—Dilo de una vez —murmuró Sebastian junto a un suspiro. —¿Debes trabajar? ¿A esta hora? —Él rio sin ganas. —Estoy seguro de que no te importa si trabajo o no, y no era lo que querías decir —tomando un trago del líquido ámbar volvió a incitarla en silencio. —Es que no entiendo porque no quieres tener hijos, eso lo esperaría de mi parte, no tengo padres, no hay una familia constituida y feliz a la cual querer imitar, pero tú… Sebastian, tu familia es hermosa, ¿Por qué no querer tener una propia? Se sobresaltó cuando lo tuvo a solo unos centímetros, sentía su respiración agitada y el aliento a alcohol. Lo vio cerrar los ojos, tomar un trago de aire y luego enfrentarla con su mirada felina, listo para atacar. Se estremeció con disimulo. —Esta asociación tiene ciertos puntos, como

