Esa noche, Adalynn se quedó despierta. Un año después, quien le dijo a ese hombre que aparecería sin pensarlo dos veces.
Ella pensó que este hombre siempre sería una barrera infranqueable. Pero su aparición solo despertó un rastro de odio, y ya no había nostalgia ni obsesión por el pasado.
En este último año, todas sus expectativas sobre esa relación se habían desvanecido. Lo que dejó atrás no fue arrepentimiento, sino alivio. La aparición de Roger demostró que no tenía por qué aferrarse a un amor que no merecía la pena recordar.
De hecho, el odio de Roger no era tan fuerte. Él tenía derecho a elegir su vida. Podía permanecer en su lugar actual, y lo que había sucedido en el medio era imaginable.
Los hombres nacen para ser autoritarios. Por su ideal, renunció al amor que ocultaban en aquellos días. Puede que tuviera razón.
Sea como fuere, el mundo emocional de Adalynn se había vuelto un vacío, vaciando por completo todo lo relacionado con el pasado. No sabía si podría comenzar de nuevo en el futuro. Ella cree que nunca más se dejará enamorar de nadie.
Por la mañana...
Adalynn se despertó con el despertador a las siete. Tuvo que permanecer despierta por el dolor de cabeza. No pudo dormir hasta las tres de la mañana. Tenía pesadillas constantemente. Ahora su rostro lucía mucho más pálido de lo habitual.
Se paró frente al espejo y se cubrió las ojeras con base de maquillaje. Se esbozó una sonrisa segura. Sin importar cómo despertara, debía aceptar su trabajo con el mayor entusiasmo.
Tras atravesar una carretera en pendiente, el camino hacia el palacio presidencial se volvió muy espacioso. Adalynn llegó a su lugar de estacionamiento, aparcó el auto y el bolso, y se bajó. En su mente, hay una frase del Roger de ayer.
Él también está a punto de trabajar en el cuarto piso del palacio presidencial, lo que significa que no podrá levantar la vista.
Parece que a Dios le gusta bromear con ella. Tan pronto como abrió la puerta, vio a Roger llegar al final del pasillo con un maletín. Vestía camisa y pantalones oscuros. Tras años de perfeccionamiento político, había madurado. Su atractivo rostro irradiaba un encanto masculino apasionado. Al llegar, dos jóvenes estaban a su lado. El empleado lo miró con admiración.
Adalynn respiró hondo y se apresuró a esconderse. No quería verlo ahora. Sin embargo, Roger la vio. Se acercó y la saludó.
—Buenos días, Adalynn.
Adalynn lo miró y fingió estar llamando por teléfono. La mirada de Roger se posó en su rostro. Tras un año de ruptura, no había cambiado. Lucía clara y hermosa. Su mirada era firme. Bajo un maquillaje ligero, ella también es muy hermosa.
—Adalynn, ¿puedo charlar contigo? —la llamó Roger con suavidad.
—No —Adalynn guardó su teléfono y se dirigió directamente al pasillo. En el ascensor, había mucho personal, y Roger no pudo hablar con ella.
Adalynn subió al sexto piso y entró en la oficina. En ese momento, Matthew no había llegado. Primero ordenó su escritorio y limpio el salón de té. En ese momento, sonó el teléfono.
Adalynn fue hacia el teléfono, lo miró, lo cogió y respondió.
—Hola.
—Sobre las diez, envía toda la información de mi oficina a mi apartamento— Se escuchó la voz de Matthew.
Adalynn respondió
—¡De acuerdo!.
—Si no sabes dónde es, que Peter envíe a alguien para que te guíe.
—De acuerdo —Adalynn respondió y pensó IP. Matthew no quiere trabajar en la oficina hoy, ¿no se ha recuperado ya de su lesión?.
Sobre las diez, un asistente de su oficina ya había entregado los documentos. Adalynn los ordenó, los metió en una bolsa y se los llevó. Peter había encargado a una asistente que se los enviara.
Adalynn pasó junto a un jardín. Había una puerta separada entre el jardín y la zona de oficinas. El asistente le dijo.
—Asistente Evans, ¡entre. Entrar a la zona residencial del presidente requiere la aprobación del presidente. No tengo derecho a entrar.
—¡De acuerdo! Gracias— Adalynn dio las gracias, firmó con el guardia de la puerta y la dejaron entrar. Esta zona residencial es completamente diferente a la de oficinas.
Es tranquila y silenciosa. Al final del jardín, una enorme villa de seis pisos emana una majestuosidad que evoca cierta opresión por parte de la familia real.
—Señorita Evans, está aquí. Su excelencia está en el estudio — Cuando Daniel salió del salón, Adalynn se sintió más cómoda al ver rostros conocidos.
—Daniel, ¿siempre ha sido el chef personal del Sr. Presidente? — Adalynn preguntó con curiosidad.
—Sí, ahora tengo tres comidas al día para el señor presidente— Daniel asintió.
Adalynn no se sorprendió. El estatus de Matthew era muy noble. Su entorno solo conservaba a las personas de mayor confianza, especialmente su dieta. Si alguien quería envenenarlo, era imposible. Así que quienes lo acompañaban debían serle muy leales.
Daniel condujo a Adalynn al pasillo del tercer piso. Señaló un estudio.
—Está ahí— Adalynn se dirigió a la puerta con el documento en la mano y llamó. Se oyó la singular voz magnética de Matthew.
—Pase.
Adalynn empujó la puerta del estudio y vio a Matthew de pie frente a la ventana, con la espalda apoyada en el borde. Bebía una taza de café con elegante persistencia. Su espalda, bañada por la luz del sol otoñal, parecía estar cubierta por una miríada de luces.
Tras unos segundos, Adalynn se dirigió tranquilamente a su escritorio con la información en los brazos.
—Señor presidente, su información.
—¡Hoy trabajaré aquí! ¡Usted también se queda!— Matthew estaba sentado en la silla de la oficina con un café, y su mirada profunda se fijó en Adalynn.
Aunque se había maquillado ligeramente hoy, no podía ocultar su rostro demacrado. Le preguntó con suavidad.
—¿No dormiste bien anoche? Estas un poco pálida.
Adalynn se quedó atónita un momento e inconscientemente extendió la mano para cubrirse la cara.
—Quizás me acosté tarde.
—¿Por Roger?— preguntó Matthew de nuevo. ¡¿Solían ser pareja?! — preguntó Matthew con indiferencia, sin mirarla, como si fuera una conversación familiar.
—Sí, es mi exnovio— Adalynn no se lo ocultó; de hecho, tras la preocupación de Roger por ella anoche, todo revelaba pistas.
Matthew escuchó la respuesta por casualidad. No siguió preguntando. Tras quedarse un rato con Adalynn, abrió la boca y dijo.
—Ve a la sala de estar de al lado y descansa. Deja que Daniel te traiga algo de beber.