Brisa:
Me tumbo en la cama, sin saber qué pensar. Siento unas ganas tremendas de llorar, pero lo extraño es que aún no he derramado ninguna lágrima. No sé qué hacer. En mi cabeza todo está realmente desordenado. No puedo dejar de pensar en la foto que acabo de ver. ¿Qué se supone que debo pensar? ¿Qué se supone que debo hacer?
Quiero llamarle y exigirle una explicación, pero es obvio que no va a atender mis llamados.
¿Estará evitándome? Porque... eso parece que hace. Y, ¿qué tal si está con ella? No... no. Me niego a pensar en que mi novio está con Tiffany. Gastón no me haría eso. Pero la foto... ¡Agh! No sé qué pensar. Sea lo que sea, estoy dolida.
Puede que haya una explicación lógica para esto, no sé cómo eso podría justificarse, pero puede que la haya. Lo extraño es que no me contesta los mensajes y que no atiende mis llamados.
Cada vez, estoy más enojada con él.
Me enferma el no saber nada de mi novio. O sea, qué irresponsable de su parte. Me debería llamar para avisarme que está bien, cosa que ahora ya sé porque vi una maldita foto en la que él tiene a esa maldita en su regazo.
No lo resisto. Quiero llamarle. Quiero oír su voz, pero me obligo a mí misma a quedarme tumbada en la cama. Ya he marcado su número muchas veces y él no es capaz de deslizar su dedo en el botón verde para hablarme.
«Maldito seas, Gastón»
Al verme en el espejo del baño, caigo en cuenta de que ahora sí estoy derramando lágrimas. Me lavo la cara y cepillo mis dientes. Vuelvo al dormitorio y me coloco ropa cómoda. Me cubro con las mantas y me obligo a dormir para poder dejar de pensar en que mi novio deja que esa zorra se siente en sus piernas.
Pego un salto en la cama al oír que mi celular suena. Salgo de la habitación con rapidez para ir hacia la cocina y atender.
Observo la pantalla.
Es Gastón.
Por fin te dignas en llamarme.
Deslizo el dedo en el botón verde y llevo el celular a mi oreja.
—¿Eres idiota o te haces? Te he llamado muchas veces en el día y no has contestado a ninguna. Te he dejado muchos mensajes y ni siquiera te has molestado en verlos. ¿Qué es lo que te pesa? —camino de un lado a otro mientras le hablo con enfado. No le grito, pero con mi tono de seriedad le dejo en claro que estoy molesta por su maldita e infantil actitud. ¿Acaso quiere hacerse el importante, o qué?—. Estaba muy preocupada por ti. Se suponía que me llamarías en cuanto bajaras del avión y estoy más que segura de que has llegado a San Francisco hace varias horas. ¿Vas a decirme por...? —me interrumpe.
—Brisa, tenemos que hablar.
¿Qué? ¿De qué quiere hablar?
Comienzo a preocuparme. Generalmente, cuando alguien te dice tenemos que hablar, nunca es bueno. Aunque, ¿De qué me preocupo? No he hecho nada malo. ¿O sí?
—¿Sobre? —me siento en el sofá.
—Me ha llegado una foto.
—¿Una foto?
—Sí. Acabo de enviártela por w******p. —No logro descifrar el tono de su voz. No parece estar enojado, pero tampoco suena feliz.
Observo lo que Gastón acaba de enviarme. En la fotografía, puedo verme a mí misma. Estoy abrazada a alguien. No puedo ver la cara de la persona a la cual estoy aferrada, ya que está de espaldas, pero sé perfectamente que es Liam. En la foto, alcanzo a ver uno de los cuadros que hay en la empresa, por lo cual, caigo en cuenta de que esa foto fue tomada hoy en la mañana. No hace falta que me ponga a pensar quién se la enviado porque sé perfectamente que es la persona que ha comenzado a acosarme y a intentar arruinarme la vida.
Sea quién sea, decía la verdad... está en todos lados.
Decido omitir lo ocurrido en la mañana, ya que primero quiero discutir el tema de la foto que me ha llegado hace no más de media hora.
Llevo el teléfono a mi oreja.
—¿Qué pasa con la foto?
—¿Cómo qué pasa con la foto? Quiero que me des una explicación, Brisa.
—¿Explicación? —frunzo el entrecejo—. ¿Por qué debería darte una explicación? —le pregunto mientras me recuesto en el sofá.
—Porque sí. Me debes una. ¿Qué hacías abrazando a Liam? —me dice.
—¿Cómo sabes que es Liam?
—Porque le he reconocido —le oigo suspirar—. ¿Podrías contestar lo que te he preguntado?
—A ver... ¿Por qué debería darte una explicación? El que le haya abrazado no tiene nada de malo —le digo. Me está haciendo enfadar.
—Pero, ¿qué hacías abrazándole?
—Me lo he encontrado en la empresa —explico—. He ido a ver a Stef al trabajo ya que estaba aburrida y me lo he encontrado allí. Al parecer, estaban haciendo negocios con la empresa de la familia de Liam. ¿Por qué te pones así por un simple abrazo, Gastón? No le he besado ni nada. Sólo fue un abrazo. Hacía tiempo que no nos veíamos.
—Pero te hubiese gustado, ¿verdad?
—¿Perdona? ¿Me estás preguntando si me hubiese gustado besarle? —no dice nada, pero su silencio es una clara respuesta a mi pregunta. Suelto una pequeña risa sin una pizca de gracia—.¿Es en serio? —sigue en silencio—. Vaya... se siente feo saber que piensas que quería besar a otra persona que no seas tú. Me has ofendido —le digo. ¿Quién se cree que soy?—. Ahora el que contestará las preguntas serás tú. ¿Podrías decirme por qué has dejado que la zorra de Tiffany se sentara en tus piernas? —siento un dolor en el pecho.
—Brisa, no le llames así.
—No me digas cómo puedo llamarle y contéstame lo que te he preguntado.
—¿Qué quieres que te conteste?
Ruedo los ojos.
—¿Qué hacía ella en tus piernas? También me ha llegado una foto tuya en la que ésa está sentada en tu regazo. Te la mostraría pero la he roto y la he arrojado a la basura. Ahora contéstame.
—Mira... en la recepción del hotel en el cual no estamos hospedando, había muchas personas que al parecer estaban esperándonos. Nos pedían fotos y autógrafos. Me senté en uno de los sofás y ella se sentó encima de mí. No podía quitarla o decirle algo frente a toda esa gente. Hubiese quedado mal parado. Le he preguntado a Tiff —¿Otra vez Tiff? ¿Por qué Tiff? ¡¿Acaso no puedes llamarla por su nombre completo?! —por qué se ha sentado en mi regazo y me ha dicho que sólo lo ha hecho para que las personas que estaban allí, pudieran tomarnos una foto juntos.
«¿Y tú le crees? Eres tan ingenuo...»
—¿Ah, sí? Y... ¿Le has preguntado por qué no se ha sentado a tu lado, en vez de tomar asiento encima de ti? —le oigo suspirar por segunda vez.
—Brisa... —le interrumpo.
—No. Brisa, nada. Ahora, quiero que me expliques por qué no me contestabas.
—Estaba ocupado.
—¿Ocupado? ¿Haciendo qué? ¿Dejando que esa maldita se siente en tus piernas? —comienzo a elevar un poco el tono de mi voz—. ¿Todavía sigues creyendo que te quiere sólo como un amigo más? Eres muy ingenuo, Gastón.
—¿Podrías parar de decir eso?
—No. No puedo. No la soporto y después de la foto que he visto...
—Ya te he explicado por qué estaba sentada en mis piernas. No sé por qué te pones así. Además, a mí tampoco me agrada haber visto una fotografía en la que te veo abraza con tu ex. —noto que está molesto.
—Dios, Gastón. Lo he abrazado porque hacía mucho tiempo que no le veía.
—Pero es tu ex. Dime la verdad... ¿Te sigue gustado?
—¿Qué? ¿Lo preguntas en serio? —elevo aún más la voz, pero no le grito—. ¿Te digo algo? No tiene sentido que siga hablando contigo ahora. Que tengas buena noche —le cuelgo y me hecho a llorar.
Apenas le corto, el celular vuelve a sonar. La pantalla se ilumina y aparece la foto del estúpido de mi novio. Decido ignorar sus llamadas e irme a la cama.
Mañana será un nuevo día.