Se concentró en la placa dorada que indicaba el número de la habitación para intentar calmar su corazón palpitante, pero no pudo. La espera se le hizo eterna, y el corazón le latía con fuerza en el pecho. Levantó la mano para volver a llamar cuando la puerta se abrió de repente. "Kara... ¿qué estás haciendo aquí?" Si alguna vez hubo un chico que luciera guapísimo con vaqueros y camiseta azul, era este, pensó Kara. Tenía los músculos abultados en los sitios adecuados: hombros, bíceps, pectorales, y sabía de buena tinta que entre las piernas, no menos. "¡Sorpresa!" "Sí", dijo con una expresión de sorpresa. "¿Qué... qué haces aquí? ¿Y cómo supiste dónde encontrarme?" Dave me dijo dónde te alojabas. Y estoy aquí porque pensé que podrías necesitar un amigo. Sé que amigos te faltan ahora mi

