XIIIYa era de noche cuando me avisaron que a las diez salía un coche para Madrid. Resolví partir, y por hacer tiempo hasta que llegase la hora de la marcha, fui a la taberna. Como en los días anteriores, el gentío era inmenso, los trajes pintorescos y variados, animadas las voces (aunque ya enronquecidas por el patriotismo), los gestos elocuentes, las patadas clásicas, los pellizcos propinados a Mariminguilla infinitos, el vino más aguado que el día anterior, pues por algo disfrutaba Aranjuez el beneficio de dos copiosos ríos. Lopito y Cuarta y Media me convidaron a beber con demostraciones de entusiasmo, y el primero de aquellos consecuentes hombres políticos me dijo: —Hoy sí que nos hemos lucido, Gabrielillo. Aquí me está diciendo el Sr. Cuarta y Media que esta noche ponen al Príncipe

