Mientras Adalynn comía en la cafetería, comprendió el significado de la palabra "atención". Sin embargo, nadie se atrevió a preguntarle qué, pero la mirada de alguien la observó fijamente y luego la escuchó susurrar en privado.
Su corazón aún estaba un poco intranquilo. Cuando Adalynn terminó de comer y se dirigió al ascensor, se sintió un intenso calor eléctrico. De repente, con su llegada, varias mujeres con ropa profesional cerraron la boca, sonrieron y saludaron a Adalynn.
Adalynn también sonrió y entró. La gente bajó del primer al tercer piso del ascensor. Finalmente, fue la única que subió al sexto. Adalynn bajó del ascensor y miró a ambos lados antes de ir a su oficina.
Adalynn estaba un poco deprimida. No esperaba que el trabajo le generara críticas, ni que la llevara a tener una relación cálida y ambigua con el presidente.
Es algo muy poco convencional, lo que la hace pensar: ¿no es ella la adecuada para el puesto? Es el segundo problema el que le trae dificultades. ¡Su existencia debería traerle problemas a Matthew!
Adalynn se sentó en el escritorio. Al poco rato, sonó el timbre. Se incorporó y extendió la mano.
—Hola.
—Adalynn, ven a mi oficina— En ese momento, la voz de Matthew sonó en voz baja.
Adalynn se levantó apresuradamente, abrió la puerta y se dirigió a la oficina del presidente. Llamó. Al oír respuesta, entró.
Matthew estaba sentado en el escritorio, ocupado ordenando los documentos. Le dijo a Adalynn.
—Por favor, ayúdame a ordenar los documentos.
Adalynn asintió, se acercó a su escritorio, extendió la mano y hundió la cabeza para ordenar los papeles dispersos. Matthew se recostaba lánguidamente tras la silla, con una mirada profunda fija en su expresión seria y atenta.
Adalynn notó su mirada y su estado de ánimo se alteró un poco. Recordó los comentarios que escuchó en la cafetería. Después de ordenar la última pila de documentos, Adalynn también tomó una decisión.
—Señor presidente, tengo algo que decirle— Adalynn levantó la cabeza y miró con seriedad al hombre sentado en la silla.
Matthew le hizo un gesto para preguntarle.
—¿Qué ocurre?.
—¿Recuerda la última vez que salió de la reunión? La herida sangraba. ¿Me abrazó?— Después de que Adalynn terminara, su piel blanca estaba, con una capa roja.
Matthew, con un profundo suspiro diminuto, asintió levemente.
—Lo recuerdo.
—Creo que el personal del palacio presidencial nos malinterpretó, así que no me considero adecuada para el puesto de asistente— Adalynn bajó la mirada, sin atreverse a mirar directamente al hombre.
Matthew preguntó en voz baja.
—¿Hay algún rumor que se esté extendiendo y le esté causando problemas?.
—No me importa, Pero me temo que afectará su reputación, señor presidente. Esto es por su bien, para que su imagen no se deteriore de ninguna manera.
Matthew frunció los labios y arqueó las cejas.
—No tiene que preocuparse, como personal del palacio presidencial, este tipo de cosas no se divulgarán.
—Pero...
El hombre la interrumpió con voz baja e insistente.
—Adalynn, espero que pueda quedarse.
El corazón de Adalynn se alteró un poco. Levantó sus largas pestañas y miró a unos ojos profundos y tan azules como el mar. Parpadeó, inexplicablemente. Ante esos ojos, parecía no tener valor para negarse.
—¡De acuerdo! Me quedo —Adalynn respondió mordiéndose el labio y se alejó de su oficina.
Avanzó con la cabeza gacha. En una esquina, no vio a nadie que se acercara. Cuando levantó la vista y se detuvo, se topó con alguien. El hombre también la ayudó a evitar caerse.
—Gracias— Adalynn agradeció y levantó la cabeza al mismo tiempo.
Al ver al hombre sosteniéndola, Adalynn sintió que su mente se desvanecía, y en sus ojos apareció un rostro masculino perdido hacía mucho tiempo.
Los ojos del hombre vieron que era ella, y se sorprendió. Se cubrió la boca y gritó.
—¿Adalynn?.
Los pies de Adalynn retrocedieron dos pasos, separándose del hombre. Apretó el puño inconscientemente. Sus ojos estaban llenos de tristeza y odio. Apretó los labios, negándose a verlo.
—¿Adalynn? No esperaba encontrarte aquí— El hombre se sorprendió al verla. Este encuentro fue una sorpresa para él.
El rostro de Adalynn pasó junto a él sin expresión alguna. El hombre que estaba detrás de él la miró de espaldas, con un destello de culpa en sus ojos.
Cuando Adalynn regresó a la oficina, su corazón estaba completamente conmocionado. Era tan gracioso poder encontrarse con el hombre que la abandonó hacía un año.
Roger Oville el hombre del que estuvo enamorada durante tres años, pero que hace un año para aprovechar una oportunidad de escalar a una posición más alta, se alejó de ella y se caso con otra mujer.
—Pensé que no lo volvería a ver. Inesperadamente, lo encontré en el palacio presidencial.
Adalynn se burló de repente.
En aquellos años, él sacrificó su amor, por suerte nunca dejo buscar su oportunidad de escalar alto y trabajar. No es de extrañar que apareció en el palacio presidencial. Roger es un hombre con un coeficiente intelectual muy alto. Es excelente y sobresaliente. Sin embargo, Adalynn no esperaba que también participara en la política. Como su posición anterior era demasiado baja, ella no sabía que él también estaría activo en la política.
Adalynn se mordió los labios, encendió la computadora, entró en internet, introdujo el nombre de Roger Oville y apareció su perfil, un perfil excelente, y en la columna de su cargo, escribió. "Viceministro de Comercio".
Los ojos de Adalynn reflejaron una mirada burlona. ¿Qué tan inescrupulosos son los hombres?.
Sin embargo, lo logró y ascendió con éxito. Tan joven, solo 31 años, alcanzó tal nivel que se convirtió en m*****o del gabinete presidencial. ¡Qué gran hombre! Un destello de resentimiento se reflejó en los ojos de Adalynn, pero aún lo odiaba.
Desde su primer año de estudios en el extranjero, también solicitó ir a la misma escuela. Estaba llena del amor de sus padres y de su amor, pero nunca les mencionó este amor a sus padres. Al principio, era muy vigorosa; al final, era tan miserable. De principio a fin, estuvo sola.
De repente, Adalynn perdió toda la fuerza y cayó sobre la mesa. El dolor en el corazón le impedía respirar. Justo entonces, sonó su celular.
Adalynn respiró hondo, con calma y serenidad, y dijo.
—Hola.
En ese momento, la voz de Matthew fue encantadora.
—Traiga dos tazas de té.