Lia Sinclair Traté de ignorar el mensaje de Amir, pero mi teléfono vibró de nuevo la pantalla iluminó la advertencia, y mi corazón se encogió. "Es una maldita orden Lia, no me hagas ir por ti" Temblé de miedo no era la amenaza lo que me aterrorizaba, sino la escalofriante ansiedad que me producía imaginarlo a él irrumpiendo en la discoteca, reclamándome, me imaginé el caos, su furia, la forma en que me tomaría del brazo y los escalofríos que recorrían mi espalda no eran de terror. Emma tomó mi mano, ajena a mi crisis. —¡Vamos, Lia a bailar! Me arrastró hasta la pista un hombre se acercó a Emma, dándole el espacio perfecto. —Voy por un trago al bar —le notifiqué, pero mi destino real no era el bar. Caminé directamente hacia donde estaba Cristian estaba en una esquina oscura,

