Gin despertó en su cama, su cabeza estaba que se partía al medio.
Necesitaba una aspirina, y beber agua… Mucha agua.
Gin vivía en uno de los apartamentos dentro del establecimiento de la universidad.
El lugar no era algo de lo que Gin estaba acostumbrada.
Tenía una habitación pequeña, un living cocina y comedor y otra habitación que supuestamente era para otra compañera.
Aunque ella vivía sola.
Le bastaba para estar conforme, tenía un lugar para comer y dormir y se las había arreglado para adornarlo a su manera, cosa que en su casa nunca había podido hacer.
El tener sus posters colgados en su habitación, o diferentes tipos de plantas que volvían el lugar mucho más fresco le hacían pensar que había tomado la correcta decisión de abandonar el hogar donde había crecido.
Esa fue una de las razones por las cuales, ni bien tuvo la oportunidad de huir de la casa de sus padres, lo hizo.
Aún tenía que visitarlos los fines de semana, pero esta vez era especial.
Iba a tener una nueva compañera.
Los de la universidad le habían informado sobre esta noticia. Gin era la que tenía uno de los pocos apartamentos para ella sola, y si era sincera, comenzaba a aburrirle.
Por las tardes se sentaba horas y horas en el balcón, con algún libro sobre zombis sobre su falda como su única compañía.
Por supuesto que iba a aceptar en cuando le dijeron sobre la posibilidad de trasladar a alguien.
Sabía que quizás esa persona se alteraba un poco al conocerla, y rogaba por todos los cielos, que no cambiara de parecer.
Realmente quería tener una compañera.
Aunque sus padres estaban completamente en contra claro, para ellos la simple idea de que alguien pueda estar espiando a su hija les aterraba y ponía en peligro sus carreras como políticos.
Gin ni siquiera les había contado esa vez, iba a mantener el secreto.
Pero debía cuidar muy bien de sus palabras.
Soltó un quejido en cuando otra puntada fue disparada a su cabeza, no debió seguirle el juego a Kim anoche.
Anoche…
Quería meterse debajo de las sabanas y no volver a salir en cien años.
Había quedado como una estúpida frente al chico de la biblioteca, no solo eso, sino que lo había hecho esperar con ella hasta que el taxi llegó.
Realmente no sabía cómo iba a volver a verlo.
Se destapo y quedo acostada mirando al techo, replanteándose cada una de sus decisiones.
Él quería ser su amigo…
Sonrió ante el recuerdo de aquel lindo rostro tratando de ser gentil con ella.
La había cuidado desde que la encontró hasta que estuvo segura en el auto.
Suspiró.
Quizás estaba sobre pensando mucho las cosas.
Él trabajaba en el lugar y lo único que quería era poder irse a su casa tranquilo sin tener la conciencia sucia de que algo le había pasado a la loca chica que se encontraba sola frente a los baños, luego de haber sido abandonada por sus amigas tiempo atrás.
Cerró fuerte sus ojos.
Ni siquiera debía gastar tiempo pensando en todo lo que había pasado en aquel bar.
El timbre sonó, su nueva compañera había llegado finalmente.
Y ella se encontraba en pijama, aun con una resaca del nivel de mil dioses.
- ¡Ya va! - rápidamente grito, levantándose de la cama y efectivamente mareándose en cuanto piso los pies sobre el suelo.
Pero no tenía tiempo para caerse y perder la conciencia, tenía que tratar de parecer lo más decente posible.
Acomodó su cabello y limpio su cara lo más rápido que pudo.
Y ahí estaba ella, parada frente a la puerta, secando el sudor de las palmas de sus manos contra la tela del pijama.
-Hola, me llamo Emma.- le sonrió, era una chica una cabeza más chica que ella, su rostro estaba adornado con pecas y su sonrisa dejaba ver un pequeño hoyuelo.
Todo de ella le transmitía buenas energías, tanto así que le respondió la sonrisa.
-Soy Gin, bienvenida. - se corrió para dejarla pasar, para que entrara al que sería su nuevo hogar.
-Créeme, lo sé. - se rio, pero esa risa no se le contagio a la castaña.
Gin la ayudo con sus valijas, y le explico un poco que era cada lugar y por supuesto, donde se quedaría a dormir.
Tenía cierto dolor en el estómago, no sabía si era por todo el alcohol que no había vomitado la noche anterior o si era porque esta persona conocía quien era ella.
Sabía que era bastante obvio el darse cuenta de quienes eran sus padres, después de todo en las clases su apellido es siempre nombrado y su nombre encabezaba la lista de mejores alumnos cada cuatrimestre.
Por lo que estaba bastante acostumbrada a eso, pero nunca había tenido que convivir las veinticuatro horas con una persona que conocía su identidad.
Quizás sus padres tenían razón, quizás había sido una mala idea desde el principio el hecho de aceptar a alguien para que viva con ella.
-Oye, ¿te encuentras bien, Gin? Estas un poco pálida. - sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Emma, que ya había desparramado todas sus pertenencias por la habitación.
-Estoy bien. - sacudió su cabeza. - ¿De qué departamento eres?
-Ingeniería. - respondió. - No hay muchas mujeres en el departamento. - se encogió de hombros. - Es por eso que me costó tanto conseguir compañera. Es casi un milagro que justo una habitación de alguien de Abogacía esté disponible. - hablaba rápido y con mucho entusiasmo, sacudiendo las manos exageradamente ante cada pequeña palabra que decía. - Y más con una increíble chica como tú Gin, realmente admiro todo lo que haces. - sonrió de lado.
Gin bajo la cabeza un poco ruborizada.
-Oh, no hago nada…
- ¿Enserio? - se tiró a la cama, estirando sus brazos y piernas. - Eres la porrista más popular de la universidad, te preparas para cada examen para poder llegar primera e incluso lo logras. - enumero. - Realmente tienes una vida perfecta…- suspiró.
Gin sonrió incómoda, todos esos títulos ni siquiera eran suficientes para poder ser la hija perfecta que sus padres buscaban.
-Lo siento si estoy siendo muy intensa, es que créeme cuando te digo que me alegra tener una compañera y que esa persona seas tú. - señalo.
Gin la observo y pudo ver cierta sinceridad en su mirada.
-También estoy alegre de tener una nueva compañera, Emma…- respondió y luego de eso su alarma sonó.
Frunció el ceño, era domingo.
¿Por qué tenía una alarma puesta?
Tomó su celular para ver que recordatorio había y abrió sus ojos sorprendida al leerlo.
- ¿Sucedió algo?
Gin tragó saliva y corrió a su armario para sacar ropa limpia de este.
-Al parecer debo ir a la biblioteca. - le informo a la chica que estaba en la habitación de enfrente.
- ¿A la biblioteca? ¿Un domingo?
-SIP. - acentuó Gin, algo emocionada y de mejor ánimo que antes. - Debo ir a buscar un libro que esta esperándome.
(...)
-Te voy a ser sincero, ni siquiera sabía que la biblioteca estaba abierta los domingos. - sonrió Joshua, acomodándose en la mesa junto a la ventana.
Gin rio, poniendo la pizza que había comprado para que compartan.
Después de todo ni siquiera había almorzado cuando salió de su departamento.
El recordatorio decía claramente biblioteca con Joshua, ¿en qué momento había pasado eso? Era algo que ella no podía recordar por más que intentara e intentara.
- ¿Me vas a decir en qué momento tomaste mi celular y pusiste una alarma?
Joshua la observo ofendido, mientras daba el primer mordisco a su comida.
-Fuiste tú misma la que me obligo a venir aquí para entregarte el libro, y créeme tu cara de tristeza es bastante manipuladora. No pude decirte que no.- limpio su mano con una servilleta y saco de una vieja mochila el libro que había prometido entregar.
- ¿Llegaste a terminar la tarea? - cuestionó algo preocupada, intentando no sentirse mas avergonzada por todo lo que había hecho esa noche y no recordaba.
¿Acaso había dicho alguna estupidez o… había filtrado información de sus padres?
Sacudió su cabeza, rezando en cinco idiomas diferentes que eso no fuera así.
-Por supuesto que sí, si tengo que ser honesto… No pegue un ojo en toda la noche, pero hoy, mírame. Fresco como una lechuga.
Gin lo regaño con la mirada.
- ¿Estás loco?
-Te lo dije, tu rostro triste puede llegar a ser muy manipulador Gin…
La chica suspiro, sintiéndose demasiado culpable.
-Puedes volver a tu casa a dormir, puedo estar aquí sola. - señalo, sintiéndose culpable por haber hecho que ese chico no durmiera en toda la noche, primero por cuidarla y luego por su estúpido capricho del jodido libro.
Joshua sonrió.
- ¿y perderme de esta sabrosa pizza? Nunca había probado algo tan delicioso. - apuntó. - Debió haberte costado una fortuna.
Joshua se arrepintió de decir eso al notar que la expresión del rostro de la chica cambio.
A ver, él sabía perfectamente que ella era una niña rica.
No cualquiera estuviera abogacía en esa prestigiosa universidad, más que la había encontrado en el bar para el que trabajaba y por supuesto, él no era ciego. Sabía que con el bolso que había traído podía pagar todas sus comidas del mes.
Pero al parecer, eso la hacía estar inquieta.
Su mirada estaba en el libro, pero se podía ver claramente que no quería hablar de eso.
- ¿Tus amigas se han comunicado contigo? - otro tema que, por supuesto, ella no quería tocar.
¿Qué le pasaba a Joshua hoy? Definitivamente tenía que dormir algo antes de seguir preguntando estupideces.
Gin simplemente se limitó a negar con la cabeza, soltando un suspiro.
-Ya lo harán supongo. - se encogió de hombros. - después de todo, mañana tenemos practica de porristas.
- ¿Eres una porrista? - cuestiono ahora un poco más divertido.
Gin levanto su vista y sonrió de lado.
-Tu… Enserio no sabes nada de mí. - soltó algo sorprendida.
Joshua no sabía su nombre, ni mucho menos su apellido.
No sabía a qué familia pertenecía, su popularidad en la universidad y mucho menos de su vida romántica, por algo él seguía coqueteándole descaradamente.
Joshua, por su parte, frunció el ceño.
¿Por qué debería conocer de ella?
Es decir, era preciosa y resplandecía por donde fuera que caminara, pero… ¿era ella tan importante como para que él la conociera?
-Este semestre empecé aquí. He ganado una beca completa. - anuncio orgulloso.
Gin alzo las cejas.
-Eso es increíble, solo les dan a becas a gente muy talentosa y especial. - eso le dio cierta curiosidad, ¿quién era exactamente el chico que tenía sentado frente a ella?
Su teléfono sonó, sacándola de cualquier conversación interesante que estaba teniendo.
Vio el identificador de llamadas y suspiró.
Por supuesto que su domingo no iba a poder ser tranquilo y relajante, ellos no la dejarían ir tan fácilmente.
Y mucho menos luego de la horrible noche que habían tenido por culpa de esos idiotas que se metieron a la fiesta para manifestar contra sus padres.
Miro a Joshua y le sonrió de lado, a forma de disculpa.
-Debo irme, gracias por esto y juro compensarte por esas horas de sueño que te quite. - soltó una pequeña risa. - Nos vemos, Joshua. - agito su mano y desapareció por los pasillos de la biblioteca.
Joshua ni siquiera tuvo tiempo de decirle algo, otra vez era dejado solo por aquella preciosa castaña.
(...)