XIVMe siento fatigado; pero es preciso seguir contando. Ustedes están impacientes por saber de Inés: lo conozco, y justo es que no la olvidemos. Llegué, pues, a Madrid muy temprano, y después de haber acomodado mi equipaje en la casa que tenía el honor de albergarme (calle de San José, núm. 12, frente al Parque de Monteleón), me arreglé y salí a la calle, resuelto a visitar a Inés en casa de sus tíos. Mas por el camino ocurriome que no debía presentarme en casa de tales señores sin informarme primero de su verdadera condición y carácter. Por fortuna, yo conocía un maestro guarnicionero instalado en la calle de la Zapatería de Viejo, muy contigua a la de la Sal, y resolví dirigirme a él para pedir informes del señor D. Mauro. Cuando entré por la calle de Postas, mi emoción era violentísim

