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1774 Words
Joshua hizo sonar su cuello por cuarta vez en menos de veinte minutos, sus ojos pesaban por culpa del cansancio. De solo pensar que al llegar a casa aún tendría tareas que hacer lo cansaban mental y físicamente. Los minutos pasaban lentamente ahora que la gente comenzaba a marcharse, a pesar de que ya casi nada de clientes quedaban en el bar, él tenía que mantenerse firme a la barra, haciendo tiempo hasta que la última persona se ponga en marcha fuera del lugar para poder cerrar. Hoy tenía un papel importante. Le agradaba contar con un poco más de responsabilidad. El jefe había confiado en sus capacidades para poder quedarse a cargo del lugar. O solamente lo quería explotar hasta el final de la jornada. Las luces ya no estaban tan apagadas como antes, por lo que podía ver bien a la gente alrededor de la barra, también pudo ver claramente como el desastre de su amigo venia caminando hacia él con sus manos dentro de ese viejo pantalón y aquel horrible gorro n***o tapando su cabello. Definitivamente era algo que no iba para nada con la estética del bar donde los hijos de adinerados iban por algo que sumar a la cuenta de sus papis. -Joshua, Joshua… Mi buen amigo. ¿Habrá algo en este patético lugar para que un simple campesino como yo, pueda beber? - cuestiono con una media sonrisa. -Quítate el tonto gorro, me sorprende que te hayan dejado pasar tan fácil. - frunció el ceño, acomodando las pequeñas copas de cristal. - ¿Por qué no lo harían? ¿Acaso no me veo elegante? Esta camisa la lave ayer. - señaló. Joshua frunció la nariz, disgustado. -Otra vez burlaste al guardia, ¿No? -Solo pásame una cerveza…- dejo sus hombros caer, apoyando los brazos ahora en la barra. -Solo una Mattew, y la tendrás que pagar. - lo señalo con un tono de reclamo. Joshua simplemente siguió ordenando las cosas en la barra, listo para finalmente marcharse a casa y solo descansar por un par de minutos antes de que el día volviera a comenzar para él. Una pequeña sonrisa salió de sus labios al recordar la interesante charla que había tenido con la chica de la biblioteca. Sabía que la pequeña era bella desde que se la cruzo en la biblioteca, pero verla con aquel vestido lo confirmo totalmente. Ella estaba radiante esa noche, aunque su rostro mostraba claramente que no quería estar ahí. Las pocas palabras que compartieron fueron suficientes para que Joshua notara que era una chica muy interesante, pero al darse vuelta, ella simplemente desapareció entre la gente nuevamente. Era una chispa que desaparecía en el oscuro cielo, y él deseaba desde el fondo de su corazón volver a verla brillar. Sacudió su cabeza, el cansancio le estaba afectando la cabeza claramente. Si no, no había una explicación razonable de por qué seguía pensando en esos tristes ojos. Su amigo abrió la botella, Joshua fue rápido en dejarle un vaso junto a él antes de que el salvaje tomara del pico. Después de mirarlo y tirarle amenazas por los ojos, Mattew volvió su atención al teléfono que tenía entre las manos. -Míralos, ¿cuantas fiestas al mes quieren plantear con el dinero que nos roban? - cuestiono algo ofendido. Joshua tomo aire, ahí venia de nuevo. -Mattew, recuerda donde estas…- alargo, pero eso no fue suficiente para parar el monologo del colorado. -No, Joshua. Estas asquerosas personas nadan en su sucio dinero todos los fines de semanas, armando esas estúpidas reuniones solamente para planear estrategias de cómo seguir robándonos dinero sin que nos demos cuenta. - exclamo, golpeando la mesa con su dedo varias veces. - Es que no lo puedo creer, la familia Brown esta tan apestada, tan jodidamente llena de mierda. -Amigo, sabes que estoy completamente de acuerdo contigo, más que nadie en el mundo. - aclaro. - Pero no podemos tener esta charla aquí, no donde todas las paredes tienen oídos y donde mi trabajo está en peligro. Sabes lo peligroso que puede ser para mí. - sentenció. Mattew rodo los ojos, pero volvió a retomar la calma. -Lo sé, lo siento. Perdón por dejarme llevar. - bloqueó su teléfono y lo dejo sobre la mesa. - pero escucha esto. - lo llamo para que se acercara. - La campaña de los Brown está a mitad de camino, lo que significa que deben estar preparando el cierre de campaña para dentro de un mes o dos. - adivinó. - Deberíamos comenzar a prepararnos para ese gran evento. ¿No lo crees? Joshua enarco una ceja, eso le interesaba muchísimo más que toda la mierda que Mattew estaba soltando. - ¿Estás diciéndome que tienes información sobre la campaña de los Brown? Mattew sonrió con el ego a flor de piel. - ¿Con quién estás hablando pequeño Joshua? Por supuesto que tengo información. - se rio. - Mañana, ven a mi casa y comencemos el plan. - dijo emocionado. Joshua fue borrando de a poco la mueca de felicidad que tenía en el rostro. -Es domingo, Matt. - soltó. - Sabes que no puedo dejarlo. - su boca se transformó en una línea recta. -Cierto, no puedo competir contra él. - alzo sus manos rendido. - ¿Te parece el lunes entonces? Joshua asintió varias veces. -El lunes. - confirmo. Mattew se levantó del incomodo haciendo y dejo unos billetes sobre la barra. -Lo que sobra es propina para el sexy barman. - le guiño un ojo antes de darse vuelta y salir caminando rápido del bar. Joshua soltó una pequeña carcajada, al idiota le faltaba todavía pagar la mitad de la cerveza. Negó con la cabeza y guardo el dinero en la caja. Volvió a alzar la vista. Perfecto. No quedaba nadie en el lugar. Se sacó el incómodo moño del cuello y fue a tomar sus cosas. Finalmente podía ir a su hogar. Los otros camareros y personal se habían ido poco a poco desde que la hora laboral había terminado. Eso lo dejaba como la única persona dentro del bar. Solamente debía tomar las llaves y apagar las luces para poder ponerse en marcha. Pero algo lo interrumpió, algo que hizo fruncir su ceño. Un extraño ruido que venía del baño. ¿Acaso aún quedaba alguien? Lo cierto era que, si había alguien, alguien que parecía tener intenciones de cruzarse en su vida mucho más seguido de lo que creía era lo correcto. La niña ni siquiera parecía estar consiente de donde estaba, Joshua se acercó lentamente para que no se asustara. Lo último que necesitaba esa noche era terminar con un pómulo morado. - ¿Gin? ¿Eres tú? - cuestionó con una voz tranquila, la que usaba para hablar con su hermano pequeño. - ¿Mmmh? - la chica no parecía darse cuenta que estaba parada frente a la puerta de baños, observando la pared como si fuera lo más interesante de todo el lugar. -Estamos cerrando. Ya no queda nadie aquí dentro. - informó. Gin frunció el ceño, girando su rostro y conectando la mirada nuevamente con aquel chico de cabellos oscuros. -Eso no es cierto. - estiraba las palabras, completamente borracha. Ni siquiera podía mantenerse de pie sin tambalearse de un lado hacia otro. - Mis amigas están ahí dentro, las estoy esperando para poder ir a sus casas a dormir. - informó. Joshua bufó, dándose cuenta de la situación al instante. Alguien había sido abandonada… Rasco su nuca, sin saber cómo explicárselo para no dañar sus sentimientos. Nunca le habían hecho eso a él, así que no sabía cómo podía llegar a reaccionar si le contaba la verdad. Aunque sospechaba, en el fondo de su pecho, que la chica con mirada perdida sabía exactamente qué era lo que estaba sucediendo esa noche. Por lo que opto con desviar su mirada y tomar aire. -Mira, te puedo acompañar hasta afuera si no te molesta. Esperaremos un taxi los dos y podrás llegar hasta tu casa sana y salva ¿Qué te parece? Gin abrazo sus desnudos brazos, sintiéndose atacada por el frio del lugar vacío. Asintió con poca fuerza, también bajando su cabeza. Siguió a Joshua en silencio, claramente sin querer hablar del tema. Su cuerpo aun tambaleaba, así que por un tonto impulso, termino tomando parte de la camisa del más alto, que la guiaba a la salida dejando pasar ese tímido agarre. Sus pasos eran los únicos que retumbaban en aquel vacío bar, los altos tacones de Gin hacían eco, siendo ese el único ruido del lugar. Joshua no sabía realmente como terminar de sobrellevar esa situación. Siempre había tenido que manejar con hombres alcohólicos o mujeres pasadas de copas que no querían abandonar el lugar. Finalmente, el frio aire de la madrugada los golpeo en la cara, haciendo que los dos respiren profundamente. Gin tenía ganas de llorar, pero estaba aguantando con todas sus ganas para poder mantener su postura, aunque no podía mantenerse parada sin tambalearse de un lado para otro. - ¿Tus amigas acostumbran a dejarte sola en lugares como este? - cuestiono Joshua, rompiendo el silencio con una pregunta poco disimulada. Gin sonrió de lado, algo melancólica. -Diría que no es la primera vez. -alzo los hombros. -Oh cariño, necesitas nuevas amistades. - señaló. -Si no son ellas, ¿quién querría ser mi amigo? Nadie. - sus palabras seguían alargándose, pero ahora parecían más tristes que antes. - No soy una persona que se puede permitir estar sola. Joshua alzo las cejas, sorprendido por el planteo que le estaba haciendo. ¿Que sucedía con esta chica? Por supuesto que podía estar sola, él prefería estarlo antes de seguir rodeada de toda esa gente que no era buena para su vida. Más que nada luego de ser abandonada dentro de un lugar donde cualquier cosa pudo haberle sucedido. Si, el lugar se llenaba de gente con mucho dinero, pero eso no quitaba lo mala persona que podían llegar a ser. Él conocía de primera persona las atrocidades que la gente rica podía llegar a hacer. Observo a la chica, que parecía indefensa pero que creía que había mucho más que él no podía ver. Su rostro, su expresión y aquellos ojos que no tenían nada dentro… Todo le decía que la chica había pasado por mucho más que esta simple situación. ¿Que podía hacer él? Estaba frente a una frágil y bella chica, una preciosidad digna de pasarela, que lo observaba como si pudiera leerlo perfectamente, pero que se encontraba sola en aquel peligroso y horrible mundo… Necesitaba permanecer a su lado. -Yo puedo ser tu amigo.
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