CAPITULO 3 TRESILLIAN BLACK

2662 Words
Habían pasado casi dos semanas y media desde que llegó allí. Violet era muy centrada y dedicada a lo que le enseñaba, considerando que era una niña de 8 años. También muy inteligente. Descubrió que no le costaba memorizar las cosas. Lo que significaba que probablemente tenía memoria fotográfica. En lo referente a cómo se sentía allí, pues, se llevaba muy bien con prácticamente todo el personal, Ceagan, Tomas y Johnny, los dos chicos que asistían al mayordomo; con Georgiana, pero por alguna razón desconocida las chicas la ignoraban, en el mejor de los casos. A veces le daban información falsa de dónde se encontraba Violet o de cualquier otra cosa que les preguntaba. Era como si se divirtieran metiéndose con ella. Y, se dijo que no caería en su actitud infantil. Estaba allí para hacer un trabajo y a pesar de que le dolía, en cuanto pudiera, se iría y jamás las volvería a ver. No había visto al dueño de casa, el señor Tresillian Black, pero, suponía que no era raro porque se la pasaba trabajando. A veces, en las noches, le parecía oír pasos en los corredores como de zapatos de hombre. Sabía reconocerlos, porque solía esperar de niña a su padre regresar del trabajo en las noches, y tenía calcado en su memoria el tipo de sonido que los zapatos de charol hacían. Pero de momento, no le había visto. Había terminado de enseñar las sumas a Violet y le había dejado que saliera a jugar al jardín. Amaba estar afuera con la naturaleza. Ella había tomado un libro de la biblioteca y se había sentado junto a la ventana entreabierta a leer. Se quedó dormida y cuando despertó, ya había anochecido. La habitación estaba a oscuras, a excepción de la luz de luna entrando por la ventana. Se incorporó, tomando el libro caído en su pecho, y cuando alzó la mirada vio que había alguien parado unos metros de ella. Pegó un respingó y el libro cayó al piso.- ¡Santo cielos!-El sujeto no se movió, continuó contemplándola. –No te vi allí parado.-dijo como si de alguna manera ella hubiera hecho algo mal y tuviera que disculparse.- ¿Quién eres? ¿Uno de los sirvientes?- El sujeto, a quien no podía ver muy bien, tan sólo se le quedó mirando en silencio un momento antes de finalmente decir:-¿Lo parezco?-había un deje burlón en su voz. Resopló haciendo volar el mechón que se había escapado de su corona. Estaba harta de que se la tomaran con ella para divertirse. Se levantó de golpe, su larga cabellera meciéndose con el movimiento.-Mira, un sí o un no, es suficiente, ¿no te parece?- Él se rió, un sonido grave y rico.-Me disculpo, no pretendía que te sientas atacada.- De nuevo, ella se sintió que exageraba. Suspiró.-No, me disculpo yo, es que todos parecen que están divirtiéndose a costa mía y una llega al límite de su paciencia.- -Es entendible.- Se hizo un silencio, en que ninguno de los dos sabía con qué llenar. Ella fue la primera en romperlo.- ¿Acabas de llegar? No creo que te haya visto antes.- El rió de nuevo suavemente.-Sí, acabo de llegar.- -Ahhh…- -Tú también.-afirmó.- Eres la nueva…¿niñera?- -Tutora, sí.- Otro silencio. -Pues, bueno, debo irme. Ha sido todo un placer charlar contigo…-dejó el espacio para que ella llenara:-Carrie. - -Carrie.-repitió como si pronunciara cada letra y algo en su interior se estremeció de la más agradable manera. -¿Y, tú?- No le contestó, se volvió saliendo de la habitación. Eran pasadas las ocho treinta, estaba en su dormitorio terminando de preparar la lección para el día siguiente, cuando tocaron a su puerta. Fue a abrir la puerta y se encontró con Georgiana.- ¿Qué sucede?-le preguntó al ver su rostro contraído en preocupación. La mujer entró sin pedir permiso.-Lo siento, Carrie, pero necesito que bajes al salón.- -¿Por qué?- -El señor ha regresado y quiere entrevistarte.- -¿Qué?- -Vamos, vístete con tus mejores ropas.-dijo caminando hacia el gran ropero cerca de su cama. -No entiendo. Megan ya lo hizo, bueno, ya me contrató, ¿verdad?- La anciana se volvió con prendas en sus manos.-Sí, sí, eso no cambia nada. Ella es su segunda mano, pero, supongo que quiere conocer a la persona que enseña a su hija.- -Oh, claro.-dijo comprendiendo. La mujer empezó a querer levantarle la blusa, pero ella se hizo para atrás. -Lo siento, niña, es que estoy nerviosa. Cada vez que regresa siento que va a estallar el lugar. Nunca se sabe con qué puede salirse. – -¿Tan malo es?- -¿Qué?-le miró perpleja, y luego parpadeó.-No, no, bueno, algo, quiero decir, ha pasado por mucho, es comprensible que sea algo…brusco.-le dio una mirada lastimosa.-Espero que no haga que te vayas. Me agradas mucho.- Tomó un respiro. –No lo hará.- Se cambió a lo que consideraba unas ropas mejores, jeans rasgados y una blusa con volados, muy similar a la que la verdadera Carrie usó. Se comprobó en el espejo colgando de la puerta de su ropero, que la trenza coronando su cabeza estuviera prolija, era el peinado que siempre llevaba, luego, se puso de lado para mirar a su largo cabello castaño cayendo en suaves ondas por su espalda, y conforme asintió para sí misma para darse confianza antes de abandonar su habitación. A ese punto, ya sabía orientarse por la gran mansión y no tardó en encontrar el salón. Empujó las pesadas puertas. El lugar estaba a oscuras a excepción de luz proveniente de la chimenea. Era fuera de lo normal que estuviera encendida, porque pese a ser inicios de la primavera, tampoco hacía tanto frío como para necesitarla. Veía botas por debajo del sofá individual de cuero, a juego con el resto del mobiliario, frente al fuego, por lo que imaginó que era él sentado esperando. Se encaminó allí con pasos cautelosos. No había nadie más que ellos dos. Se detuvo delante y mantuvo sus manos entrelazadas, intentando que no viera cómo le temblaban de lo nerviosa que estaba. Esperó lo que se sintió un extenso segundo para mirarle, reuniendo el valor. El fuego crepitaba en el ensordecedor silencio. Tomó una respiración honda y alzó la mirada. Él se encontraba muy cómodamente recostado en el sofá, su mano izquierda cerrada alrededor de un vaso de whisky descansando sobre el posabrazos, vestía un impecable caro traje azul egipcio, sus largas piernas cruzadas muy elegante como también arrogantemente, zapatos de charol lujosos como sus prendas, sus ojos un intenso azul índigo, ocultos tras redondas gafas, contemplaban al fuego, su expresión seria, dura como si pensara profundamente en algo. Una incipiente barba recortada prolijamente, enmarcaba su mandíbula, su cabello n***o azabache estaba sujeto con una coleta en la nuca. Era muy masculino. Y, atractivo. Debía estar en sus treinta tantos, quizás treinta y dos, y no parecía que alguna vez le hubieran enseñado a sonreír. De pronto los ojos de él se movieron, trabándose en ella y casi da un respingo del susto, pero logró controlarse.- ¿Eres la nueva empleada?-le preguntó, su voz profunda, masculina, totalmente maleducada y por alguna razón familiar. -La tutora de Violet, sí.-le corrigió. La mirada de él se estrechó.-Trabajas para mí, así que sí, eres mi empleada.- Rechinó los dientes.-Si quiere ponerlo de esa manera, sí, pero entonces, usted también trabaja para otro.-él torció la cabeza.-Sus negocios dependen de la aprobación por parte de terceros, lo que significa que si no lo hace bien, su negocio va a la quiebra. En conclusión, necesita de otros y trabaja para otros.- Él se le quedó mirando, sus labios apretados en una tensa línea. -Es cierto…-dijo de pronto. Ella respiró en alivio.- no pareces inteligente.- -Y, usted no parece educado.-las palabras salieron de su boca antes de que su cerebro pudiera frenarlas y se reprendió. Debía cuidar su lengua si quería mantener su trabajo allí. No debía dejar que llegara a su vena sensible. Él rió, un sonido bajo.-Cierto, de nuevo.-se enderezó en su asiento sin dejar de mirarla. El movimiento fue como el de un felino, suave y calculado, su cuerpo era grande, hombros anchos, brazos musculosos, muy masculino. Se sentía pequeña en comparación, y muy incómoda, como un insecto bajo la lupa.-Bueno, me alegra saber que tengo una empleada lo suficientemente inteligente que le enseñará bien a mi hija.- -Lo tomaré como un cumplido.- -Tómalo como quieras, pero si no lo haces bien, estarás despedida, ¿entiendes?- Ella tragó saliva.-No espero trato especial.- -No dije que lo fueras a tener. Aquí se hacen las cosas a mi manera, si no estás a la altura, te largas. No espero resultados mediocres, o, eres excepcional o…-silbó apuntando su pulgar a la puerta. -Entendido.-fue todo un logró que su voz no temblara. Sus manos se estrujaban de los nervios y asustada que él la ponía. -Espero que en verdad lo hagas porque si no rindes o veo que causas problemas al resto del personal, estarás de regreso al lugar de dónde sea que Megan te haya sacado. Estás a prueba desde hoy. Recuérdalo.-hizo una breve pausa regresando la mirada al fuego.-Puedes retirarte.- Apretó tan fuerte los dientes que su mandíbula dolió.-Buenas noches, Señor Black.-se despidió y con eso abandonó el salón. Escuchó pasos y risitas de chicas por el corredor y no le costó saber que habían estado escuchándolo todo. Lo ignoró y fue a su habitación. Se desplomó contra la puerta. Las piernas le temblaban. Era tan aterrador e imponente. Ya no estaba segura de querer seguir trabajando allí. De pronto un pensamiento la golpeó. ¡Era él! Su voz, era la del sujeto misterioso que vio la otra vez en el salón cuando despertó y ella asumió que era otro de los sirvientes. Pero…¿Por qué fingió ser otra persona? ¿Él también se estaría divirtiendo tomándole el pelo? ¿Así eran en esta casa? Eso le enfadó aún más porque parecía que todos habían complotado para hacerla querer renunciar y salir corriendo como una gallina. Les demostraría lo contrario. Podía ser que ella no tuviera el fuerte físico para dar pelea, pero su voluntad era inquebrantable. Jamás le daba vuelta la cara a un desafío y éste no sería el primero. Miró a la puerta como si él estuviese allí: “¿Oyó, señor Tresillian Black? Estoy para quedarme.” Eran cerca del mediodía. Había dado una clase a Violet en el jardín aprovechando el hermoso sol y cielo azul. Le había llevado unos libros de ciencias naturales de la biblioteca y en términos en que la niña entendiera le había hablado de la vida natural y silvestre. Violet le oyó con atención, absorbiendo cada palabra que salía de su boca. Lo que era algo intimidante, porque debía ser cautelosa con lo que decía. Su pequeña cabecita era una esponja y no quería que quedara manchada con algo. La dejó disfrutar del jardín y regresó a guardar los libros. Caminaba por el corredor del tercer piso, cuando oyó un murmullo. Se detuvo, y miró hacia su derecha al corredor que terminaba con un gran ventanal. Las voces se convirtieron en suaves risitas. Parecían ser de chicas. Curiosa, se dirigió allí. Llegó a la puerta. Estaba entreabierta. Miró por el espacio abierto de cinco centímetros y vio a dos chicas. Marion y Sarah. Sarah era unos años menor a Marion que estaba en sus 24 años, un año menor que ella. Marion tenía en sus manos un elegante vestido de coctel de lentejuelas negras, que estaba segura que no era de ella. Se lo apoyó en el cuerpo, simulando que estaba en una fiesta. Sara detrás se le acercó imitándola con otro vestido. Era hermoso. Una exquisita seda roja y terminaba en una larga cola. “Debían ser los vestidos de la esposa del Señor Black” pensó Carrie. Eso le hizo enfadar. Estaban, además de burlándose de ella, ultrajando sus pertenencias. Antes de que pudiera mediar pensamiento, ya había empujado la puerta, dejándola que se abriera de par en par. Las chica se sobresaltaron, muy probablemente pensando que era el señor Black.- ¿Qué piensan que hacen?-su voz le salió enojada. Marion al saber que era ella, exhaló y le rodó la mirada haciendo una mueca de fastidio.-Vete. No es de tu incumbencia.-y se volvió al espejo. Dio otro paso.-Lo es. No son tus cosas.- Sarah le chasqueó la lengua.- ¿Y? La señora muerta no las va a usar nunca más, ¿cuál es tu maldito problema?- Abrió la boca para contestar, pero Marion se le adelantó:-Es que ella planea ser la siguiente esposa del señor Black, por eso, Sarah.- Frunció el ceño.-Claro que no.- Sarah rió.- ¡Mira cómo se le pusieron rosas las mejillas!-se carcajeó con fuerza.-Claramente piensa seducirle y hacerle que se case con ella así puede mandonearnos a su antojo.- -¡Dejen de decir tonterías, y regresen las ropas de la señora Black a su lugar! –no se movieron.- ¡Inmediatamente!- Marion le devolvió una mirada recelosa. Arrojó despectivamente el vestido n***o dentro del armario, y caminó a ella. Se detuvo delante y le picó el hombro con el dedo.-No me digas qué hacer, zorra, o te haré arrepentir.- Carrie tragó saliva, asustada, pero alzó su mentón.-Largo.- La esquina de la boca de Marion se torció en una sonrisa que no le gustó. Sin dejar de mirarle a los ojos, dijo hacia Sarah:- Vámonos, aquí apesta a mierda.-le pasó de largo chocándole el hombro. Sarah tiró el vestido al piso, y pasó a su lado también dando saltitos y tarareando. Le gesticuló con los labios “puta” antes de irse con Marion. Sintió ganas de llorar. Parecía que la escuela se repetía. Había sufrido acoso de chica y pensó que al dejar la secundaria no volvería a experimentarlo, pero parecía que no sería el caso. Colgó los vestidos con cuidado en el ropero. Se sentía mal por la señora Black. Ella confió en esas chicas para que cuidaran de sus cosas, de su hogar, de su hija, y ellas se burlaban de su memoria. Soltó un triste suspiro, y se giró para irse, cuando vio al Señor Black parado dentro de la habitación junto a la puerta. De inmediato sintió miedo.-Y-Yo…-tartamudeó, sabiendo la idea equivocada que debía estar haciéndose de ella allí.-No es lo que…-él la interrumpió:-Señorita Woods, ¿acaso no hablamos de que no debía meterse en problemas?- Ella bajó la mirada al piso.-Sí, señor.- Él caminó.-Y, ¿eso implicaba que debía entrar en la habitación de mi esposa y probarse toda su ropa?-se detuvo a centímetros de ella. Podía sentir el enfado radiar de su cuerpo. Se mordió el labio con fuerza.- ¿Señorita Woods?- -L-Lo siento, pero no era yo.-logró decir. Hizo un silencio y preguntó:-¿Entonces, quién, señorita Woods? Porque sólo la veo a usted aquí.- Tuvo la sensación de que le tomaba el pelo. Apretó las manos en puños duros, sus uñas clavándosele en la carne.-No fui yo.-repitió. Ella miraba a sus zapatos de charol, y vio que movía el peso de su cuerpo de una pierna a otra.-Dígame quién fue y queda eximida.- -No puedo.- -¿Porque no es verdad?- Eso le hizo alzar la mirada encontrando su rostro agazapado sobre el suyo. Tuvo una extraña sensación de ser consumida por él, sus ojos fijos en los de ella, como si la atravesara y llegara bien profundo donde se encontraba su alma desnuda.- Jamás miento.-su voz le salió con sorpresivamente fuerza.-Y, jamás delataré a alguien. Si algo está sucediendo bajo su techo, es usted quién debería investigar, no yo.- Se le quedó mirando. No tenía idea de lo que pasaba detrás de esos ojos azules aguamarina. Quizás finalmente la despediría. Él dio un paso al costado.-Fuera.-ordenó sin más. Ella se quedó dura un instante, sin poder reaccionar. Tragó saliva, e impulsó su pie a moverse hacia delante y luego el otro antes de salir corriendo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD