Capítulo 2: Solo.
【Zion】
—¡Paulette!. — Grito cuando la veo irse por la nieve, mi instinto animal me impulsa a correr, entre la nieve que es algo muy difícil de hacer. Mis pies no soportan lo frío de la nieve, ando descalzo. Eso no me importa, por lo que sigo corriendo sin importar el dolor que se acumulan en mis pies.
Mi vista se dirige hacia donde estaba, ya no la veo por lo que sigo corriendo como un animal, llego a donde se encontraba y me percato de que hay un hoyo en el piso de hilo, mi corazón va a millón, sintiendo la adrenalina y la necesidad de buscarla, mis manos acarician la nieve haciéndome visión a ver si está bajo hielo.
Observo que está perdiendo poco a poco la respiración, busco en mis bolsillos de mi pantalón, no encuentro nada para romper el hielo, así que formo mis manos puños y empiezo a golpear el hielo como maniático.
—¡Vamos hazlo por ella!. — Me reclamo, sin ver que aún no logro romper el hielo.
***
Gruño, me siento en la cama, inhalando y exhalando frenéticamente, todo sudado sin saber muy bien que ha pasado. Primero llevo mi mano hacia el lado derecho de la cama, siento algo suave, llevo mi mirada hasta lo que estoy tocando y es Paulette dormida. Una exhalación de alivio se escapa de mis labios, me echo otra vez en la cama, calmando mi respiración agitada.
—Agh… Solo fue un mal sueño. — Susurro para dejarme en claro que es un barato sueño que hace que se me agite el cuerpo. Sé que no recuperaré el sueño, por lo que me levanto y camino descalzo hacia la cómoda que está del otro lado de la habitación nada más para ver qué hora es.
—Son las siete y cincuenta y cuatro de la mañana… Mmm… Creo que he dormido las ocho horas. — Mascullo tranquilizado de por lo menos no andaré de mal humor, por no haber descansado bien.
Camino hacia el baño, enciendo la luz, hago lo que tengo que hacer en ese lugar. Aprovechando me voy hacia la ducha para refrescarme y quitarme todo el sudor de esta mañana y de la noche anterior. «Me encanta terminar sudado por las noches, es algo a lo que me he acostumbrado».
Eliminando cualquier suciedad de mi cuerpo junto con el jabón y el champú, salgo de la ducha y me estiro tomando una toalla del estante de pared, me seco un poco y la envuelvo en mi cadera. En el lavamanos aprovecho para cepillarme y peinarme hacia atrás, que al final mi cabello por naturaleza queda de lado.
Doy unos pasos hacia la cómoda que ya había visto a penas me desperté, jalo los primero cajones encontrándome con nada, ya que no habíamos habitado este cuarto, así que tal vez me encuentre algo de ropa en el armario, solo para ahorrarme la ida hacia al tercer piso para buscar ropa a la habitación principal.
Observo a Paulette que está durmiendo plácidamente sobre las sabanas, ella se mueve juntando sus piernas, tal vez tenga frío, por lo que tomo las sabanas que al moverse ella misma aparto y la arropo. Sonrío por la ironía, volteo todo mi cuerpo, para abrir el armario consiguiéndome con un pantalón Nike gris, lo tomo.
Y sin nada que perder me lo coloco sin importarme el hecho que no llevo bóxer. Dejo la toalla tendida en el mismo armario y los cierro. Supongo que convivir con Paulette en la misma casa, me ha hecho ser una personas más ordenada, se lo debo a ella.
Salgo de la habitación, me estiro ya que ayer por la mañana hice ejercicio, me duele mucho la espalda, lugar que no me había dolido en todo el día de ayer. Me voy hacia las escaleras, las bajo con rapidez, encontrándome con la sala.
Observo que en el sofá está mi teléfono avisándome que hay una notificación o que está muy descargado. Así que antes de hacer el desayuno, lo agarro, me siento en el sofá para ver de qué se trata.
Lo enciendo, se trata de las dos cosas, ruedo los ojos, porque está casi totalmente descargado, no me gusta que esta porquería esté por morir. Lo desbloqueo sin tiempo que perder y en la bandeja de mensajes, me encuentro que tengo dos mensajes de mis copias favoritas.
“Tarado, espero que estén bien y no me hagas tío rápidamente, ya fuera de juego, quiero que vengas a la empresa, lo más pronto posible. Sabes que tenemos que discutir algunas cosas antes de que… ya sabes. Te espero”.
Es un audio de Lion, suena muy animado, lo que me descoloca un poco, más al final entiendo su tono inseguro, sobre los percances que debemos de aclarar.
“Está bien, espero que no mueras solo y virgen, ya voy para allá”.
Le respondo de la misma manera, siguiéndole el juego, observo que me mandó el mensaje hace treinta y seis minutos, sé que después de tanto tiempo por lo menos a esta hora si no le respondo a tiempo, se duerme, por lo que posiblemente esté durmiendo. Abro el chat de mi muchacho.
“Zion, buenos días, espero que no se te haya olvidado venir, por favor avisa media hora antes, por donde vas que ya sabes los protocolos, cuídate y cuida a Paulette por favor”.
Su tono serio es lo que capta mi atención, entonces, no deben de estar dormidos, por lo que decido escribirle algo rápido.
“Estoy en casa aún, en unos minutos estaré en la vía”.
Le aviso mientras que me levanto del sofá, me voy hacia la isla de la cocina para tomar, el cargador de este aparato y busco en pocos segundos con la mirada un enchufe, al ubicarlo me voy hacia la mesita y, me coloco a la altura de la mesita, pongo a carga el teléfono.
Tomo postura y junto mis manos, sonando mis dedos camino hacia la cocina. No tengo una especialidad en específico porque si fuera por mí, tomo cualquier cosa de la nevera que me apetezca o que me llame la atención y me la como.
Me paro frente de la nevera y la abro, sintiendo el aire frío chocar contra mi cuerpo, la barro con la mirada, lo hago como tres veces, ya que no me decido que tomar para convertirlo en arte.
—Es que tomo lo que toco con las manos, inevitablemente se vuelve arte. — Mascullo, enunciando lo que estaba pensando. Tengo buena mano para todo, así que me puedo despreocupar por varias cosas.
Gruño por mi indecisión, cierro la puerta de la nevera, aunque sé que la voy abrir más tarde, del estante tomo la bolsa de pan de sándwich y lo coloco en la isla, me voy hacia donde están los platos y tomo dos.
Los coloco igualmente en la isla y reparto cuatro panes en cada plato, cierro la bolsa y la coloco donde estaba, abro la nevera y saco una bananas, pepinillos, tomates, lechuga, crema blanca para untar, arándanos, huevos, crema de atún para untar.
Dejo eso en la isla y del lado lateral de la cocina tomo la tabla de picar y un cuchillo, preparado, tomo las bananas, las pelo y las corto en rodajas y las echo en un pan de cada plato.
Dejo el cuchillo, recuerdo que tengo que poner a hervir los huevos, así que lo hago, también aprovechando la interrupción preparo la máquina del café, para tener dos cosas que se vayan haciendo solas. Voy hacia la tabla, pico el tomate y los pepinillos. Tomo la crema de untar y las pongo sobre dos panes de cada plato, en ellos les coloco la lechuga, el tomate y los pepinillos.
Con la mermelada lo unto en el pan final, agregándole los arándanos, casi se me olvida el jamón, y lo coloco en uno de los panes con temática salada. Al final tomo un plato pequeño y abro la nevera, tomo fresas, manzanas.
Las corto y las pongo en el plato junto a bananas y arándanos, para terminar de completar el platillo, miro hacia la cocina y los huevos ya está, por lo que el agua la echo en el fregador, les quito las cocha. «Les quito la concha».
Me lanzo a reír, por lo que se me ha cruzado por la cabeza, se me queman también los dedos, más termino y los corto en tres parte repartiéndolo en cada plato. Limpio y ordeno la cocina, dejándola en buenas condiciones, tomo una taza y vierto el café.
Levanto mi mirada hacia el reloj de pared que está en la sala y son las ocho y media, normalmente Paulette se despierta temprano, pero cuando se queda dormida, no sé cuándo se despierte. Los últimos días han sido agitados por lo que prefiero no despertarla y comer en la isla, solo de todos modos la vista por el ventanal no está nada mal.
Tal vez me esté convirtiendo en un hombre de casa, cuestión que me asusta, pero a la vez es divertido.
—Buenos días, Zion Agreste. — Mis ojos se desvían del ventanal y se posan en la mujer desnuda que baja las escaleras, logrando hipnotizarme. No sé si es porque su forma de bajar las escaleras sea sensual o solo porque está desnuda logra captar mi atención. Pero, cada vez que amanece, está más bella.
—Porque usar mi nombre cuando puedes decirme de otra manera. — Le insinúo, ella se echa a reír llegando hasta estar del otro lado de la isla, retándome con la mirada.
—No quiero, me gusta mucho tu nombre. — Me refuta y nada más puedo sonreír mientras que me levanto y rodeo la isla y resguardo una distancia entre ella y yo.
—No me puedo acercar a ti, porque sabes que va a pasar, más solo quiero un beso de buenos días. — Le advierto, ella sonríe dando algunos pasos hacia mí, no lo resisto más y mis labios se encuentran con los de ella.