Ellie lamió su mano con la suya mientras él la frotaba. La sensación la abrumaba y se le saltaban las lágrimas. Estaba enamorada; iba a ser madre; iba a tener una familia; pronto tendría todo lo que una niña pudiera desear. Fue un momento de dicha para ella ver a su hermanito acariciar su vientre, que se hinchaba con su semen. La sociedad tenía razón, comprendió Ellie. Ella y su hermano eran, en efecto, anormales, antinaturales, pero no de la forma en que los acusaba con tanta ignorancia. Ella y Oliver eran la personificación del amor verdadero; eso era lo único anormal en ellos. Tendrían su familia y envejecerían juntos, y si de verdad existiera la otra vida, allí estarían, sin duda, juntos, amándose como ahora. Bajó el pie hasta el suelo y jaló a Oliver hacia sí entre sollozos. Era dem

