Sol Mercer: Mis manos rodean el cuello de Perseo mientras me lleva de vuelta a la casa. Me aferro a él con piernas temblorosas. Mi piel está húmeda por todo lo que me acaba de hacer afuera. No sé cómo estoy consciente ahora mismo. Siento el cuerpo agotado, como si alguien me hubiera extraído hasta la última gota de fuerza y aun así me hubiera dejado con ganas de más. Solo se detiene una vez, justo al cruzar la puerta. Se inclina hacia adelante, se agacha y se quita las pantuflas con la misma precisión que usó ayer cuando entramos por la otra puerta. Con cuidado. Un pie, luego el otro. Perfectamente alineados junto a la puerta. Y yo solo... miro. No porque importe. Sino porque no puedo entenderlo. Lo he visto entrar a otros lugares sin pestañear. La casa de sus padres. Mi apartamento.

