2018 El miércoles Bianca entró a su oficina y se sorprendió al ver el escritorio vacío. Se moría de ganas de averiguar el paradero de su nuevo compañero, pero su orgullo pudo más y se limitó a sentarse en su silla e intentar que su día se parezca a las rutinarias jornadas de trabajo que tenía antes de ese lunes. Al principio le costó relajarse, no podía evitar mirar hacia la puerta. Todavía no se decidía si lo que quería era que no aparezca o que sí. Pero conforme fue pasando la mañana se fue resignando y para la tarde ya se sentía de nuevo en su mundo. El jueves se repitió la historia. A lo mejor Martin se había dado por vencido y había encontrado otro espacio para trabajar, pensó. Pero cuando el viernes escuchó las risas de Lucy desde el pasillo, supo que la calma había finalizado.

