— A mí no me importa que éste lugar sea el más prestigioso de la ciudad, mi amiga y yo estábamos aquí y no la encuentro por ningún lado, quiero las cámaras de seguridad, Giselle Davis está desaparecida.
Tome nota, 1.68 más o menos, ojos verdes grandes, cabello ondulado castaño oscuro, tez blanca, estaba con un vestido rojo, !¡Por favor! Ayúdenme a encontrarla o juro que voy a incendiar este lugar. — ¿Por la señorita que está haya?
— !Dios mío, amiga! — siento los brazos de Lauren que se estrella sobre mi y me aferro a ella llorando. !Oh por Dios! ¡Policía!.
Grita nuevamente y ahora no se porque pero lo voy entendiendo, de un momento a otro la Lauren alegre de siempre me mira con los ojos llenos de lágrimas sosteniendo mis hombros diciendo que la perdone, no tengo cabeza para entender de qué habla, la gente nos mira y yo solo le pido que nos vayamos de este lugar pero sus palabras y desesperación duelen, mi mejor amiga piensa que han abusado de mí, no deja de llamar a la policía haciendo que la seguridad empiece a inquietarse y su voz entrecortada diciendo que esto es su culpa, que no debió dejarme sola ni obligarme a tomar solo me hacen sentir peor.
— Nadie me violó, por favor cállate y vámonos — intento caminar. — ¿De qué hablas? Nena esto no es tu culpa, Giselle por Dios mírate — señala mi vestido algo roto, no tenía idea que tenía chupetes en el cuello y tiemblo desesperada.
— Dime quien fue, que paso. La víctima nunca tiene la culpa. !¿Que paso?!
— !Me acosté con otro! — grito. Nadie me violó, no soy una víctima, me acosté con un desconocido, con un hombre que no es mi novio, con un infeliz que odio con toda mi alma el cual me dijo que era una prostituta — explotó llorando, la gente se aleja, a Lauren se le quieren salir los ojos y corro a la salida con el dolor de cintura y de alma más grande del mundo.
El camino a mi departamento es un suplicio, no puedo dejar de llorar y se que aunque Lauren tiene mil preguntas encima ella es mi mejor amiga y respeta mi silencio y el que entre a mi casa sin querer a nadie más, la pregunta de si voy a estar bien parece una mala broma pero ella no tiene culpa de nada por lo que me deja sola diciendo que cuento con su apoyo y solo le hago jurar con desesperación que olvidemos la noche de ayer y es lo que hace.
Apenas la puerta corro a la ducha sintiéndome asquerosa, las imágenes que empiezan a llegar a mi mente son clavos para mí cabeza, después de salir de la casa de Mark me encontré con mi mejor amiga en el bar contándole con rabia lo que pasó en la cena, mi novio no me dió lugar pero eso no es justificación para haber hecho lo que hice, yo tomando alcohol como si fuese agua, bailando con ella en uno de los clubes más exclusivos gracias al romance que tiene con un gerente petrolero importante, la música, el lujo, la diversión y los aplausos de la gente sintiéndome en ambiente fueron un detonante terrible para el peor error de mi vida, baile en la barra, varios hombres gritaban por mis piernas pero yo solo me quería divertir, no se que diablos me pasó cuando mis ojos chocaron con la mirada de ese tipo, grande, muy grande, presencia arrolladora y ojos de infarto.
Un trago, dos, unos bailes y después no supe más, no sabía dónde estaba Lauren, lo que sí tengo claro es que ya no estaba en el night club si no en un ascensor besándome con un desconocido que me amasaba las caderas y chupaba mi cuello mientras una habitación espectacular nos recibió, breves palabras como preciosa y deliciosa me llevaron a pisar el infierno cuando sus manos me quitaron con fuerza el vestido mientras mi maldita cabeza veía la cara de Mark abriéndole la camisa dejando que me levanté y enrede las piernas en la cintura mientras se quitó todo.
— Soy un desastre — salgo después de no se cuanto mirándome en el espejo.
— !¡Qué diablos Giselle! — repaso los chupetones del cuello, mi pecho izquierdo tiene una especie de mordedura y pasó la mano sintiendo ardor y vergüenza. Mark nunca me lo va a perdonar, ni siquiera yo me lo puedo perdonar.
Enciendo la contestadora y el mundo se ve tan oscuro, tengo muchos mensajes, de mis papás diciendo que soy la mejor hija, de mi hermano diciendo que me extraña y que otra vez se quedó sin trabajo, de mi amiga preguntando dónde estoy y de él.
“Mi amor tienes razón, aunque no debiste irte así, se que la relación entre mamá y tú no es la mejor pero yo te elegí a ti, estoy luchando por lo nuestro, por favor responde”
— Todo se terminó — me aferro a la fotografía de nosotros juntos y no se que hacer, ¿Debería decirle la verdad? No lo quiero perder — pienso, pienso hasta darme cuenta que he dormido no sé cuántas horas, Lauren le ha dicho a Mark que estoy con una fuerte gripe y respondo nerviosa la llamada del hombre que amo diciéndole que estoy bien, que todo está bien, que me perdone y que por favor no venga porque no quiero que me vea así.
— No como una prostituta.
— Ha pasado una semana Giselle, se acabó la depresión, todos cometemos errores, es más quedó claro que esa noche nunca pasó, Mark no tiene porqué saber nada de una noche que no pasó, !¡Arriba! — me jala Lauren sacándome de la cama y empujándome a la ducha.
— ¿Pretendes que no le diga nada? — me cae el agua con todo y el pijama puesta. — Tal cuál mujer, no hay nada que decir, quien lo manda a prestarle más atención a la ex que a ti, vamos amiga solo deja de pensar que Mark Smith es un dios y tú una pecadora, mi amiga eres tú y odio verte así, por favor Giselle eres una luchadora desde siempre, no dejes que un desliz arruine ese romance con el que has soñado toda la vida. ¿Acaso piensas volver a ver a ese hombre?
— !¡Jamás!, no tengo idea de quién es ese tipo y no quiero saber que existe, ese hombre no es nadie y nunca será nadie para mí — respiro hondo intentando acallar mi conciencia y seguir con mi vida.
— Esa noche nunca pasó.
El lunes ha llegado y con un vestido color gris, botas largas negras, el cabello en una coleta y otra mentalidad llegando a la empresa, soy recibida por mis compañeras, recibo todo el trabajo acumulado de la semana y entró a la oficina de mi novio con su café de siempre y los nervios por todo el cuerpo, sus ojos celestes me miran de pies a cabeza y la culpa me carcome el alma, siento que ya lo sabe, él no me dice nada y estoy a nada de echarme a llorar cuando se levanta para abrazarme con amor, besando mi frente y diciendo que me extraño más que respirar, me duele.
— Mi amor — me prendo de su camisa llorando, no soy capaz de mirarlo y la voz de Cameron entrando a la oficina lo hace todo peor.
— Esto es el colmo, yo soy la modelo principal de esta agencia, la secretaria eres tú y ahora resulta que debo hacer tu trabajo — me mira con rabia. — Trae
tres cafés Giselle — me ordena y se sienta en el escritorio como si nada.
— ¿Perdón?
— Digamos que yo te puedo perdonar porque tengo cierta consideración con los empleados, pero no creo que el lo haga — hace un gesto con las cejas señalando la puerta y el mundo se me viene encima cuando veo al hombre que está ahí, el mismo desconocido que fue un error, el mismo que me mira con sorpresa sin entender nada y él mismo al que Mark va a abrazar feliz llamándolo hermano.
No puede ser.