"El principio del arrepentimiento es el comienzo de una nueva vida".
George Eliot/Mary Anne Evans
Efectivamente Pearson sabía que tenía que dar más que su palabra, por lo que recurrió a lo único que le daría algo de seguridad a la familia, modificar ligeramente algunas clausulas del contrato.
En el nuevo anexo ahora Violet tenía la libertad de viajar a California cuantas veces quisiera, claro, no excediendo un cierto número de días, además ella tendría la posibilidad de concluir con el convenio en el momento que lo deseara si se llegaba a demostrar que Pearson la había violentado de cualquier forma y sin la necesidad de devolver la compensación pactada, no era mucho pero al menos le daba algo de paz a la familia de su ahora esposa.
Así que al día siguiente de la boda, Virginia y William tuvieron que despedirse de su hija, se reunieron a las afueras del hotel donde el Rolls-Royce Ghost ya estaba estacionado esperando a que la joven lo abordara.
Y para Pearson, quien ya esperaba en otro automóvil y con otro chófer, un préstamo de Edgar, para emprender el viaje de poco más de 3 horas a Huntly, fue algo difícil de observar como los padres de Violet se veían tan desencajados además de que el constante llanto de Virginia solo reafirmaba el dolor que esto significaba, todos lucían un tanto deprimidos y el hombre se arrepintió de haberse casado con alguien cuya vida estaba al otro lado del mundo, jamás consideró las implicaciones de sus intransigentes requisitos eso sin mencionar el hecho de su nulo interés por saber quien sería su esposa, aunque ya no tenía más caso seguir reprochandoselo, ya no quedaba más que afrontar el siguiente año de la mejor forma posible.
- Cariño- dijo Virginia entre lágrimas- háblanos cada que puedas y por favor cuidate mucho......si algo no te gusta de inmediato ve a casa, no importa este ridículo trato, no tienes que soportar ningún maltrato, por favor mi niña......y no olvides que te amo preciosa!
- Si mami, tranquila....... tú me conoces y sabes que no permitiría ningún atropello- respondió Violet limpiandole las lágrimas a su mamá.
- Princesa....... perdón por esto.....yo....no......no.....no hubiera querido.....que......- por su parte, William seguía incapaz de ver a su hija a la cara, pues aunque inicialmente le pareció una buena solucion a todos sus problemas, fue justo después de la boda que comprendió lo reprobable de este acto.
- Papi......papi- Violet levantó la cara de su padre ligeramente, el hombre aunque no había llorado se notaba que las lágrimas ya se hacían presentes en sus ojos- papi......yo lo decidí y estoy convencida que fue lo mejor para todos, no te culpes...... estaré bien.....te lo prometo.
William no estaba muy convencido de que su hija estuviera bien, pues aunque ahora ella se veía tranquila, lo que realmente les preocupaba era el momento en que la realidad de estar sola en una casa desconocida la golpeara de frente y no tuviera a quien recurrir.
- Cariño- de nuevo Virginia se abalanzaba con los ojos llenos de lágrimas hacia Violet en un vano intento de proteger a su hija.
La mujer no se cansó de darle besos y acariciarle la cara a Violet pero la partida no podía retrasarse más y ellos lo sabían, pues no solo era porque su hija tenía que marcharse, sino también porque su vuelo no tardaría en salir, así que era hora de que William abrazara a su hija por última vez, aferrándose a la esperanza de que en verdad esto era lo mejor para todos.
Violet besó una última vez a sus padres y sin más se subió al automóvil, el chófer espero a que el vehículo en el que iba Pearson marcara el camino y acto seguido arrancó, a la joven solo le quedó voltear a ver a sus padres que se quedaron abrazados con lágrimas en los ojos y un evidente dolor en el rostro mientras ella no dejaba de despedirse con la mano hasta que simplemente se desdibujaron en el horizonte.
Y ya no tuvo más alternativa que replegarse sobre el cómodo asiento mientras observaba, a través de la ventanilla, el borroso paisaje transformandose paulatinamente hasta que la ciudad comenzó a desaparecer tras el automóvil, lo que obviamente no esperaba, pues según lo que ella había averiguado Pearson tenía una propiedad en Edimburgo y creyó que ese sería su nuevo hogar.
- Disculpe- Violet llamó al chófer- hacia dónde vamos?- cuestionó algo preocupada.
- Hacia la casa del señor, en Huntly- respondió con mucho tacto.
- Y dónde queda Hu...Ha...Hu.....
- Huntly, señora- y esa respuesta causó una ligera sonrisa de burla en Violet pues ella era todo menos la "señora"- en Highlands, al norte de Escocia- indicó el chófer provocando que la joven abriera los ojos con mucho asombro.
- Pero...... él.....no nos quedaremos en Edimburgo?!- preguntó preocupada, removiendose en su asiento.
- El señor vive en Huntly, señora, a Edimburgo solo viene cuando la situación lo amerita- contestó el apenado hombre tratando de menguar la angustia de Violet.
- Y ese sitio.....queda muy lejos de la ciudad?!- exclamó pero el tono de preocupación había ya desaparecido y ahora era sustituido por la resignación.
- Algo...si- dijo el hombre para no agobiar más a Violet con la realidad.
- Cuánto tiempo nos tomará llegar hasta allá?
- Un.....poco.....un poco más de 3 horas- y de nuevo no era la respuesta que esperaba- pero descuide si desea que nos detengamos a descansar o necesita algo, solo indíqueme y en cuanto sea seguro lo haremos- indicó el chófer con una amable sonrisa, sin embargo, no era eso lo que le preocupaba.
- Si..... gracias- fue todo lo que respondió antes de volver a su lugar, lo único que le quedaba era sonreír, esperanzada a no terminar en un rústico y desolado sitio mientras intentaba admirar los hermosos paisajes que se abrían paso frente a ella.
El camino continuó en silencio pero los constantes paisajes, aunque hermosos ya la habían aburrido pues todos comenzaron a lucir tan similares entre si que resultaba difícil distinguir que tanto habían avanzado realmente, hasta que cerca de la una de la tarde finalmente arribaron a Haarland Park y fue entonces que los peores temores de Violet se hicieron realidad cuando a lo lejos alcanzó a divisar una enorme propiedad, rodeaba totalmente por amplias colinas y valles y sin ninguna señal de vida a los alrededores, de verdad esperaba que no fuera ese su nuevo hogar y que el automóvil continuara su camino hacia una zona más habitada, desgraciadamente para ella, Lewis dió vuelta con la intención de dirigirse hacia esa antigua y enorme edificación.
Y en ese instante, el semblante de Violet comenzó a descomponerse cuando el automóvil cruzó una enorme puerta de herrería con una cerca de ladrillo tan baja que cualquiera podría brincarla sin esfuerzo, para que después tomara un largo camino adornado con pequeños arbustos y atravesará por un enorme campo de césped hasta que finalmente la casa se hizo presente.
Violet no podía negar que la propiedad, aunque majestuosa, le provocó un enorme asombro pero también la asusto, sobre todo porque no había rastro de vida en la cercanía, en realidad la propiedad más cercana que logró divisar ya había quedado atrás en su camino, probablemente, a unos 40 minutos de distancia, fue entonces que, por primera vez desde que accedió a este trato, se comenzó a cuestionar lo que había hecho, era evidente que no estarían ni remotamente cerca a una ciudad o por lo menos a un poblado, de hecho ya ni recordaba hace cuánto habían pasado por algo parecido.
Pero ya no hubo tiempo de recapacitar cuando el chófer se estacionó a la entrada del palacete y de inmediato le abrió la puerta a Violet, en el lugar ya la esperaba una fila de 15 personas que conformaban el servicio así que ella se bajó del automóvil asombrada aún con la imagen del esplendor de antaño que tenía su nuevo hogar.
- Bienvenida a Haarland Park señorita Heiden, soy Margaret Moore, el ama de llaves- saludó una mujer mayor y la primera en la fila, lo que de inmediato provocó que todos voltearon a verla con cierta discreción, porque si bien ya conocían la naturaleza del matrimonio de su jefe, para ellos Violet era la nueva señora del lugar y creyeron que como tal debían tratarla, sin embargo, el ama de llaves no tenía la intención de otorgarle ese reconocimiento, para ella solo existía una persona digna de portar ese título, y esa era Simone.
- Gracias......pero que no íbamos a Huntly?!- lo único que llamó la atención de Violet fue el nombre del lugar.
- Esto es Huntly señora- intervino el chófer ganándose la furiosa mirada del ama de llaves- pero el nombre de esta propiedad es Haarland Park.
- Ha-Haar-Harland?!- la joven repitió tratando de pronunciar el extraño nombre.
- Haarland- aclaró nuevamente el chófer con una cálida sonrisa- es un nombre en antigüo que significa Bruma, Niebla....... algo muy característico de esta zona de Escocia- y eso no podía discutirlo la joven pues conforme se iban adentrando más en los valles de Highlands la niebla se fue haciendo más constante dejando atrás el tenue brillo de la luz del sol.
Violet volteó a ver al chófer completamente desencajada, ahora no solo tenía que vivir en un sitio tan alejado de cualquier rastro de civilización sino que también lo haría en uno que probablemente parecería sacado de una película de terror, "Qué diablos hice?", esa había sido la pregunta que se había estado repitiendo constantemente en la última hora, y justo en este momento se hizo aún más fuerte.
- Señorita- intervino la señora Margaret- si me permite presentarle al resto del personal- aunque para ella la joven no se reducía más que a una visita aún debía cumplir con el debido protocolo, el cual era más por un mero compromiso.
Violet asintió con una fingida sonrisa y siguió la corriente a pesar de que no tenía el mínimo interés en conocer a los empleados, ella tenía otras cosas ocupando su mente que la innecesaria presentación de la que era objeto.
- Y a Lewis, el chófer de la casa ya lo conoce- finalmente la señora Margaret concluía su ridículo acto- si me acompaña, le mostraré el interior del palacete- indicó con un ademán muy solemne.
- Del qué?!- preguntó ella muy sorprendida volteando a ver la fría aunque majestuosa fachada color hueso un tanto grisáceo de la estructura.
- Del palacete, señorita.......este lugar es un palacete, es un poco más pequeño que un palacio, de ahí el nombre- aclaró la inexpresiva ama de llaves.
Violet de nuevo volteó a ver la impresionante estructura y sus más de 15 ventanas, probablemente si se pensaba en un antigüo palacio europeo esta sería la imagen que vendría a la mente de cualquier persona, tenía todo el aspecto del esplendor de las monarquias y sus desmedidos lujos.
- Señorita- llamó muy enérgicamente de nuevo el ama de llaves lo que trajo de nuevo a la realidad a Violet pero ahora por un motivo muy diferente.
El ama de llaves parecía muy rigida y de hecho la joven podía decir que sentía cierta molestia y rechazo hacia ella, como si tuviera que atenderla más por obligación que por educación, parecía que su intención era relegarla a una ser inexistente y sin autoridad cuya presencia no los afectaba en lo más mínimo, pero si su suposición resultaba cierta, esa mujer terminaría llevándose una gran sorpresa pues Violet no era una mujer fácil de intimidar, a pesar de su corta edad; sin embargo, era pronto para afirmar dicha teoría así que por ahora simplemente se dejó guiar.
El ama de llaves y la joven subieron una de las dos grandes escaleras que conducían a la puerta principal del palacete, pero Margaret caminó dos pasos adelante de Violet como un intento de marcar su autoridad lo que desde todos notaron, al igual que notaron el constante semblante de susto de Violet; incluso Pearson, que se encontraba en el vehículo de Edgar estacionado a prudente distancia de la entrada principal para observar a Violet y sus reacciones, pudo darse cuenta de la preocupación de su joven esposa lo que le causó algo de curiosidad y quizás, pensó, esta era la primera vez que se separaba de su familia, lo que era un tanto increíble para una estadounidense.
Adentro del palacete Violet comprobó que, efectivamente, era un sitio majestuoso y tenía esa vibra de monarquía inglesa por doquier, lo cual fue fácil de deducir gracias impresionante escalera en medio de la estancia custodiada por un par de querubines, un poco tristes, que le dió la bienvenida y que asentuaba ese glorioso aspecto de antaño.
- Señorita, sígame, por favor......le enseñaré las áreas principales de la planta baja y posteriormente subiremos para mostrarle su habitación- repuso la señora Margaret sin siquiera considerar lo que la joven quisiera y eso a Violet ya comenzaba a irritarla.
- Desde luego- respondió sin mucho interés de discutir en su primer día en este lugar, así que se dejó guiar pero con la convicción de que pondría en su lugar a esa mujer de forma muy sutil, claro esta.
Y efectivamente así fue, Violet fue conducida a través del enorme palacete, recorriendo un sin número de habitaciones desde bibliotecas con y sin chimenea, despachos, tres baños, salones de música, de baile, de té, galería de antigüedades, comedor y por supuesto la sala principal.
Hasta que finalmente subieron al primer piso, en el cual la cantidad de habitaciones fue aún más ridícula, pero cuyo largo pasillo, adornado por esculturas y cuadros, la dividía en dos alas.
- Señorita......por aquí esta su habitación, sígame por favor y no se distraiga.......- indicó el ama de llaves con reproche al notar como Violet se detenia para admirar algún objeto que llamaba su atención, mientras se dirigía hacia el ala izquierda del palacete- de este lado están las habitaciones de huéspedes, y ahí dormirá usted, por supuesto.
- Por qué?!- cuestionó Violet ya cansada de la altivez de la mujer que no parecía comprender su lugar.
El ama de llaves volteó a verla ante el tono un poco agresivo que la joven usó, pero ella había recibido ordenes muy claras de dónde y cómo tratar a la nueva huésped que finalmente no era más que una visita temporal, al menos así lo entendió.
- La señora Simone- respondió la mujer, pero el tono de voz le cambió de inmediato, volviéndose muy orgulloso al pronunciar ese nombre- dió órdenes muy claras y me indicó que usted era una huésped y por tanto debía acomodarla en tal sitio.
Bien, eso fue suficiente para Violet, no tenía idea de quien era Simone, pero le gustará o no, ella era la nueva esposa del dueño de la casa y aunque ahora no le importaba donde la instalarán, eventualmente iba a dejar en claro su posición sin permitir que la disminuyeran de forma tan burda.
- En realidad no sé quien es esa mujer pero supongo que por ahora lo permitiré- repuso con mucho aplomo mientras ingresaba a su nueva habitación.
Y en cuanto el ama de llaves abrió de par en par las dos puertas de caoba blanca Violet descubrió que su nueva habitación era ridículamente enorme, con una elegante cama kingsize con dosel y cortinas de seda, dispuesta con finas cobijas y dos hileras de cojines; una sala tipo imperial compuesta por dos sofás y un sillón, acompañados por una mesa de centro de madera; un gran espejo colocado en una de las paredes laterales con un costoso marco de oro bastante antigüo, aparentemente; un gran candelabro estilo nórdico de cristal y oro al centro de la habitación además de una chimenea de piedra empotrada en la pared frente a la cama, a lado de la cual había un par de puertas de madera blanca con distintivos dorados y tallados en relieve clásico.
Una de las cuales comunicaba al enorme vestidor y la otra al hermoso baño de mármol blanco con una elegante tina estilo clásico en color blanco con patas diseño garras de león frente a un gran ventanal de piso a techo, colocada enfrente de la hermosa y amplia ducha con canceles de vidrio, todo acompañado de un fino taburete redondo capitonado color blanco que fungía como centro y un candelabro similar al de la recámara, por supuesto, todo era impecable.
Genuinamente, Violet podía decir que se trataba de una habitación digna de un palacio y eso hizo que se cuestionará cómo serian las habitaciones principales si así estaban dispuestas las que se destinaban a las visitas mientras recorria el lugar con el ama de llaves caminando detrás suyo, dando innecesarias explicaciones sobre lo costoso o antigüo de los objetos que adornaban el lugar.
- Esta habitación es de su agrado?- cuestionó finalmente la señora Margaret.
- Si.....perfecta- respondió Violet sin prestarle atención al tono tan condescendiente de el ama de llaves, quien al parecer no estaba complacida con tener que pasar demasiado tiempo en compañía de la joven.
- Me alegra......yo estaré a cargo de atender sus necesidades así que lo que necesite no dude en pedirlo- y a pesar que ambas sabían que esa actividad no la tenía muy complacida aquí estaba ofreciendose a atenderla.
- No hay más personal?!- cuestionó Violet incapaz de tolerar a esa estirada y condescendiente mujer.
- La señora Simone-de nuevo ese tono amable y orgulloso se hizo presente en su voz- me pidió que lo hiciera.
Violet comenzó a sentir curiosidad por saber quién era la tal Simone y por qué el ama de llaves parecía tenerla en tan alta estima.
- Ya veo........y puedo ir a dónde me plazca o debo consultarlo con la señora Simone?!- cuestionó con un obvio y muy crudo sarcasmo ganándose un gesto de repulsión por parte de su acompañante.
- Por supuesto que puede.......no me han informado lo contrario.
- Entonces, si la señora Simone le da una orden diferente me avisa.......no vaya a ser que yo quiera actuar como la SEÑORA de la casa, verdad?- y esa brutal respuesta provocó una condescendiente sonrisa en el ama de llaves- por cierto......el señor ya llegó?!..... venía delante de nosotros y después se perdió......sabe algo de él?
- El señor rara vez nos informa de sus actividades, de hecho, pasa la mayor parte del tiempo en su despacho, escribiendo así que difícilmente lo vemos por cualquier otra área del castillo......no espere que eso cambie.
El ama de llaves sonrió con desagrado y después hizo una forzada reverencia, dándole a entender a la joven que la reunión había acabado, y discretamente se dirigió a la entrada de la habitación, Violet no había sentido ningún gusto por la compañía de esa fría mujer y agradecía que se hubiera marchado pues todo lo que deseaba ahora era darse una ducha y quizás tomar una siesta para descansar, ya que finalmente las emociones que sintió en las últimas dos semanas comenzaban a agobiarla, era ahora cuando se daba cuenta que este sería su nueva casa y simplemente no lograba sentirse ni medianamente tranquila.
Al su alrededor no había nada que le brindara algo de paz, a través de la ventana no se divisaban más que valles, colinas y árboles rodeando la propiedad acompañados de unos cuantos pastores, para ella todo rastro de civilización había desaparecido y francamente no creia que pudiera acostumbrarse, pero todo lo que pudiera pensar sería inútil, ya había tomado y ejecutado la decisión, lo único que rogaba era no terminar enloqueciendolo, y en éste momento lo único que necesitaba era descansar un rato para reducir esa necesidad de salir corriendo de este lugar.
Y así lo hizo, afortunadamente las condiciones de su habitación le permitieron dormir un poco, en realidad era un sitio bastante cómodo, la tina era tan fina y bien ubicada que resultaba relajante y ni que decir de la cama, era tan suave y amplia que le provocó un profundo sueño.
- Ahhhhh- gritó asustada mientras comenzaba a abrir los ojos gracias a una extraña luz en forma de fantasma que iluminó una de las paredes de la habitación que ya se había sumido en la oscuridad.
Rápidamente se arrinconó contra la cabecera de la cama mientras su mente trataba de darle forma a lo que veia, y se sintió un poco ridícula cuando entendió que se trataba del reflejo del fuego en la chimenea.
Violet había despertado cuando ya estaba oscuro, ni siquiera supo cuantas horas se quedó dormida pero lo que se veía a través de las enormes ventanas y en su habitación era solo oscuridad total, y su recámara resultaba algo tenebrosa en esas condiciones, e instintivamente intentó prender la lámpara al lado de su cama para poder sentirse fuera de una película de terror, desafortunadamente había demasiados encendedores y no sabía para que eran todos así que comenzó a apretarlos con la esperanza de que alguno iluminara la lúgubre oscuridad.
Afortunadamente el segundo encendedor que oprimio iluminó toda la habitación de forma inmediata, y fue entonces que contempló lo majestuoso del lugar y también lo solitario que se sentía, jamás había estado en un lugar tan enorme y además, completamente sola, porque si bien sabía que existían más personas en el palacete, en realidad era como si no existieran para ella pues no se escuchaba ni un solo ruido más allá de los que los animales hacían en el exterior.
Pero su angustia solo era opacada por el hambre que comenzaba a sentir, si ya estaba sola al menos se consolaria con algo de comida así que decidió bajar a pedir que le prepararán la cena, sin embargo, en cuanto abrió una de las puertas, la oscuridad y la soledad la golpearon de frente, en el pasillo no había absolutamente nadie y ni siquiera un rastro de vida, solo un par de lámparas de pared iluminando ligeramente la penumbra.
Desde luego que Violet no tenía intención de cruzar el pasillo en esas condiciones puesto que no quería perderse o peor aún, terminar accidentandose, tal vez por hoy era mejor dormir con un poco de hambre, así que dió vuelta sobre sus pasos, pero para su sorpresa no sería una noche de ayuno, sobre el elegante y rústico escritorio de madera colocado en un rincón de la habitación, había ya una charola con el servicio de su cena.
Violet ni siquiera se había dado cuenta de que probablemente la persona que subió la comida fue la misma que encendió la chimenea, así que caminó hasta el escritorio y afortunadamente era una cena bastante sustanciosa, había un bistec asado con guarnición de verduras cocidas y pure de papa, con dos trozos de pan, café y unas galletas, al menos no se habían olvidado de ella y eso lo agradecía.
Sin embargo, eso solo aumento su deprimente estado anímico, pues estaba sola y enclaustrada en una habitación, ella que siempre había estado rodeada de familia y amigos, con el continúo bullicio de la ciudad, se vio sobrecogida por la situación, sintió un fuerte impulso de llamar a sus padres para sentir algo de compañía, aunque era muy probable que siguieran en el vuelo y no pudieran contestarle así que pensó en alguna de sus amigas, desgraciadamente recordó que su familia tuvo que desactivar los planes internacionales y no tenía la clave del internet, es más no sabía si tenían internet, y en un lugar tan alejado de todo era probable que no.
-Qué hice?!- se cuestionó mientras consumía sus alimentos con un nudo en la garganta y conteniendo su llanto.
Y así terminó de comer, más a fuerza que por apetito pero no tenía opción o acabaría enfermando y eso solo significaría más preocupaciones a su angustiada familia, y no le quedó más alternativa que observar a su alrededor, no había nada que hacer y según su reloj eran apenas las 8 de la noche, así que volvió a caminar por el lugar, pero nada era diferente a como lo recordaba esta tarde.
Se detuvo en medio de la recámara y suspiro profundo, quizás acomodar su ropa en el vestidor y sus pertenencias le ayudaría a matar el rato, por lo que puso manos a la obra, colocó toda su ropa en su nuevo sitio, guardó las pocas joyas que le quedaban, en el tocador, acomodó sus cremas, perfume y maquillaje, y finalmente en el baño terminó de instalar sus jabones y esencias.
Y en efecto, el tiempo paso rápidamente aunque no tanto como ella esperaba, todo eso le tomo poco más de dos horas y en su reloj ya se marcaban las 10:15 de la noche, no fue mucho pero al menos ocupó su mente en algo más.
Sin embargo, la tristeza seguía presente en ella, y al terminar de colocar todo se reafirmó la idea de que esta sería su vida a partir de hoy, estaría sola, alejada de su familia, sin amigos y sin siquiera poder comunicarse con ellos, lo que provocó que finalmente el llanto contenido saliera sin control, Violet observó a su alrededor y comprendió que nada de esto estaba bien, que había cometido un gran error.
La pobre joven caminó hasta uno de los ventanales y se sentó en el cortejador, abrazando sus rodillas contra su pecho y recargando la cabeza en ellas, y ahí permaneció simplemente mirando la agobiante oscuridad que rodeaba la propiedad.
Pearson también había evitado estar en la casa para no tener que encontrarse con Violet y la incomodidad de dos extraños sin nada que compartir, de hecho, su intención era encontrarse con ella lo menos posible, él también tenía sus demonios que enfrentar así que era preponderante limitar cualquier contacto.
Y dada la hora creyó que era momento de regresar a la casa, iba hacia allá después de haber pasado toda la tarde en la capilla del lugar, procurando encontrar ese necesario perdón de su difunta esposa además de algo de paz para su alma, cuando la luz del cuarto de Violet llamó su atención deteniendolo en seco, fue algo extraño para el hombre que no acostumbraba ver luces en su casa más allá de las del servicio, así que se detuvo y elevó su vista a aquél lugar.
Obviamente notó el estado de Violet, la observó con cuidado y para su desgracia comprendió que esto también le resultaba difícil, quizas hubiera preferido creer que fue más simple para ella aceptar este trato, porque no necesitaba más remordimientos pero ahora viéndola así, comprendió que su vida también estaba cambiando y en su caso era mucho peor pues al menos él podía decir que estaba en su ambiente.
Ahora era consciente que ambos tendrían que enfrentar un año de arrepentimientos y dolor, aferrados a la esperanza de que pudieran soportarlo lo mejor posible.