Adalynn respondió con una sonrisa de entusiasmo.
—Bien, ahora voy.
Adalynn se levantó, fue al salón de té, eligió una bolsita de té verde, la puso en la taza, tras dos pasadas de agua filtrada, burbujeó en la tercera pasada y se fue por la puerta de la oficina.
Fue a la puerta del despacho del presidente, extendió la mano y llamó. Se oyó la voz de Matthew.
—Pase.
Adalynn tomó el té y entró. Matthew no estaba en su posición. Su mirada se fijó en el sofá junto a la pared. El agua del té de Adalynn tembló de repente.
Al ver a Roger sentado frente a Matthew, Roger la miró y se quedó atónito por unos segundos. Inesperadamente, Adalynn era el asistente del presidente.
Matthew sostenía un informe en la mano. Simplemente miró a Adalynn y continuó leyendo el informe. Ignoró las intensas emociones del presidente y su asistente que lo rodeaban.
Adalynn se agachó y le entregó una taza de té a Matthew. Luego, se acercó a Roger, tomó la taza y la puso frente a él. No sabía si era por inestabilidad emocional o inquietud. Mientras Adalynn le llevaba el té, la taza se inclinó y unas gotas calientes se derramaron sobre sus dedos.
—¡Shhh! — retiró la mano con dolor, y al instante siguiente, la gran palma de un hombre la sujetó con preocupación.
— Déjame a ver.
La mirada profunda y serena de Matthew, al otro lado, se alzó y vio que Roger apretaba con fuerza la mano de Adalynn frente a él. Adalynn le sujetaba la muñeca, confundida, y olvidó apartarse por un momento.
Roger observó la piel enrojecida de Adalynn y le dijo.
—Ve a buscar agua fría.
Matthew dejó el informe, se levantó y se acercó.
—¿Te quemaste? Dejame ver.
Adalynn soltó rápidamente la mano de Roger y se escondió detrás de él.
—No pasa nada.
—Tengo agua fría. Ven a lavarte. Matthew señaló otra puerta, la de su habitación privada.
—Adal, no te hagas la valiente. Ve a lavarte— Roger estaba preocupado. La llamaba por su apodo.
Matthew entrecerró los ojos, sorprendido.
—¿Lo sabes?.
Roger no pudo evitar levantarse y responder.
—Adalynn es mi amiga.
La mirada de Matthew se posó en el rostro de Adalynn. Aunque Adalynn lo disimuló con esmero, sus ojos rojos y la expresión de resentimiento en su rostro demostraban que existía una relación entre ellos, no solo una amistad.
La mano de Adalynn estaban herida. El té hirviendo llevaba menos de un minuto. La temperatura era muy alta y había mucho té desbordando, así que sentía que sus dedos estaban calientes en ese momento.
Matthew la miró, su estado de ánimo no era estable, toda la persona estaba asustada. Extendió la mano para tomarla de la suya, vio dos dedos rojos e hinchados, su ceja de espada se torció de repente,
—¿No quieres? Date prisa.
Tras terminar de hablar, la jaló con cierta arrogancia hacia el baño.
Tras él, Roger se quedó atónito al ver la escena. Aún seguía conmocionado. ¿Cómo había entrado Adalynn al palacio presidencial? ¿Y como asistente del presidente?.
Su corazón estaba hecho un desastre. En ese momento, solo sentía la presión de Matthew en su muñeca. La llevó al baño, abrió el grifo, le sujetó los dedos escalfados y lo sumergió en el agua fría.
—Señor presidente, lo haré sola— dijo Adalynn.
Matthew le soltó la mano y dio un paso atrás.
—Apúrate, tomate un rato y luego sal.
Matthew salió, y Roger lo esperaba frente al sofá. Matthew le hizo un gesto para invitarlo a sentarse, y él continuó sosteniendo el informe para que pareciera que estaba allí.
La mirada de Roger se dirigió al baño, llena de dolor y compasión.
Los profundos ojos de Matthew lo miraron mientras hojeaba el informe, y su corazón se tranquilizó.
Adalynn no quería salir, pero no podía quedarse escondida en la habitación personal de Matthew, lo cual era aún más inusual.
Cuando Adalynn salió, le dijo.
—Señor presidente, volveré a la oficina.
—¡Bien! ¡Te puedes ir! —Matthew asintió.
Roger la vio salir, pero también algo aturdida.
Cuando Adalynn regresó a la oficina, aunque sus dedos aún estaban escalfados, parecía no sentir dolor. ¿Qué podría aclararla más que su dolor interior?
¡Debería haberse enamorado de esa chica! Tantos años de sentimientos, pero una oportunidad emergente, ¡qué ridícula lo había perdido!
Pasaron más de las cuatro en un instante. El tiempo libre de Adalynn se basaba en el de Matthew. Había estado sentada en la oficina esperando. Cerca de las cinco y media, sonó el teléfono de Adalynn. Mirando el número que llamo, responde.
—Hola, señor presidente.
—Adalynn, hoy no te deje trabajar.
—Estoy bien. Podemos trabar juntos —respondió Adalynn.
—Es el primer día que vienes a trabajar, no te haré trabajar horas extras. ¡Ve a casa! — dijo Matthew y colgó el teléfono.
Adalynn estaba muy cansada. Lo pensó, empacó su bolso y su computadora y salió de la oficina. A esa hora, muchos empleados salían del trabajo. Al llegar a la puerta, vio una figura familiar junto a un pilar romano. No esperaba que Roger la estuviera esperando allí.
Fingió no verlo, se dio la vuelta y se dirigió al otro lado. Roger la siguió.
—Adalynn... Me sorprende mucho encontrarte aquí. ¿Cómo estás? — Roger le preguntó.
Adalynn avanzó hacia el estacionamiento, mientras Roger la seguía.
—¡Adal, lo siento!.
Adalynn lo miró rápidamente.
—¿Ya basta?.
Roger se quedó atónito unos segundos y suspiró.
—¿Sigues odiándome? Adal, mi familia me obligó a luchar por esa oportunidad. Espero encontrar otra manera de compensarte.
—No lo necesito —se negó Adalynn con frialdad.
— Voy a trabajar aquí mientras tanto. Es en la oficina del cuarto piso. Podemos vernos a menudo.
—¡Felicidades, si no hubieras tenido esa oportunidad, no estarías aquí! — Adalynn se giró para burlarse de él.
Roger, sorprendido, asintió.
—Sí, sin esa oportunidad, no habría podido llegar hasta aquí, pero sufro remordimientos constantemente y me arrepiento de mi decisión.
—En este mundo, si así lo decides, no tendrás derecho a arrepentirte. De ahora en adelante, caminarás por tu camino soleado, y yo cruzaré mi único puente de madera, que es irrelevante el uno para el otro — Adalynn caminó con paso firme hacia su coche, presionó el seguro y se sentó.
Roger se quedó de pie frente a su coche, observándola perdida.