Otro gemido salvaje retumbó de su garganta mientras se preparaba para un orgasmo brutal. Oliver casi explotó con sus gemidos atroces. Aunque era su segunda erección de la noche, y en teoría debería haber durado lo suficiente, en la práctica, su hermana lo excitaba demasiado. Estaba demasiado caliente y húmeda, y mucho más apretada de lo que jamás hubiera imaginado. Tendría suerte si llegaba al clímax, aunque fuera una sola vez, antes de que él estallara. "Dios mío, me encanta el misionero", reflexionó Ellie, segundos después de demostrarle a su hermano lo buena que era. "No. Me encanta el misionero con él , y me encanta cómo se mueve dentro de mí ahora... una polla tan perfecta". Oliver ondulaba sobre su hermana con elegantes olas, pero no pudo resistirse a terminar con un golpe sordo, o

