5

1783 Words
Gin tomó aire, mientras ataba su pelo en una coleta alta, observando la velocidad con que la gente a su alrededor se cambiaba y preparaba.  Quizás los de fuera de la universidad nunca creerían que un lugar tan prestigiado como ese, se tomara tanto en serio a su equipo deportivo de basquetbolistas, y mucho menos, la competencia que había entre porristas.  Era gente aburrida con dinero, que no sabía en qué gastar su dinero por lo que usaban el deporte para apostar.  Su padre fue el que la obligo a universo a las porristas, si debía contarlo.  No había tenido un hijo varón para que pudiera ser el capitán del equipo entonces, ¿cómo debía hacer resaltar a su hija? Por supuesto que debía hacerlo con las porristas.  Es así que, moviendo un poco de contactos, Gin llegó a ser la capitana de las porristas.  No era algo que disfrutaba, no era algo que le apasionaba, y podía sentir las feroces miradas de las chicas a su alrededor cada vez que ella era alzada en los altos en algún truco.  Más de una vez sintió incluso como casi la dejan caer.  Pero solo debía mirarse en el espejo y contar hasta tres, cuando el horario terminara, finalmente podía volver a su habitación y estudiar tranquilamente sin que nadie intente asesinarla.  El trato era permanecer en el equipo hasta que la campaña de su padre terminara, para lo que faltaban diez jodidos meses.  Casi todo un año que debía pasar dando vueltas en el aire, aunque le producían algo de nauseas.  - ¡Bien, esforcémonos hoy también! - habló Kim, porque por supuesto que ellas también estarían ahí, ¿por qué no lo harían?  Al lugar donde Gin tenía que ir, ellas la seguían, porque ese era el acuerdo.  Gin debía mantenerlas cerca, ellas debían ser vistas junto a su compañía.  No habían hablado de como habían dejado a Gin en un tonto bar a la suerte, con la posibilidad que un millón de cosas malas le pasara.  No, esas cosas no eran de las que hablaban.  Porque no eran importantes.  Debían hablar mejor de que se iban a poner en la próxima cena con sus padres, o que costoso regalo pedirían esa semana.  -Hay incluso más gente de la que se permite en el gimnasio, gente de todas las universidades han venido a ver jugar a Los Halcones. - informo Janet, subiendo sus medias hasta la rodilla.  Gin tomó los pompones que estaban junto a su mochila, su falta innecesariamente corta y todo el brillo que le habían puesto en la cara la hacían sentir un poco ridícula.  -Gin, ¿por qué no dices unas palabras? - Nicky le sonrió juguetona, codeando su brazo.  La capitana hizo caso e hizo la señal para que las once chicas se unieran alrededor de ella.  -Ustedes y yo sabemos que podemos ser el acto central de ese partido, en cuanto pongamos un pie fuera, todas las miradas serán nuestras. - sonrió. - Así que, dejémoslos impresionados… Y luego yo invita pizza. - eso la hacía sentir un poco mejor.  Aunque sea después de todo ese circo, tendría pizza.  Con una falsa sonrisa, las porristas agitaron sus pulmones y se pusieron una fila para salir al gimnasio una vez que les dieron el permiso. -Vaya palabras de la líder…- escuchó como susurraba una a sus espaldas. - ¿Que importa si nos va bien o mal? De todas formas, ella terminara yéndose a casa con su perfecto novio mientras a nosotras nos castigaran.  Y ahí estaba la otra parte por la cual odiaba profundamente su puesto como porrista.  Era su novio el que jugaba en el equipo, el as de Los Halcones. El chico de mejor posición en toda la universidad, y curiosamente, también era su novio.  Riley Hall no era exactamente un joven tranquilo.  A él le encantaba ser el centro de atención, por lo que disfrutaba tanto el ruido de los gritos desesperados del público, alentándolo a seguir sumando puntos para el equipo.  Le encantaba estar en el foco de atención. Gin podía decir que se acostumbró a esa parte de Riley, no le desagradaba pasar tiempo con él, y a veces hasta podían mantener una conversación interesante, claro, cuando no estaba intentando llevarse la mirada de todas las personas a su alrededor.  Realmente era una persona interesante, y Gin sentía que le gustaba un poco.  Su tierno lunar en la mejilla le daba un aspecto inocente del que todos eran víctimas. Y  Incluso ella.  El partido había comenzado, el público enloquecía.  Los Halcones iban ganando, como siempre.  Y Riley era la estrella… Como siempre.  Suspiró.  Su trabajo como porrista era mantener al público entretenido, pegando saltos y armando rimas que se había aprendido de memoria hace meses atrás.  Ladeo su cabeza cuando reconoció a cierta persona entre el público.  ¿Qué hacía Joshua ahí?  ¿Y por qué le estaba sonriendo de esa forma?  De una forma u otra, le devolvió la sonrisa antes de hacerle un saludo de pompón.  De todas las personas de la universidad, era el que menos esperaba cruzarse ahí.  El partido terminó, Los Halcones se llevaron la victoria y las animadoras corrieron a festejar con el equipo.  Riley era levantado por los aires por los fuertes brazos de sus compañeros, después de todo, él había encestado el tiro ganador.  Para la sorpresa de nadie, claramente.  Era lo que se esperaba del gran capitán.  Cuando sus ojos se encontraron, Riley se encamino hacia ella y la abrazo por la cintura.  -Me volviste a dar suerte, mi amor. - le sonrió antes de plantar un beso en los labios ajenos y ocasionar todo un escándalo de gritos a su alrededor.  Gin sonrió y acaricio el cuello del muchacho, sin querer tocarlo mucho después de todo lo que había sudado en el partido.  Se separaron segundos después y compartieron una tierna sonrisa.  Puro show.  Gin se aguantó las ganas de rodar los ojos que tenía y se propuso a seguir agitando sus pompones, todos estaban siendo usados como marionetas por los Brown, todos formaban parte de aquella obra de felicidad que aquellos dos estaban montando para salirse con la suya.  El festejo fue mudado hacia la pizzería a una cuadra del gimnasio, al contrario de lo que pensaban, no comían sushi después de un partido.  Una rica y grasosa pizza era mejor opción.  Y Gin agradecía tanto eso, porque odiaba comer sushi.  Riley estaba sentado a su lado, entrelazando sus dedos y hablando animadamente con las demás personas.  Mientras que la castaña trataba de entablar una conversación con sus amigas, que también habían sido invitadas a ese lugar.  - ¿No deberíamos postear una foto de las cuatro? - cuestionó Nicky.  Las demás asintieron, procediendo a arreglar su cabello rápidamente.  Las r************* eran su fuente de trabajo, tenían que mantener al público al tanto de que era lo que hacían y en que pasaba su tiempo libre la hija de dos importantes políticos.  La gente hablaba de ella, incluso si ella no era la que subía la foto.  A todo el mundo le interesaba saber que estaba haciendo, y como podía afectar eso a su familia.  Buscaban el mínimo error y distracción para a****r y bajar la reputación de sus padres.  Era un juego peligroso, del que siempre tenía que estar atenta.  -Intente comunicarme contigo ayer, no me contestaste. - dijo Kim, señalando con el dedo a Gin, la cual todo aire.  -Ah sí, tuve que ir a visitar a mis padres. - contó. - ¿Enserio? ¿Dijeron algo importante?  Gin negó con la cabeza, ellas tenían miedo de que les haya contado que la dejaron sola en un bar.  No iba a molestar a sus padres con sus tontos problemas, ellos no necesitaban saber eso.  -No.- sonrió. - Les mandan saludos, y esperan poder invitarlas a cenar pronto. Eso les subió el ánimo a las tres, porque sonrieron de oreja a oreja y se pusieron a hablar sobre que debían usar para cenar con los señores Brown.  -Hay linda, ¿está todo bien? - sintió un apretón en su mano, y a Riley mirándola cariñosamente.  Gin solamente negó con la cabeza y se apoyó en el hombro del mayor.  -Felicidades por volver a ganar. - le susurró.  - ¿Cómo no podría ganar si tenía a la chica más preciosa de toda la universidad alentando por mí? - dijo en un hilo de voz, jugando con sus dedos.  - ¿Soy la chica más preciosa? ¿O estás hablando de alguna otra persona? - arqueo una ceja, sonando graciosa.  Riley soltó una pequeña risa y le dio un rápido beso sobre los labios.  -Por supuesto que lo eres. - contestó. - ¿cómo está la pizza? -Deliciosa. - la respuesta le salió al segundo. - Sabes que amo la pizza.  -Lo sé, por eso es que vinimos aquí. - señalo, guiñándole el ojo. - Todo sea por complacer a mi princesa. - la acerco más hacia él.  Gin sonrió, sintiéndose cálida por un momento.  Riley no era una mala persona, y la conocía bien.  Quizás en otro momento, ella se hubiera enamorado de él.  Pero ahora no podía simplemente amarlo cuando tenía un montón de cosas en su cabeza todo el día.  Pero no mentía cuando decía que disfrutaba de su compañía.  - ¿Cómo te fue en el bar el sábado? - pudo sentir a Kim tensarse a sus espaldas.  Solo lo ignoro y volvió a mostrar sus dientes perfectos.  -Bastante bien. - se encogió de hombros. - Las chicas son muy divertidas.  El rubio asintió y siguió con su comida. - ¿Que dices de ir a una cita en la semana? - cuestionó Riley, rompiendo el silencio.  Gin limpió los labios contrarios con su dedo antes de asentir emocionada.  -Claro, ¿qué planeas? -Hay, déjate sorprender por mis increíbles sorpresas. - le sonrió. - ¿Paso por ti al apartamento?  Gin iba a asentir, antes de que recordara que ahora compartía el lugar con otra persona más y que nadie debía enterarse de eso.  No hasta que encontrara la forma de explicárselo a sus padres.  -No, mejor mándame la dirección y te espero ahí ¿sí? Tengo una semana bastante pesada con tareas, aprovechare cada segundo para adelantarlas y poder pasar tiempo contigo. ¿Si? Riley asintió después de sospechar por un segundo, pero termino volviendo a plantar un beso ahora en la frente de la menor.  Riley era un estudiante de abogacía, unos dos años mayor que ella, era un senior en la universidad y realmente entendía como tenía que comportarse para poder ayudar a la linda Gin.  -No lo olvides entonces, es una cita.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD