El Conde
Los días siguientes pasaron rápidamente para Viktoria.
Se mantuvo alerta, observando a cada sirviente que vivía en la mansión identificando a cuales recordaba haber sido leales a su madre y a ella. No quería arriesgarse a entregar su confianza con tanta inocencia como la vez anterior.
Cuando llegaron a la mansión en su anterior tiempo. Varios sirvientes que fingieron ser amables y preocuparse por ella, sólo lo hacían a la vista de la condesa o frente a Killian. En la intimidad, la maltrataban, encerrándola, dándole agua sucia o pan duro sólo con agua y lo peor para ella era ser encerrada en un closet de blancos (donde se guardaban servilletas y mantelería) en el área de la cocina a la que se accedía por un largo pasillo tras las escaleras de la estancia.
Hasta su muerte tenía pesadillas por los recuerdos de ser empujada a la parte baja de las estanterías y cómo las puertas se cerraban con cerrojo dejándola en total oscuridad por horas. El olor a humedad y al almidón hecho por las lavanderas y planchadoras aún estaba grabado en su cerebro.
La doncella personal que atendía a su madre era una joven de no más de catorce años llamada Eva y su hermana de doce, Hellen, se desempeñaba como la doncella de Viktoria. Ambas mujeres siempre las habían tratado con respeto y afecto por lo que verlas de nuevo, la hizo muy feliz. Cuando salió de la casa del conde con ayuda de Killian en ese momento, ambas fueron despedidas y fueron a trabajar a la ciudad donde no pudo encontrarlas.
- Condesa. - llamó Eva a la señora, la que estaba en el salón con su hija cuando un carruaje entró por las puertas del sendero - El conde ha llegado, mi señora...
La sola mención del Conde hizo que la niña se pusiera pálida. Killian la había protegido para salir del maltrato y violencia que el conde le mostraba después de que su madre murió. La acusaba de ser un problema para él ya que tuvo que quedarse con ella como una "molestia". Gracias a la actitud del conde, los sirvientes comenzaron a tratarla mal, tal como lo hacía él, pasando mucho tiempo encerrada en la habitación, a veces sin comida por varios días.
Killian, como buen observador, pudo ver los cambios en su comportamiento y las señales de maltrato, convirtiéndose en su protector. Al final, después de que el noble la golpeó en el pueblo y él lo presenció, el pequeño duque enfrentó al conde e hizo las gestiones para sacarla de la casa y casarse con ella. Tenía catorce años cuando salió de la mansión Edwards.
En su tiempo anterior, estaba petrificada y sola. Si no hubiese sido por las acciones de Killian nunca hubiese podido escapar. Ahora tenía a su madre, por lo que el maltrato de ese hombre no se repetiría. Se aseguraría que su madre no enfermara y si no podía evitarlo, tratar su enfermedad.
Además, con los recuerdos de su pasado, conocía las debilidades del conde y como usarlas para protegerse a ella y a su madre. Confiaba en que no la inscribiría en el registro familiar y eso la libraría de estar unida a él para cuando lo hiciera caer.
Todos los días transcurridos le sirvieron para tomar la decisión de cambiar las cosas que pudiese modificar en el presente. Proteger a la gente que le demostró cariño y hacer que los que la habían pisoteado y humillado se mantuvieran a distancia. Había aprendido con los años, que la gente que obraba mal siempre recibía el pago por hacerlo. Tal vez no de la forma en que ella quería, pero sí siempre de la manera que más le dolía a esa persona. No necesitaba vengarse, si no volverse fuerte con la información que manejaba. Ya no tendrían poder sobre ella o su destino.
Eso era lo que esperaba...
- ¿Chérie? - le preguntó su madre al ver el cambio en su semblante.
- Vamos, mamam - le dijo tomando su mano para ir al exterior de la finca para recibir el carruaje junto a los sirvientes.
Viktoria se paró a la derecha de su madre al tiempo que el carruaje se acercaba hasta la entrada donde el paje bajó para abrir la puerta.
- Bienvenido a casa. - escuchó decir a su madre cuando el hombre que había poblado sus pesadillas descendía.
El conde Edwards era un hombre bajo, gordo con nariz aguileña y cabello castaño. Cómo hombre que pasaba la mayor parte del tiempo en su despacho o en el club de caballeros, su barriga no podía ser cubierta por el chaleco del traje. Sus manos eran cuadradas con los dedos regordetes, posiblemente por el alcohol y la dieta descuidada.
Cómo adulta, varias veces se preguntó por que su madre lo eligió para casarse de todos los pretendientes que tuvo cuando era una cantante famosa, no solo en Francia, si no en varios países de Europa. Cuando tuviese mas edad en este presente, le preguntaría ya que una de sus hipótesis fue que de todos ellos, el conde fue el único en aceptarla como madre soltera con una hija sin padre.
- ¿Tuviste buen viaje, cariño? - le preguntó lady De La Cour besándolo en ambas mejillas a la usanza francesa.
- Si. - le dijo incómodo ante el gesto ya que los ingleses no acostumbraban a saludar de beso - Logré terminar mis negocios antes de lo esperado.
El conde le entregó el sombrero y los guantes al mayordomo y ayuda de cámara entrando a la casa.
- Me informaron que tu hija tuvo un accidente en el rio - le dijo sentándose en sofá del salón mientras le servían una copa de brandy.
- Se resbaló y cayó al agua. - le explicó la mujer sentándose en el sofá de enfrente con la niña - El pequeño duque la ayudó.
-Eso es desafortunado.- le dijo molesto mirando a Viktoria con desagrado - Ha vivido en la finca toda su vida y su ayuda nos dejará con una deuda que debemos devolver. No me gusta el padre y menos quiero deberle algo al hijo...
- Le ofrecí venir a tomar el té con Viktoria...Si estás de acuerdo... - le dijo la condesa.
- Hazlo si con eso nos deshacemos de él. - le dijo despectivo - Que sea en un día donde no esté en casa. No quiero inclinarme frente a un niño sólo por su título.
Las palabras y el tono de voz del conde enfadaron a Viktoria. Bastaba con que la tratara mal a ella, pero no permitiría que hablaran de la persona que siempre la había protegido. Incluso a costa de perder un matrimonio con una noble de alto rango por protegerla del hombre que estaba al frente.
- El pequeño duque es una buena persona. - le dijo seria y el conde la miró sorprendido.
- Vaya - se burló - al fin hablas. Desde que llegaste a la casa te has escondido tras las faldas de tu madre como una sombra y ahora te atreves a responderme para defender a alguien ajeno a la familia- se inclinó hacia adelante haciendo que Viktoria se tensara pegando la espalda en el respaldo - ¿Es necesario recordar quien te alimenta y te viste, señorita?
- No lo ha olvidado, cariño. - intervino la madre apoyando la mano en la rodilla de su hija como si fuese una barrera - Es un niño de su edad y le ha tomado cariño...
- Más te vale no olvidar bajo que techo estás, niña. - se levantó irritado - Y tu, - le dijo a la mujer - no olvides que soy tu esposo. No uno de tus amantes. Obedecerás lo que disponga, es mi casa...
Salió seguido de los sirvientes, dejando a Viktoria y a su madre en el salón pálidas y ansiosas. Sus doncellas se miraron preocupadas antes de sonreírles y ofrecerles algo de té en un intento de aligerar el ambiente.
- Le traeré un té de manzanilla, mi señora. - le dijo Eva- vaya a su habitación a descansar. Hellen llevara a la señorita a jugar a su habitación
- Ve, mamam - le dijo la niña fingiendo no haber notado el intercambio - Iré a jugar con mi muñeca - le sonrió a Hellen quien asintió
- Buena idea, Chérie - le dijo forzando una sonrisa antes de retirarse - Nos veremos en la cena.