Brisa:
Mi mejor amiga se ha ofrecido a llevarme hacia el departamento, pero me he negado. No quiero hacerla perder el tiempo, tiene demasiadas cosas para hacer en la empresa.
Salgo del edificio para ir en busca de un taxi.
Al parecer, no estoy teniendo la misma suerte de antes, ya que ningún taxista se detiene.
Siento que mi celular vibra en mi campera de jean. Debería atender, pero no creo que sea una buena idea, ya que estoy en la calle y con Emma en brazos. A los segundos, el teléfono deja de vibrar, pero vuelve a sonar al instante. Sigo con la decisión de no contestar, por lo cual, dejo que siga sonando.
Trato de concentrarme en buscar un taxi, pero no puedo. El maldito celular no para de vibrar.
Suelto un suspiro y pongo los ojos en blanco.
Saco el celular y atiendo el llamado sin siquiera ver de quién es.
—¿Hola?
—Tanto tiempo, Brisa. —Mi corazón se acelera al oír una voz robotica.
«Ay, no.»
Me quedo callada por algunos segundos, tratando de asimilar lo que está sucediendo.
—¿Quién eres? —me atrevo a preguntar.
Suelta una carcajada.
—¿En serio crees que voy a contestarte eso? —Preguntarle aquello ha sido muy estúpido de mi parte. Es obvio que no iba a contestar a eso—. Sólo voy a decirte que tú y yo nos conocemos. Mucho. Bueno... Yo te conozco más a ti de lo que tú me conoces a mí.
—¿Qué quieres?
—No voy a decirte porque a eso ya lo sabes.
—No, no sé lo que quieres de mí —le digo. ¿Acaso esto nunca va a terminar?—. ¡Déjame en paz! —alzo la voz, provocando que algunas personas me miren.
—Justamente éso, no está en mis planes.
—¿Qué es lo que quieres? —vuelvo a preguntar por tercera vez. Sinceramente, no sé por qué le sigo preguntando si sé perfectamente que no va a contestara mis preguntas.
—Te dije que ya lo sabes —repite y se queda en silencio. Debato conmigo misma si debo cortar o no, pero supongo que si lo hago, complicaría las cosas. No sé con quién me estoy enfrentando y a decir verdad, tampoco quiero averiguarlo—. ¿Te digo algo?
—¿Qué?
—Te ves linda con esa falda.
Me empiezo a asustar cada vez más. Mi mirada se dirige hacia mi falda.
Me está observando. ¡Mierda! ¡Me está observando!
—Y también con esa chaqueta.
Miro a mi alrededor, intentando encontrar algo que me resulte sospechoso.
—No te molestes en intentar encontrarme porque no podrás hacerlo.
Comienzo a retroceder, mientras sigo con el intento de encontrar algo. Me doy la vuelta y me apresuro a caminar hacia la entrada de la empresa. Al menos allí estaré segura. O... eso creo.
—Sí... ve a esconderte en tu empresa —me dice y ríe—. Pero, ¿sabes algo? —La voz robotica me causa escalofríos—. No importa si te escondes, siempre encontraré la forma de seguirte sin que te des cuenta. Recuerda algo: Estoy observándote. A ti y a Stef —me cuelga para cuando estoy dentro del edificio.
(...)
Espero a que Gastón me conteste el llamado. Debo contarle lo ocurrido en la mañana.
Ya es la séptima vez que le llamo y no ha respondido a ninguna llamada. Ni siquiera ha visto los trescientos mensajes que le envié.
Estoy preocupada. No sé nada de él, y supongo que ya habrá llegado a San Francisco hace un par de horas. Me extraña que no conteste y mucho más que no me haya llamado para avisar que ha llegado bien.
Salta el contestador, otra vez.
Ruedo los ojos y decido dejar de marcar su número.
Estoy enojada.
¿Por qué mierda no me contesta? Son las once de la noche pasadas, ya debería saber algo de él. Y... ¿si le ha pasado algo? No, no creo. De ser así, ya lo sabría. ¿Cierto?
Camino hacia el balcón para poder mirar las estrellas. Dejo que el aire fresco me golpee en la cara.
Me sumerjo en pensamientos y en dudas.
En la mañana, al final, tuve que pedirle a Stef que me llevara al departamento, ya que no quería salir hacia el exterior yo sola. Le comenté sobre el llamado y nos la pasamos intentando comprender sobre la situación durante todo el trayecto de viaje hasta casa.
Ambas no entendemos nada. Estamos realmente confundidas.
Ambas creemos que Caitlin es quien ha estado llamando, pero no estamos seguras al cien por ciento. He estado pensando en la posibilidad de que pueda que sea algún otro m*****o de la familia de Debora, pero tampoco estoy segura al cien por cien.
En el llamado de hoy en la mañana, sea quién sea que haya marcado mi número, me decía que me veía linda con la ropa que llevaba puesta, lo cual hace que me pregunte: ¿Y, si la persona que está acosándonos, es de sexo masculino? Podría ser...
Lo que no comprendo es... ¿Por qué ahora molestan a Stef? La situación se está tornando cada vez más confusa.
Me enferma que todo sea tan complicado. Estoy cansada, porque... ahora vuelvo a despertar con miedo. No sé qué es lo que puede pasar. No puedo estar segura.
¿Cómo es que esta persona supo nuestros números de teléfono? En realidad, la pregunta es: ¿Cómo hizo para conseguir nuestros números?
«Estoy observándote.» —sus palabras reaparecen en mi mente. Decido volver adentro. ¿Quién sabe? Puede que me esté vigilando en este mismo momento. De sólo pensar en eso, me causa escalofríos.
Cierro las ventanas y corro las cortinas. La puerta ya está cerrada, sólo falta que le coloque el pestillo.
Tomo el celular con la esperanza de que Gastón ya me haya contestado los mensajes, pero lamentablemente no es así. ¿Qué es lo que le pasa? ¿Acaso no se da cuenta de que me hace preocupar?
De camino al pasillo, oigo que golpean la puerta.
Me quedo parada sin saber qué hacer. ¿Debería ir a ver quién ha golpeado? No creo que sea una buena idea, por lo cual decido preguntar:
—¿Quién es? —alzo la voz. Espero la respuesta de alguien, pero no obtengo ninguna—. ¿Quién es? —vuelvo a preguntar.
Nada.
Corro el pestillo de la puerta y giro la llave. Cuando abro la puerta, no hay nadie. Asomo mi cabeza por la puerta y observo a ambos lados de los pasillos de la planta. No veo a nadie.
Mi mirada se dirige hacia mis pies, y veo que, al lado de ellos, hay un sobre. Lo tomo con rapidez y vuelvo a cerrar la puerta con seguro.
Observo el sobre de color n***o que tengo en mis manos. Lleva escrito mi nombre en lápiz blanco.
Tardo algunos segundos en decidir abrirlo para ver qué contiene dentro.
Es una fotografía, en la que puedo ver a mi novio y a la zorra de Tiffany. Ella está sentada en el regazo de Gastón. Ambos se observan y sonríen.
Doy vuelta la foto y leo lo que dice:
"Estoy en todos lados.
–?"
Siento cómo un nudo se forma en mi garganta. ¿Qué hace ésa en las piernas de mi novio?
Si antes estaba enojada, ahora lo estoy aún más.