Gin miraba su vaso lleno de aquella bebida que le habían pedido para ella.
Estaba rodeada de muchas personas conversando animadamente, pero por su mente solo pasaba aquella discusión que había tenido con sus padres aquella tarde.
Se había negado a ir a una lujosa cena de personas de la política de Inglaterra, demasiadas personas que no conocía y que tenían charlas extremadamente aburridas iban a estar metidas ahí.
No era un plan que llenara de entusiasmo a Gin, después de todo ella seguía siendo una joven de veinte años, no estaba entre sus planes pasar un sábado por la noche con aquellos hombres de tanta edad.
Hombres y mujeres que la conocen obviamente desde que estaba en el vientre de su madre.
Ni siquiera le agradaban mucho, siempre estaban juzgándola por detrás y hablando mal de sus elecciones de vestimenta.
Rodo los ojos.
Otra vez, sacada de sus pensamientos por sus acompañantes.
-Es que no lo entiendo, ¿acaso no soy suficiente? - cuestiono Kim, con su voz a punto de romper el llanto.
Cierto, problemas románticos.
Para eso estaban ahí esa noche.
Sus amigas se habían reunido para calmar las penas de la pobre Kim.
Ella estaba saliendo con un hombre unos años mayor que ella, supuestamente en secreto, por petición de él.
Pero Kim quería algo más real, ella estaba casi enamorada del hombre. Obviamente no merecía nada de eso.
Y le parecía tan injusto a Gin que una chica como Kim, con belleza y una familia que la consentía y amaba, estuviera pasando por tanta tristeza por un pedazo de idiota.
Según Nicky y Janet, no era nada que un poco de alcohol en su sangre no pudiera solucionar.
El bar era bastante elegante, como todos los que las chicas elegían cada vez que debían salir y reunirse.
Generalmente eran bares para clase alta, con mozos que llevaban lujosos trajes y personal de seguridad en cada punta, todo para satisfacer al cliente cuya billetera valía oro.
Este era la clase de lugar que Gin frecuentaba, rodeada de gente de su clase, lo suficientemente chismosos para saber que ella estaba ahí pero no tan interesados para hacer un gran alboroto al enterarse de quien era hija.
-Él no vale la pena, Kim…- Gin acaricio su espalda suavemente, quitándole el quinto vaso de whisky que bebía.
- ¿Cómo lo sabes? - ella se levantó, con su cabeza moviéndose para un lado y para el otro, lucia fuera de sí, por supuesto que estaba borracha. Gin frunció el ceño, no entendiendo a que se refería, las caricias en su espalda frenaron. - ¿Cómo es que finges estar cerca de nosotras? Por favor, eres hija de políticos, de los más importantes en Inglaterra. Podrías casarte con algún apuesto príncipe o si no es así, con algún millonario de turno. - rio de lado, ni siquiera tenía una pizca de gracia su rostro.
Gin trago saliva, con el alcohol siempre salían a flote los verdaderos pensamientos sobre ella.
Y es por eso que odiaba ir a beber con sus amigas.
Es cuando se daba cuenta que en realidad ellas nunca pensaron que fuera una verdadera amiga.
-Kim, sabes que estoy de tu lado. - trato de defenderse.
- ¿Estar de mi lado? Pues, supongo que tengo que agradecer porque la gran Gin Brown este de mi lado. - soltó sarcásticamente, pegando un grito mirando al cielo y vaciando nuevamente la copa en su mano. - Si sientes, aunque sea un poco de lastima por mí, tráeme otra copa. - señalo.
Gin suspiro, buscando la mirada de las otras dos chicas que no estaban muy interesadas en la escena, compartiendo comentarios entre ellas que Gin no podía escuchar.
Termino dándose por vencida y levantándose.
No había ningún camarero cerca, por lo que opto por simplemente caminar hacia la barra.
Además, sería mejor para ella estar un poco alejada de esas tres mujeres.
Ni siquiera se tomó el atrevimiento de avisarle a las demás que iría hasta la barra, simplemente tomo su diminuto bolso, acomodo el corto vestido y salió caminando en sus lujosos tacones a través de todo el bar.
Trato de calmar su respiración varias veces, recordándose una y otra vez que nada de lo que ellas digan puede afectar su paz mental.
Ella era la que las estaba usando, no al revés.
Ella era la que necesitaba ser vista con mujeres de alta sociedad, como ellas.
Gin solo tenía que soportarlas.
Era una orden de su madre, y no podía negarse.
Cerro sus ojos y acomodo su cabello una vez sentada en la barra.
Jugó con el anillo de diamante en su dedo hasta que una figura se paró frente a ella.
- ¿Qué desea beber, señorita?
-Un whisky por favor. - dijo levantando la vista, para encontrarse con aquellos ya familiares ojos.
Una pequeña sonrisa se formó en su rostro.
-Hay, eres la chica que espera el libro. - la señalo, todavía secando una pequeña copa de cristal con sus manos.
-Trabajas aquí. - contesto algo asombrada, vaya que el mundo era pequeño.
-Así es, pero solo los fines de semana. - la voz del sujeto era agradable, aunque tenía cierta gravedad había algo en ella que la hacía sentir segura. - Sale el whisky. - tomo un vaso menos alto y lo lleno con la bebida.
-Gracias. - le respondió, poniéndose de pie nuevamente.
Comenzaba a girarse para volver a donde la estaban esperando, pero su voz la interrumpió.
- ¡Espera! - fue un pequeño grito que seguramente solo Gin escucho, por todo el sonido dentro del bar. - ¿Cómo te llamas? – le pregunto con una sonrisa que hizo ruborizarla.
-Gin. - soltó, ladeando su cabeza. - ¿y tú?
El chico no contestó, solo movió un poco su pecho, sosteniendo la placa con su nombre.
Joshua.
-Es gracioso que tu nombre sea también el de mi bebida favorita.
¿Acaso este hombre estaba coqueteando con ella de alguna forma?
Frunció el ceño, pero sin pensarlo, volvió a sentarse en el mismo lugar que había abandonado segundos atrás.
- ¿Le dices eso a todas las chicas que vienen por aquí?
-Oh, por supuesto que sí. Es mi especialidad. - le siguió la broma. -Oh, espera. - movió un par de bebidas, con la atenta mirada de Gin sobre él. - Aquí tienes, un Gin especial… para una Gin especial. - le sonrió una vez más. - La casa invita.
Gin controlo todo su sonrojo y la tonta sonrisa que amenazaba con salir de sus labios.
Contrólate niña, ya no tienes quince.
-Espero que tengas suerte con ese libro que tienes que devolver el lunes, Joshua. - su nombre saliendo de sus labios salía extraño. - No aceptare retrasos.
- ¿Vienes a bares a hablar sobre libros?
Gin rio bajito.
-Eso me gustaría más que la realidad. - susurro.
- ¿Dijiste algo? - cuestiono, pero otro hombre en la barra lo estaba llamando. - Espera aquí, ya vuelvo.
Gin asintió, viendo cómo se marchaba a la otra punta.
Soltó un bufido, recordando que tenía que volver hacia donde estaban las chicas.
Tomo con cuidado ambas bebidas y camino de regreso.
Paro en seco al darse cuenta que no había saludado, pero sintió la casi penetrante mirada de Kim esperando su bebida, así que retomo la carrera.
- ¿Por qué tardaste tanto? - se quejó una vez que estaba sentada a su lado.
-Oh, me entretuve charlando con un chico en la barra. - se arrepintió de decir eso en cuanto la última palabra había salido de sus labios.
- ¿Charlando con un chico? ¿Mientras aquí tu amiga está aquí con el corazón partido? - cuestiono ahora Nicky.
-Nicky, solamente estuve unos segundos allí. - señalo, un poco cansada.
-Nosotras también podríamos estar coqueteando a algún sujeto. - se metió Janet. - pero estamos aquí, apoyando a nuestra amiga. - señalo.
-Pues entendemos quien, si es una buena amiga, y quién no.
Gin suspiro, ahora era su turno vaciar su vaso, con aquella bebida que el tal Joshua le había preparado a ella.
Quizás ella era una de las otras a las que Joshua le preparaba esa bebida, buscando excusas para simplemente coquetear.
Sacudió su cabeza.
-Lo siento chicas, fui egoísta al pensar solo en mí. - dijo en un tono lo suficiente monótono para no hacer notar su enojo.
-Oh, no pasa nada…- ahora hablaba Kim, que tenía vacío nuevamente el vaso. - Lo importante es que estas aquí…- suspiro, sacándole a un camarero dos copas de quien sabe que, y le entrega uno. -Bebe conmigo.
Lo que Kim quiso empezar como solo una copa, termino siendo otra y otra y otra.
Gin solo quería complacerlas, porque hacerlo significaría que su madre también lo estaría.
El alcohol la ayudaba a olvidarse de sus problemas y de sus obligaciones, de dejar de fingir ser esa chica perfecta que sus padres y el colegio habían moldeado por años desde que ella tenía memoria.
Ni siquiera sabía lo que estaba bebiendo, sus tres amigas simplemente se encargaban de pedir por ella.
Las risas no paraban entre ellas, a Gin le gustaría decir que se estaban riendo las cuatro de algo gracioso pero la realidad era que ella era la causa de la diversión de las otras chicas.
Gin suspiró, observo a Kim y vio que Cuya no estaba llorando ni había ningún signo de tristeza en su rostro y se alivió un poco.
- ¿Qué dirían los diarios de la ciudad al ver el estado actual de la joven princesa? - se burló Nicky, sentándose a su lado y pasando una mano por sus hombros.
-Oh Nicky, eres tan cruel. - le respondió Kim, con un poco de gracia y sarcasmo en su voz- Somos sus amigas, sus fieles compañeras de vida. Siempre estaremos al lado del futuro de la nación. - sonrió, abrazando a Gin desde el lado simple.
A pesar del alcohol, Gin aun podía escuchar y entender completamente todo.
No era la idea que terminara borracha, pero sabía que las reuniones con sus amigas nunca terminaban como ella pensaba.
Tomó aire y vacío su bebida.
En su imaginación, arriba del ajustado vestido de nicky.
Aunque en la realidad, ella solamente bebió más alcohol.
- ¿No creen que ya deberíamos irnos? - cuestiono Gin. - Es tarde…
-Oh si, completamente. - respondió Kim. - Ya no puedo beber más. - sacudió su cabeza, en busca de alguno de los camareros. - ¡La cuenta por favor!
-Kim, déjame acompañarte al baño, vamos a retocar nuestro maquillaje. - sugirió Janet, abandonando la pequeña mesa VIP.
Nicky y Gin quedaron solas, acomodando sus cosas.
-Ah, pobre Kim. - Gin tenía toda su atención en la amiga que le estaba hablando. - Otra vez siendo usada por un chico solamente porque es tu amiga.
Los ojos de la castaña se abrieron de par en par.
- ¿Qué?
-No te hagas la sorprendida. Seguramente sabes muy bien que la mayoría de los chicos solo nos usan para poder tener algo de información de tus padres. A mí no me afecta, pero sabes cómo es Kim… Ella es tan soñadora. - fingió un largo suspiro. - Pero bueno, es lindo que vengamos aquí y tratemos de olvidar nuestros problemas. ¿no?
Gin mordió su labio, aquel tic en su pierna que la hacía moverse sin parar estaba atacándola.
Esta vez, sabía perfectamente que las palabras que salían de la boca de Nicky podían ser ciertas.
Le había pasado a ella con hombres que se le acercaban a seducirla solamente por información.
Pero que se metan con la gente a su alrededor…
Negó con la cabeza.
-Hay, ¿está bien si invitas los tragos? No traje mi billetera. - fue lo último que dijo Nicky mientras se colocaba su caro abrigo.
Gin rio en su interior.
Cosas que le sucedían cada vez que salían.
-Sí, no te preocupes. Yo invito.
Pero cuando quiso responder, ya se encontraba completamente sola en aquel bar.
(...)