2018 La mañana había sido una tortura, de vez en cuando Martin y Bianca, se miraban con disimulo, y volvían con gran esfuerzo a centrarse en sendas pantallas. Habían pasado 2 horas así y Bianca, ya incómoda y un poco más calmada, se recostó sobre el respaldo del sillón, inclinó la cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, emitió un suave suspiro. Desde la otra punta de la oficina Martin se había perdido en la vista. La curvatura de su cuello, inclinado hacia atrás y el escote de la camisa, sugestivamente abierto, le ofrecían un hermoso espectáculo. Bianca como si pudiera sentir su mirada se incorporó rápidamente y cuando estaba a punto de ceder en su actitud y volver a hablarle alguien tocó la puerta, que solía estar siempre abierta, y se aventuró a la oficina. -Martin, ¿cómo va todo?- p

