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854 Words
Primer Encuentro Killian observó el salón de visitas con atención. Nunca había entrado a la casa del conde a pesar de vivir casi toda su vida en la finca. No podía decir que el ducado era alegre o bonito ya que no tenía muchos puntos de comparación, pero la mansión del conde parecía más antigua y desgastada que la finca. Los colores opacos y poco lustrosos daban un aire más sombrío y triste como si se hubiese quedado en tiempos mejores... La sirvienta entró con un carrito dejando té y galletas sobre la mesa frente al sofá donde estaba sentado. - La señorita bajará en un momento, joven maestro - le dijo - Acaba de despertar después de la fiebre. - Esperaré. - le dijo con una perfecta etiqueta cuando la mujer le sirvió el té y luego se retiró. Killian probó una galleta y sonrió. Eran frescas, pero su sabor era diferente a lo que estaba acostumbrado. Sabían muy bien. Tomó otra y otra más...hasta que se atragantó cuando la puerta volvió a abrirse para dar paso a una sirvienta que anunció a la señora y a la señorita. Se levantó cuando la mujer se inclinó para saludarlo y luego entró la niña tras ella y la imitó. - Por favor tome asiento joven Byron. - le dijo la mujer - Ya conoce a mi hija Viktoria. - Encantado de ver que se ha recuperado, señorita... - De La Cour...- interrumpió su madre. - Encantado, milady - le dijo sentándose después de que lo hicieran las mujeres en el sofá de enfrente. Killian observó con curiosidad a la niña frente a él. Cuando la vio empapada cerca de la orilla del rio cercano a la finca del duque mientras montaba a caballo casi se detuvo su corazón al ver sus ojos cerrados sin reaccionar. A sus trece años aún no tenía la fuerza suficiente, pero de alguna manera la subió al caballo y la llevó a la finca del conde. La cubrió con su abrigo y la aferró a él como si su vida dependiera de ello. Pudo oler su aroma a flores silvestres en su cabello pegado al rostro, pero aún podía ver con claridad la piel blanca, en ese momento pálida, de sus mejillas. Llevaban cuatro meses en el lugar, pero no las había visto salir hasta que la vio ese día... Ahora, con su cabello peinado con una cinta y un vestido claro, podía ver de cerca su aspecto. Lo que más le llamó la atención eran sus ojos verdes, parecidos a los de su padre mirándolo directamente, sin miedo, como si lo hubiera visto toda la vida. Su actitud directa le gustó. Debido al título de su familia, la mayoría de los nobles y vasallos bajaban la cabeza evitando su mirada por lo que la mirada curiosa que veía ahora en la niña era refrescante. ¿Era porque venía de Francia que tenía una etiqueta menos estricta que la inglesa? Lo dudaba. La nueva condesa, seguía la etiqueta sin problemas por lo que ambas debían ser mujeres educadas. Esa actitud era de ella y sólo de ella. De Viktoria... Dijo ese nombre varias veces en su mente y luego lo probó en sus labios... - Lady Viktoria - le dijo - ¿Se siente bien ahora? - Si, joven duque - le dijo con las manos apretadas en su regazo- Gracias por haberme salvado...Aún no conozco el lugar. Debo haberme caído. - Fue una verdadera suerte que el joven duque estuviera pasando por el lugar.- dijo la condesa - Llegamos hace poco y aún no hemos hecho un recorrido por los alrededores. - El invierno fue duro este año - le dijo Killian educado - Una vez que la primavera llegue podrán disfrutar del lugar - Ciertamente. Un incómodo silencio llenó el salón por lo que Killian se levantó agradeciendo el té. - Me alegro ver que se haya recuperado, lady De la Cour. Ya les he quitado mucho tiempo... - Cuando el clima mejore, estaremos honradas si gusta acompañar a Viktoria a tomar el té - soltó la madre de repente haciendo que la niña se atorara con el líquido - Aún no tiene amigos en esta nueva tierra. - Agradezco la invitación, condesa. - le dijo caminando a la salida del salón escoltado por la sirviente - Enviaré una carta preguntando la disponibilidad de la señorita... La niña se levantó y lo observó prepararse a atravesar el dintel de la puerta y el verlo alejarse la angustió. Lo había visto tantas veces dejarla de la misma manera en la finca Dorset, dándole la espalda sin mirarla... - ¡Killian! - llamó sin darse cuenta haciéndole girar sorprendido y ella se estremeció ante su propio impulso - Gracias por salvarme... - le dijo haciendo una perfecta reverencia al estilo inglés que sorprendió a su madre. - Es un honor, milady - le dijo brindándole una sonrisa antes de salir. Viktoria soltó el aire contenido mirando la puerta cerrada. Esos ojos azules como el mar y esa sonrisa torcida aún hacían latir su corazón con intensidad. Esperaba verlo pronto...
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