LA MUJER DEL VESTIDO ROJO

1987 Words
— Solo si dejas esa cara de muerto te lo vamos a agradecer. !¡Vamos Leandro!. — Vamos hombre, han sido 10 años lejos de la gran manzana, te fuiste a enterrar a Italia por culpa de esa mujer, ya es hora de pasar la página — escucho a Jerome y si estaba de mal humor ahora es mil veces peor. — Vete al diablo. Aceptó el vaso de tequila que me dan y la rabia junto al alcohol me raspan la garganta porque detesto que alguien me hable de esa tipa, camino con mis amigos que al igual que yo ya tienen 30 años pero parecen mentalmente de 15 y ni hablar de sus hormonas. — ¿Por qué me trajeron a un night club?. — No es un night club, por lo menos no uno de mala muerte, estamos dentro del más exclusivo de la ciudad así que valora lo que hacemos por ti — ¿Dónde diablos se supone que está el pendejo que se hace llamar mi mejor amigo? — levanto la voz — En alguna reunión de negocios, familiar o pegado al trasero de la novia. — !A su salud! — celebro porque tienen razón, debo relajarme, bastante me he alejado de ellos y si hay algo que realmente valoro en la vida, es la amistad, mis amigos han sido lo poco que me mantuvo de pie cuando esa odiosa mujer me dejó hundido en la vergüenza y solo recordarlo me hace apretar los dientes pero no me voy a arruinar la noche. Las luces oscuras se tornan rojas, bajas y sensuales dando paso al espectáculo de mujeres que salen a bailar, estamos en la zona más exclusiva porque no les perdonaría que me metan en cualquier lugar y todos nos deleitamos con esos cuerpos esculturales, a diferencia de ellos no estoy chiflando como estúpido ni tirando billetes de 1 miserable dólar, me mantengo en mi postura, sentado observando todo con whisky en mano sin dudar de mi hombría que empieza a sentir el calor de ver a esas mujeres con poca ropa moviéndose en los tubos. Son bellas, de todo tipo y e***a sin dejar nada a la imaginación y aún así mis ojos se van a lo que pasa en la primera planta, un grupo grande aplaude sin parar a una mujer que está encima de la barra, esa locura me hace reír y me levanto de dónde estoy para ver mejor, el unas curvas increíbles dentro de un vestido color rojo sangre, cabello oscuro y zapatos de tacón aguja me llevan a otra dimensión mientras ella se mueve. — ¿A dónde vas? — me interrumpe Jerome. Estamos en la zona VIP, no tienes nada que hacer abajo. — Creeme, tengo que — bajo no sin antes escuchar a mi amigo gritando que por fin mi p**o se ha interesado en alguien más que mi ex pero serían muy estúpidos al pensar que no le he dado uso a mi entrepierna. — Todo un espectáculo — susurro aunque claro que nadie me escucha porque están amontonados viendo cómo la mujer de vestido rojo hace un split. — ¡Vamos amiga! — le grita una chica y mis ojos no dejan de recorrer el cuerpo que se mueve al ritmo de la loba de Shakira hasta que entre tanta gente su mirada impacta con la mía. — ¿Quién es ella? — pregunto y no tengo idea de a quién pero aunque yo también tengo los ojos claros, los ojos verdes que me miran son lo más sexy que he podido ver junto a los generosos pechos que se marcan en cada movimiento. — ¿Dónde está Leandro? Lo dejé aquí, el bajo y ahora no sé dónde está. — ¡Han pasado 7 horas imbécil! ¿Dónde está nuestro amigo? — Ya dejen de gritar, pague por la mujer que él quería y debe estar con ella, fue mi regalo por su regreso. Habitación 1369 — !¡Maldita sea mi cabeza! — me renuevo un poco y cada movimiento es un suplicio porque me debo haber tomado hasta el agua del florero. Joder Leandro, eres un empresario reconocido y has sido un irresponsable — tiró el preservativo que está en la cama para ver qué hay dos más en el piso. — Bueno ni tan irresponsable, por lo menos me he cuidado. — Amor — Escucho un susurro adormilado riéndome por su ocurrencia, el servicio completo de la dama de compañía que no sale de su papel llamándome amor. Salgo con cuidado de la cama viendo el desastre de la habitación, mi ropa está por todos lados al igual que las cosas de ella, los preservativos están en el piso haciendome recordar el buen regalo que me ha hecho mi amigo, el vestido rojo del pecado yace en la alfombra y me debato entre despertarla o simplemente irme pero antes que nada necesito una ducha, una urgente pues no solo todo huele a sexo si no también me empiezo a sentir inquieto por querer montar otra vez a esta mujer. Los recuerdos de la noche anterior son algo confuso pero están ahí, una vez que la ví bailando en la barra, moviendo las caderas como experta, escuchando que gritaba que el amor no era color de rosa y que era una loba en el armario que quería salir me hacen reír, admito que para ser una trabajadora s****l es bastante idealista hablando de lo que bonito que es amar pero los rasguños que tengo en los pectorales también me dejan claro el fuego que tiene, nunca había necesitado pagar por sexo pero está vez acepte gustoso porque las generosas curvas y labios de la mujer que sigue dormida desnuda en la cama valieron la pena, una vez que el barman le exigía que baje de la barra, muchos lo pifiaron y la amiga que debe ser otra trabajadora empezó a gritar así que no me quedo otra que apartar a los hambrientos que la querían tocar para tocar sus piernas y decirle que la ayudaba a bajar. Mi 1.88 siempre será una ventaja y sus ojos vidriosos del alcohol y sus manos en mis hombros para sostenerse lo hicieron todo muy bien y más fácil cuando la tomé de la cintura para bajarla sin dejar de mirar sus ojos, una mujer especialmente hermosa, sexy y aunque de la nada empezó a llorar diciendo que nadie le iba a quitar lo que era de ella, acepto el trago que le invite y así vino la competencia de quién tenía más resistencia al alcohol viéndola reír, saltar y en cada movimiento los pechos se le movían haciendo que mi entrepierna sienta el mismo deseo. La aparición de Jerome después de un par de horas de arrastrar la lengua ayudo en mucho cuando me dijo que podía tenerla, al principio no entendí nada pero después de unas copas más, mis manos arreglando su cabello oscuro alborotado y aceptando bailar con ella nos llevaron a otra dimensión, actuado o no hizo un gran trabajo por lo que merece un pago extra si me la puedo coger en un mañanero, después de todo las mujeres como ella o como Isabela, se venden al mejor postor. — Mierda, ¿Qué pasa? — salgo con la toalla en la cintura y medio húmedo al escuchar el grito de la mujer. — ¿Qué pasó? — es hermosa pero luce desastrosa con el maquillaje corrido, envuelta en la sábana y llorosa al mirar todo. ¿Qué te pasa?. — !¡No te acerques! — se aprieta la tela que la cubre y tiene su tacón en la mano en signo de amenaza. ¿Sigues borracha? — ¡Dios mío qué pasó! ¿Qué hice?— grita y me ve con horror haciendo que me ponga furioso. ! ¡Alejate de mí! — Mi amigo pagó muy bien por tus servicios. ¿De qué diablos hablas? — le increpó sintiendo que me tira el zapato y me muevo haciendo que la toalla se me caiga y ella solo abra los ojos como platos. — ¿Qué? No jodas, como si no la hubieses tenido dentro más de una vez — me pongo la toalla y veo que llora repitiendo que esto no puede ser. — ¿Cuál es tu problema? — pregunto con fastidio. Deja de llorar que no te he violado. ¿Qué carajos te pasa? — Me acosté contigo — grita desesperada, sus lágrimas caen sin parar y la veo sentarse en el piso sosteniendo con fuerza la sábana con la cabeza enterrada y no entiendo pero nada. — ¿Cómo pude haber hecho algo así, soy una basura? — repite. — Eres una prostituta y es un trabajo después de todo — hablo sacando un cigarro del bolsillo del pantalón y volteo para recibir una bofetada que me retumba las ideas y me pone furioso. ¡No soy ninguna prostituta gran imbécil! — En tu jodida vida me vuelvas a poner un dedo encima — tomo su mano cuando me quiere dar otra y en el forcejeo la llevo a la cama poniéndome sobre ella. — Ya basta. Me estreso porque se mueve y me insulta de una forma insoportable diciéndome que soy una basura, que me aproveche de ella, de su borrachera y no sé de qué habla pero la furia aumenta. — ¿Me aproveche de ti? — ejerzo mi fuerza y tomó sus manos con una sola sin dejarlas libres encima de su cabeza. !Déjame idiota! — ¿Me quieres decir que eres una pobre mujer abusada cuando jadeaste como loca haciendo que te las coma? — aprieto uno de sus pechos viendo la rabia en sus ojos. ¿Esto también es parte del pago?. — No me toques asqueroso animal, déjame en paz, Suéltame — gime aunque no quiera cuando mis labios pasan por su cuello. — Deja de actuar, puedo pagarte más — hablo sintiendo que mis pelotas sufren por el rodillazo que me acaba de dar. !¡Loca del demonio! — Yo no soy una prostituta infeliz, no se que tanto podríamos haber tomado, no me violaste lo sé, pero estaba borracha. ¡Dios mío! Estaba muy borracha — vuelve a llorar buscando su ropa mientras yo me pongo hielo en el área. — Juro que te voy a dar motivos para llorar si sigues así — ¿Me vas a matar? — pregunta con cierta inocencia que me enoja y al mismo tiempo me excita. — ¿Las nalgadas cuentan? — veo lo roja que se pone. Es imposible que la borrachera te haya hecho olvidar lo que pasó, deja de ser ridícula, si según tú no eres una prostituta, ¿Quien diablos eres? — Una mujer que no te quiere volver a ver en lo que le resta de vida — está ya con el vestido que tiene la abertura más grande que yo le hice al abrirle las piernas. — Pobre loca — me levanto con algo de dolor pero decidido poniéndome frente a ella antes de que salga. — No es como si un hombre como yo quisiera volverse a cruzar con la tipa más maniática y aburrida del mundo — bajo la tira de su vestido sintiendo que tiembla y no es miedo. — Para ser lo que eres, tenía mejores expectativas pero ya veo que fue dinero mal invertido, afortunadamente no mío, yo nunca me equivoco. — Para tener la estatura que tienes, es lo único grande de lo que te puedes jactar. — Para haber llorado pidiendo más duro, permíteme dudarlo — rozo sus labios con los míos y se escabulle para salir corriendo, el impulso de ir por ella me invade por un segundo pero para nada, soy un hombre importante no un puberto que va a correr detrás de una desconocida. La mujer del vestido rojo.
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