Es mi compañero en la Universidad —aclaré con falso fastidio. —Emi dice que es un chico amable y muy lindo —puntualizó mi abuela. Rodé los ojos con diversión y negué con la cabeza. —Somos amigos. —Así se comienza —me guiñó un ojo. —No, abuela —negué con la cabeza—. Uno de estos días vendré a verte y podremos hablar extensamente de mi vida amorosa. Ella me dió una mirada curiosa y asintió con la cabeza. —Eso espero. Luego de una ligera conversación le indiqué a mi hermana que era momento de irnos. Nos despedimos de la abuela y nos montamos en el auto. Tomé mi teléfono y marqué el número de Aaron. —¿Estás en tu casa? —cuestioné apenas coge la llamada. Emilia me observaba curiosa desde su asiento. No tenía el don para leer mentes, pero podía asegurar que ella esperaba que yo estuviera hablando con Samuel. —Sí, ¿Vienes por tus cuadernos? —Exacto —reí levemente—. ¿Puedo ir? Estoy con mi hermana —Claro, Sam —respondió amable—. Estoy con Marcos y Caro… No quería mentir diciendo que mi estómago no dio un brinco al escuchar ese nombre, pero preferí fingir que no pasaba nada. —Vale, creo que en diez minutos estaremos por ahí. Me despedí rápidamente y terminé con la llamada. —¿A dónde vamos? —preguntó mi hermana. —A casa de Aaron, mi amigo. Tengo que ir a buscar algo —le respondí con una sonrisa. Ella asintió con la cabeza y le entregué mi teléfono para que pusiera música. Encendí el motor y avancé por las calles de la ciudad con calma. Emilia cantaba con fuerza la canción de Frozen, al igual que yo. Mi mente se perdió un poco y me permití cuestionarme el motivo de mis incontrolables nervios cuando se trataba de Marcos. Atribuí mi actitud a que él era un chico bastante directo y que, además, había dejado en claro que yo le parecía atractiva. ¿Quién no se pondría nerviosa frente a un tipo así? No era mi culpa. Cuando volví en mí, noté que ya estábamos muy cerca de nuestro destino. Al llegar, estacioné fuera de la casa de Aaron y bajé del automóvil junto a Emi. Fuimos recibidas por la madre de mi amigo, quien fue muy amable y nos indicó que subiéramos a la habitación de Aaron. Emilia tomó mi mano y subimos las escaleras en silencio. No fue necesario tocar la puerta, porque ésta se encontraba abierta. —Te advierto que si no dejas de burlarte de mí, volveré a odiarte —señaló Marcos con las cejas muy juntas. Carolina se rió estruendosamente, al punto de estar casi retorciéndose sobre la cama de Aaron. Mi amigo la observó con esa típica cara de enamorado que siempre tenía frente a ella. Carraspeé, llamando la atención de todos, y sonreí. >, me dije a mí misma. Marcos me observó desde el sillón donde yo estuve la última vez que vine a ver a Aaron. Cuando sus ojos cayeron sobre mi hermanita, su rostro se iluminó. —Hola, Sam —saludó Caro, aún con los espasmos de su risa. Le sonreí y me acerqué a ella para dejar un beso en su mejilla. Le di un leve abrazo a Aaron y luego, cuando me giré para saludar a Marcos, me quedé sorprendida al ver a Emilia a su lado, mirándolo con curiosidad. —Hola, pequeña ¿Cómo te llamas? —le preguntó él. Tocó la punta de la nariz de Emi con su dedo índice. Mi hermana se rió, pero no dijo nada. Emilia era tímida al principio, y le costaba mucho entablar conversación con personas que no conocía. —Soy Emilia, pero me puedes decir Emi. Tengo cinco años —le enseñó su mano abierta, indicando que esa era su edad. —Qué lindo nombre tienes, Emi —señaló él con una linda sonrisa en el rostro—. Yo soy Marcos, mucho gusto. Estrecharon sus manos y yo no pude con la sorpresa. > —Sam, tus cuadernos los tengo ahí —giré mi rostro hacia Aaron. Él me señaló su escritorio—. ¿Puedes tomarlos tú? No quiero levantarme. Asentí con la cabeza y caminé hasta el escritorio para tomar los cuadernos. Abrí mi bolso y los guardé dentro. Luego me acerqué a mi amigo, y Carolina se corrió para estar más cerca de su novio y dejarme un espacio donde pudiera sentarme. Emilia no dejaba de parlotear con Marcos, lo que continuaba sorprendiéndome. Carolina me empujó levemente con su hombro para llamar mi atención. —¿Cómo has estado? —preguntó. Me enfoqué en su rostro y le sonreí. Aaron acariciaba su cabello con su brazo bueno y no dejaba de observar cada movimiento de la castaña. Muchas veces me había preguntado cómo era posible que dos personas se amaran a ese nivel, y también me cuestionaba si yo llegaría a tener una relación tan linda como la de ellos. —Bien, relajada —le contesté. >>, me recriminé. —Me alegro. Aaron me contó que tienen que hacer un ensayo… —susurró ella mirando de reojo a su novio—, Pero cómo él es tan nerd, ya lo tiene listo. —Me imagino que sí —sonreí. Aaron juntó sus cejas y me dio una mala mirada. —No hablen de mí como si no estuviera aquí —señaló. Caro rodó los ojos, pero terminó sonriendo hacia él. Observé a Emilia, con la intención de irnos rápido de ahí, pero ella parecía muy divertida hablando con Marcos. El chico alzó la cabeza hacia mí y me sonrió, pero su sonrisa no era la que ya estaba acostumbrada a ver, esa pícara, no. Esta era una sonrisa diferente, más natural y sin ninguna doble intención. No me di cuenta, pero cuando lo hice ya era tarde, porque se la estaba respondiendo de la misma manera. Vale, quizá podríamos ser amigos.
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