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1369 Words
Brisa: —¿Te ha gustado? —me pregunta Gastón. —Me ha encantado —respondo. Beso sus labios. —Deberíamos hacerlo más seguido —sugiere y asiento. —Sí —sonrío—. De verdad que las pelis han estado muy buenas. ¿Dime por qué antes no hemos hecho una maratón de películas? —salgo del cuarto para ver a Emma. Me adentro en su habitación y la observo dormir. Agradezco que esté durmiendo y no llorando como lo hace a cada rato. Acaricio su mejilla con delicadeza para no despertarla. El perfume de su padre inunda la habitación de nuestra hija, lo cual hace que me dé cuenta que acaba de adentrarse en el cuarto. —Es hermosa —me dice y asiento. —Lo es —le digo. Luego de observarla por unos cuantos minutos, ambos nos dirigimos hacia la sala. Me siento en el regazo de Gastón. —Te vamos a extrañar —le digo mientras comienzo a besar su cuello. —Y yo las echaré de menos a ustedes dos —también besa mi cuello—. Echaré de menos a mis princesas. Pero los días se pasan rápido. El lado bueno es que solo serán tres días, y luego estaré de vuelta con ambas. Pero..., aún estás a tiempo de cambiar de opinión y venir conmigo. —No es que no quiera, Gastón, pero como te he dicho antes... no me parece una buena idea tener que ir en un avión con Emma. Sería muy molesto para los pasajeros oír como llora a cada rato. Y por si no lo recuerdas..., odio los aviones —le digo. —Bien, pero ya sabes, si cambias de opinión, sería genial. El celular de mi novio comienza a vibrar sobre la mesa de centro. En la pantalla aparece la foto de la zorra de Tiffany. ¿Y ahora qué es lo que quiere ésta? Me levanto de sus piernas para ir hacia la cocina. No quiero estar presente mientras él habla con ella. No entiendo por qué es que le llama tanto. No, esperen... sí lo sé. Sucede que ésta tiene intenciones de llevarse a la cama a mi novio. Bueno, no lo puedo asegurar con exactitud, pero sé que ella no sólo quiere ser amiga del padre de mi beba. Siempre me pongo tan celosa cada vez que ella le llama o cada vez que él me cuenta algunas cosas sobre Tiffany. Trato de disimular mi histeria frente a Gastón. No quiero demostrarle mis celos. Sé que la que ha tomado la decisión de no ir con él al viaje, he sido yo, pero no paro de pensar en que mi novio pasará mucho más tiempo con esa. De solo pensar en eso, mis celos aumentan. Aunque, no debería sentirme de esta manera. Confío en Gastón, pero en la que no confío ni un poquito es en esa zorra. Me sirvo un vaso de agua fresca. Llevo la pieza de vidrio a mis labios, mientras escucho los pasos de mi novio. Al verlo, la pregunta se escapa de mis labios. No quería decirle de esa forma. Solo salió y ya. —¿Y ahora qué es lo que quería esa? Sus cejas se fruncen y maldigo mentalmente por no poder ser capaz de controlarme. —¿Esa? —Tiffany —me corrijo. —Y ya estás celosa —asiente con la cabeza. —No —le niego. —No me mientas, es más que evidente, Brisa. —Y, si estoy celosa, ¿qué? —le digo. No sé por qué estoy expresando mis malditos celos—. Deberías de saber que no me cae para nada bien. —¿Por qué? —No sé... Tal vez..., porque tiene intenciones contigo. —¿Intenciones conmigo? ¿Acaso te escuchas? —elevo mis cejas—. Tiffany sólo es una amiga. —Pues, tu amiguita, no me cae para nada bien. —Rueda sus ojos—. ¿Qué quería? —me cruzo de brazos. —Me ha llamado por accidente. Suelto una pequeña carcajada sin una pizca de gracia. —Sólo tú te crees esa mentira —paso por su lado, pero me toma del brazo para que me detenga. —¿Es en serio? —me mira directo a los ojos—. ¿Esto es una escenita de celos? —¿En serio te crees que te ha llamado sin querer? —elevo mis cejas, y quito su mano de mi brazo. Pero obviamente, con cariño. No estoy enojada como para zafarme de su agarre bruscamente, solo estoy molesta porque la defiende. Suelta un suspiro y rueda los ojos. —Brisa, se ha equivocado y me ha llamado por error. —¿Por qué la defiendes? —entrecierro los ojos. —No la defiendo. Tus celos te hacen pensar cualquier cosa. Se ha equivocado. Es humana, comete equivocaciones —dice obvio. Ahora sí estoy enojada. Puede que esté exagerando. La verdad es que a veces tengo actitudes algo infantiles, pero me da igual. La está defendiendo. Está defendiendo a esa zorra. —Como digas. Salgo de la cocina. No hace falta darme la vuelta para saber que él me está siguiendo. Me toma de la cintura y me voltea para que lo mire. —¿Te has enojado? —¿Acaso no es obvio? No puedo evitar sentirme mal. Puede que los celos me estén jugando en contra. Tal vez, sí fue eso lo que ocurrió. Tal vez, ella le ha llamado sin querer. Además, ¿por qué me enojo con él? ¿Él qué tiene que ver? Nada. Ahora me siento peor por agarrarme con Gastón. Se encoje de hombros y junta mi cuerpo junto al suyo. —Vamos, amor... No te enojes, ¿sí? Mañana me iré y no quiero irme estando tú enojada. Mantengo ambas cejas fruncidas. Termino soltando un suspiro. No da que me enoje con él. Apoyo mi frente en su pecho y me disculpo por mi mal comportamiento. (...) A la mañana siguiente, observo a Gastón prepararse para ir al aeropuerto. No quiero que se vaya. Esto me hace recordar a cuando él se había ido esa vez el pasado año, a aquella entrevista en Canadá. Trato de contener mis ganas de decirle que no quiero que Tiffany se le acerque demasiado, pero se me hace bastante difícil. Ya hemos desayunado y no me he despegado de él desde que nos levantamos. Puede que sea algo cargosa, pero es que no lo tendré durante tres días y la idea me disgusta bastante. Lo miro abrochar los botones de su camisa. Cuando termina, se acerca a mí para poder unir nuestras bocas. Me rodea la cintura y yo paso mis brazos por sus hombros. Su perfume no tarda en introducirse en mis fosas nasales. —Te voy a extrañar —le recuerdo por milésima vez. —Igual yo. Creo que no hace falta que te repita otra vez que si te llegan a enviar un mensaje o llegan a llamarte, me avises. —Lo sé. —Lo digo en serio. —Sí, lo sé. Te prometo que si llega a pasar algo te llamaré. —Bien. Espero así sea. —Le sonrío y volvemos a besarnos. Voy en busca de Emma para que Gastón pueda darle un beso a nuestra hija. —Las quiero, lindas —nos dice. Besa la pequeña mejilla de Em. Nos encontramos frente a la puerta. Él está apunto de irse. Vuelve a besarme en forma de despedida. —Adiós —acaricia mi espalda y deposita un beso en mi mejilla—. Nos veremos dentro de tres días. Le sonrío y asiento. Mi novio abre la puerta del departamento y toma su equipaje. —Te quiero —le recuerdo—. Mucho. —También yo —dice. Le observo alejarse por el pasillo del edificio por algunos segundos y cierro la puerta con llave y pestillo. No me siento segura estando sola. Así que debo asegurarme de que Emma y yo estaremos seguras en estos tres días en los que Gastón no está. Debo mantenerme alerta. ¿Quién sabe qué es lo que puede llegar a pasar?
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