―Las cosas con mi jefa son así, no lo tome personal. ―La sonrisa de Janina era burlesca, pero la disimuló con una amable. ―Trata a todos por iguales, para ella no hay apellidos que valgan. ―Michael tensó la mandíbula.
―Debería reconsiderarlo, son los apellidos los que pesan. ―Aseguró.
―No para ella. ―Se encogió de hombros. ―Ella ve más de lo que es capaz la gente, ya sabe como es esto. La gente puede ser un completo fracaso y solo por su apellido suelen verlo como éxito. ―Eso fue un golpe bajo para Michael. ―Palabras de la señora VanDhel, no mías. ―Agrandó la sonrisa. ―¿Algo en lo que pueda ayudarlo? ―Michael miró la puerta del despacho y deseó interrumpir y pedirle una explicación de porque era tan odiosa con él, pero mantuvo la compostura.
Cinnia miró a todas partes, ella había escapado de su niñera y ahora no sabía donde estaba, intentó parar un taxi, pero nadie la veía por ser tan pequeña. Empezaba a asustarse y arrepentirse de haber escapado para ir con Blue.
―Señorita. ―Cinnia miró a la joven con sus ojitos llenos de lágrimas.
―Oh, cielo, ¿Estás bien? ―La mujer que vende flores miró a todos lados. ―¿Te has perdido, cielo? ―Cinnia negó, no es tonta para decir eso.
―Necesito llamar a mi mami, papá está aquí al lado. ―Señaló el establecimiento a su lado. ―¿Puede prestarme su móvil? ―La mujer no estaba muy convencida.
―¿Por qué tu papi no lo hace? ―Cuestionó.
―Porque él no quiere a mi mami y yo solo quiero hablar con ella. ―Hizo un puchero y las lágrimas rodaron por sus mejillas. ―Extraño a mi mami.
―Oh, cielo, no llores. ―La abrazó. ―Entremos, hablaremos con tu mami. ―Cinnia asintió y siguió a la mujer, agradeciendo el escondite.
Blue estaba hablando animadamente con Richard de lo que harían una vez llegaban al Reino Unido, sorprendentemente el hombre era más interesante de lo que ella había notado en un pasado y su manera de hablar es amable.
―Entonces, ya que hablamos de trabajo, ¿Me dirás por qué me ignoras siempre? ―Blue se sintió incómoda por la pregunta,
―Oh, lo siento. ―Le mostró el móvil y con ello la llamada entrante. ―¿Sí? ―Respondió extrañada, no conocía el número y las personas que tenían su número personal ella las tenía registrada a todas.
―Señorita Blue, estoy con su hija en la florería “Dulce Miel” quiere hablar con usted.
―Mami. ―Al escuchar esa vocecita supo que se trataba de Cinnia, lo que no comprendía era porque le llamaba mamá y porque se sintió tan bien escucharla. ―¿Puedes venir? Te necesito.
―Voy para allá. ―Blue no cuestionó, ella solo actuó. ―No te muevas de ahí. ―Tomó su bolso. ―Richard, ¿Podemos dejar esto para más tarde? Debo salir.
―¿Quieres que te acompañe? ―Él se preocupó por ella.
―No, de verdad debo ir sola. ―Le sonrió viendo lo bueno que era. ―¿Y sabes? Quizás en el Reino Unido, cuando esté más libre, podamos salir. ―A Richard le brilló la existencia misma.
Blue optó por agarrar un taxi, de esa manera nadie sabría que ella salió de la empresa y no la llamarían para cosas tontas. Al llegar a la floristería entró corriendo, la voz de Cinnia no le gustó, se escuchaba asustada.
―¡Blue! ―Cinnia corrió a ella y la abrazó con fuerza. ―Gracias por venir, estaba muy asustada. ―Empezó a llorar. ―Yo solo quería ir a verte, pero me perdí. ―Sollozó.
―Oh, cielo mío. ―Besó su frente. ―Gracias por llamarme. ―Miró a la mujer que las observa confundida. ―¿Puede darme un ramo de esas flores? ―Señaló unas blancas, debe disculparse con la niñera que estaba cuidando de Cinnia a la vez que agradecía a la mujer con una compra.
―Muchas gracias. ―La mujer se despidió de ellas. ―Espero que pases tiempo con tu mami, Cinnia. ―Se despidió agitando la mano al igual que la niña.
La niñera de Cinnia miró a Blue llena de pánico, la hacía durmiendo y por eso ni siquiera se percató de que la niña había escapado. Estaba tan avergonzada que no quería aceptar las flores, pero Blue insistió y la mujer como agradecimiento la dejó quedarse.
―¿Brillitos? Ya llego papá y… ―Michael quedó congelado al ver a Blue junto a su hija y la niñera, él endureció el gesto listo para explotar.
―Ella se escapó. ―La niñera miró el piso. ―Lo siento, pensé que estaba dormida y la señorita la trajo aquí.
―¿Por qué siempre estás cuando mi hija hace algo malo? ―Gritó furioso. ―¿Por qué desde que entraste a nuestras vidas mi hija no deja de comportarse como una desobediente?
―¿Me está culpando a mí? ―Blue que le había pedido ropa prestada a la mujer, se puso en pie.
―¡Sí! ―Gritó más cabreado. ―¡No te quiero cerca de mi hija nunca más! ―Antes de que Blue pudiera responderle el móvil la cortó.
―¡¿Qué?! ―Gritó respondiendo.
―Voy a ignorar tu grito. ―Janina se molestó. ―Es tu hija.