AGUST Iba camino a la casa de mi padre, no había parado de llamarme, insistiendo de que debía ir a verlo. Había dejado a Evangelina en la compañía de su padre, había logrado quitarle el mal genio como a ella le gustaba y eso me satisfacía a mí. Siempre era lo mismo, cuando no me tomaba por sorpresa para que la follara, armaba una guerra campal, para hacerme perder los estribos y que terminara empotrándola en cualquier superficie para hacerla mía – Mia y solo mía – Eso siempre iba a ser así, solo yo podía tocarla, solo yo podía besarla, solo yo podía mirarla, solo yo podía follarla. Yo y solo yo. Aquel que intentara hacerlo, no viviría para contarlo, así me tocara desaparecer a todos los malditos hombres de la tierra, ella iba a ser solo para mí. No iba a permitir que nadie me la arreb

