3

1451 Words
Brisa: —¡Te he dicho que te quedes quieta o te dispararé! No logro ver absolutamente nada. Todo está a oscuras, pero puedo percatarme de que hay alguien conmigo. No sé en dónde estoy, ni con quién. Mis manos están amarradas, mi cuerpo adolorido y estoy muerta de frío. No sé qué es lo que está pasando. Tengo miedo. Puedo escuchar mis latidos del corazón, como si tuviese un parlante a mi lado. ¿Qué está pasando? —¡Te he dicho que te quedes quieta! —me gritan. Su voz se nota muy lejana. Sé que es una voz de mujer, aunque no estoy segura de quién se trata. Estoy muy confundida. —¡¿Quién eres?! ¡¿Dónde estoy?! —pregunto, pero no obtengo respuesta alguna. Sólo silencio—. ¡¿En dónde diablos estoy?! —pregunto nuevamente, pero ha sido inútil, ya que por segunda vez, mi pregunta ha sido ignorada. Comienzo a removerme incómoda. Me estoy desesperando. —¿Qué parte no comprendes cuando alguien te dice "quédate quieta"? Oigo los crujidos de una escalera. Sea quién sea, está bajando la escalera y algo en mí, presiente que no pasará nada bueno. El miedo me carcome. Quiero saber ahora mismo, en dónde carajo estoy. ¿En dónde está Gastón y Emma? ¿Quién es esa mujer? ¿Qué ha sucedido? No recuerdo cómo es que llegué aquí. Agh. Mis latidos del corazón se aceleran al oír el seguro de una pistola. Dejo de moverme al instante de oír ese sonido. No porque quiera dejar de moverme, sino porque mi cuerpo se ha quedado atónito y perplejo. Las luces se encienden de golpe, dejándome ver el rostro de Debora frente a mí. —¿Me has extrañado? Mierda. Mierda. ¡Mierda! Está apuntándome con un arma. Me regala una sonrisa que en definitiva, asusta a cualquiera. Se da la vuelta, llevando ambos de sus brazos a su espalda. Mi atención se centra en el maldito revolver que lleva en su mano derecha, pero de inmediato presto atención a mi alrededor. Es la misma casa en la que he estado aquella vez que me secuestraron. ¿Cómo es que he llegado aquí y por qué no recuerdo nada? —¿Ves eso? —señala—. Ahí es dónde mataste a Matt. Lo recuerdas, ¿verdad? ¿No te sientes mal por haberlo matado? —Fue en defensa propia. —Pero lo mataste. Mataste a tu querido amigo —me dice. —Él era un maldito falso y traidor. —Y el que él haya sido un traidor, ¿te daba el derecho de haberle lanzado de las escaleras? Me quedo callada por unos cuantos segundos. —Fue en defensa propia. —Sea en defensa propia o no, ¿no te sientes mal por haberle quitado la vida a alguien? A alguien que había sido una persona muy importante para ti. Me quedo callada por segunda vez. Me sonríe maliciosamente. —Pobre Matthew. ¿No crees? Era un chico joven, y tú le arrebataste la vida. —Tú le arrebataste la vida cuando lo metiste es tus jueguitos psicópatas —me defiendo. —Te equivocas —niega—. Él fue quien aceptó entrar en esto. Con Tyler nunca le obligamos a nada. Fue su decisión —explica—. En fin... ¿Sabes por qué estás aquí? —vuelvo a prestar atención en la pelirroja—. Te he preguntado algo —dice al no obtener ninguna respuesta de mi parte. —No —le contesto—. ¿Por qué estoy aquí? —mi voz es algo temblorosa. —Mira a tu costado derecho. —le hago caso y giro mi cabeza con temor. Es Gastón. Él está amarrado a mi lado. ¿Cómo es que no me he dado cuenta antes? —No llevo un revolver para dispararte a ti —me dice y frunzo el entrecejo—. Sino para matarlo a él. —le miro. Mis latidos se aceleran muchísimo más. ¿Cómo es que mi corazón puede latir con tanta rapidez?—. En vez de matarte, le mataré a él. Esa es la mejor venganza. —miro a mi novio. —Te amo —me dice y las lágrimas se me escapan de mis ojos para dar lugar a nuevas gotas. —No —comienzo a negar con la cabeza. Miro a la loca—. ¡No puedes hacer esto! —le grito. —Ya está hecho —responde. Apunta a Gastón. —¡No! ¡Por favor, Debby! ¡No lo hagas! —me cuesta respirar. No paro de temblar del miedo y del frío. Presiona el gatillo. —¡No! —Oye, oye. Brisa. Despiértate. Tranquilízate. Siento que alguien me rodea con sus brazos. —¡No! —Brisa. Despierta. Despierta —acaricia mi cabeza y la besa. Abro mis ojos. Mi corazón sigue palpitando a mil. Estoy temblando. Mis ojos se encuentran cristalizados y en mi garganta hay un gran nudo que no creo ser capaz de lograr desatar por un buen rato. Miro a Gastón y suspiro realmente aliviada. Ha sido una pesadilla. Le abrazo con efusividad. No puedo evitar derramar algunas lágrimas. —Estás bien —susurro. Le doy un beso en su cuello y recuesto mi cabeza en su hombro. Él continúa acariciando mi cabeza con una de sus manos y con la otra, mi espalda—. Estás bien — vuelvo a decir. —Claro que estoy bien —me dice—. ¿Qué has soñado? —me pregunta. —Ella... ella te disparaba. —De sólo recordar aquella pesadilla se me eriza la piel. —¿Quién? —pregunta. —Debora. Besa mi cabeza. Suspira. —Sólo ha sido una pesadilla. Estoy bien, amor. Me quedo en silencio mientras aprecio cada segundo en el que permanecemos abrazados. Le quiero. Le quiero tanto que hasta me da miedo el quererlo tanto. Menos mal que todo había sido un mal sueño y que lo que viví hace minutos atrás, no sucedido en la realidad. No soportaría que algo le pasara. No otra vez. —Te amo —le recuerdo mientras me aferro más hacia su espalda desnuda. —Lo sé. Yo también te amo —me separa unos centímetros de él para poder hacer un pequeño contacto con mis labios. —Acuéstate. —me vuelvo a acostar y Gastón me cubre con las mantas. Escucho el llanto de Emma y suelto un suspiro—. Voy yo. Tú vuelve a dormir. —Bien. Debí de haberme dado cuenta que era un sueño. Había tantas cosas que dejaban en claro que era una maldita y horrorosa pesadilla. Como, por ejemplo: La voz de Debby, la cual se oía extraña y alejada. O como todo se veía borroso. Meses después de todo lo ocurrido aquella noche, había dejado de tener pesadillas relacionadas con la noche del secuestro. Pero desde hace una semana atrás, el día que mi mejor amiga me contó sobre que posiblemente D.M esté devuelta, los malos sueños volvieron a reaparecer. No paro de pensar en lo que Debora me dijo en la pesadilla con respecto a Matt. ¿Debería volver a sentirme culpable por haber matado al traidor de Matthew? ¿Cómo debo sentirme con respecto a este desconocido acosador o acosadora? No quiero seguir viviendo con miedo de que algo me pase. O con que algo pueda ocurrirle a mi hija o a Gastón. Aquel mensaje que recibí en el departamento de Stef, ha sido el único, por ahora. No pienso bajar la guardia como aquella vez en la que pensé que todo había concluido y terminé secuestrada. Lo bueno es que lo que ha pasado solo ha sido un mal sueño y no ha ocurrido en la realidad. Me remuevo en la cama y estiro mi brazo para tomar mi celular y poder ver la hora. 3.15 am. Cierro mis ojos. Supongo que Emma debe haberse dormido ya que no la escucho llorar. Oigo pasos. Aún con los ojos cerrados puedo notar que la luz que estaba encendida, se ha apagado. Además, he escuchado el sonido del botón de la luz ser presionado. El colchón se hunde un poco a mi lado y al instante siento el brazo de Gastón rodearme. Abro mis parpados y me concentro en la iluminación que se adentra en el cuarto, gracias a luz de la luna que se adentra por la ventana. No quiero dormir. Tampoco quiero cerrar mis ojos. Temo quedarme dormida y volver a tener otra pesadilla cómo la que he tenido hace un rato. Ya no sé cómo sentirme. Ya no sé qué pensar. Ya no sé qué hacer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD