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1792 Words
Gin siempre había sido paciente. Disfrutaba su tiempo a solas que siempre solía ser cuando esperaba a alguien en algún lugar.  Esta vez esperaba a Riley, supuestamente su cita debería haber empezado hace diez minutos.  Pero permaneció paciente, diez minutos podían sucederle a cualquier persona.  Conocía a Riley, quizás había tenido un inconveniente en el club de básquet, o quizás lo llamaron de algún lado en la universidad.  Esperaba sentada dentro del lujoso restaurante de la ciudad, era quizás una de las únicas personas sentada sola.  Todos estaban en compañía de su familia, un amante o amigos.  Suspiró y volvió a ver el caro reloj en su muñeca.  Definitivamente media hora no le podría pasar a cualquiera.  Desbloqueó su celular, con la esperanza de que algún mensaje haya llegado.  Pero tampoco había nada ahí.  ¿Quizás había sido plantada?  El mozo se acercó por tercera vez a preguntarle si quería ordenar. Ya un poco incomoda y cansada de la situación, terminó esperando en la puerta del lugar.  Observó al cielo, la noche estaba serena. Ni una sola nube en el cielo que molestara. La ciudad era iluminada por las luces de los diferentes restaurantes y centros para que la gente paseara y pasara un rato entretenida.  Todos iban abrigados, las noches ahí eran mucho más frías que durante el día.  Gin estaba lo suficientemente cubierta como para no sufrir del frio, pero después de una hora de estar esperando por Riley, se estaba congelando.  Tomó aire una vez más, enfadada y de muy mal humor.  Tenía frio, hambre y había sido plantada en el medio de la noche.  Riley iba a escucharla, le haría saber lo enojada que estaba en ese momento y por qué nunca debería volver a plantarla.  Sus pies se dirigieron solos hacia una pequeña tienda de convivencia, un almacén que tenia de todo.  Se metió sigilosamente y fue directamente a la parte de snacks. No había tenido su comida, no tenía ganas de volver al apartamento.  Esa sería su cena esa noche.  Siguió agregando cosas a su canasta, mientras que disfrutaba de la tranquila música y la calefacción del lugar.  Si mal no había visto, solo eran ella y un señor anciano en el lugar. Por lo cual, nadie los estaba apurando.  Se pasó también por la parte de dulces y bebidas, no le vendría mal tomar una o dos cervezas esa noche, así que también lo añadió a su canasta.  El sonido de lo que parecía una discusión hizo que frunciera el ceño.  ¿Qué demonios estaba sucediendo?  -Joven, en la estantería dice claramente que esto está en promoción tres por dos. - señalo los paquetes de dentífricos.  Gin se acercó un poco más a la caja, para poder escuchar la conversación mientras que hacia como si estaba eligiendo cual cereal llevar.  -Estas cobrándome de más por algo que claramente está en oferta. - señalo el anciano.  -Lo siento, señor. Esa oferta ya no es más vigente. No puedo hacerle la oferta. Si lo desea, puedo darle un cupón para su próxima compra, valido por una semana. - Gin alzo las cejas al reconocer esa voz.  Se trataba de Joshua, ¿él también trabajaba en ese lugar?  Finalmente terminó en la caja, poniéndose del lado del hombre.  -Eso es imposible.  -En realidad no señor, el sistema y las leyes me abalan.  -En realidad…- repitió ahora Gin, ganándose la atención de las dos personas. - El sistema y las leyes están del lado del consumidor en este tipo de ocasiones. Es su responsabilidad como empleado de este comercio cambiar las ofertas y promociones que ya no están vigentes antes de que el día acabe. De otra forma, si el cliente llega a agarrar el producto cuando la publicidad de la oferta está en la estantería, es su obligación hacerla cumplir. Por lo que, si no quieres tener problemas con el sindicato o con la cámara de defensores al consumidor, le daría a este pobre hombre, el descuento que merece. - señalo. El hombre la observó sorprendido por todas las palabras que habían salido de su boca en menos de un minuto, pero terminó asintiendo.  -Sí, lo que dijo ella. - Gin aguantó las ganas de reír.  A Joshua le costó salir del trance en el que estaba al darse cuenta que Gin estaba ahí, parada dentro del lugar donde trabajaba ocasionalmente.  - ¿Gin? - le susurró. -Jovencito, ¿me darás mis descuentos o no?  Joshua se rindió, no había podido engañar al viejo con sus conocimientos en derecho porque Gin había aparecido para arruinarlo todo.  Así que finalmente tuvo que aplicarle el descuento.  -Aquí tiene, vuelva pronto. - dijo entregándole la bolsa y devolviéndole la tarjeta con la que había pagado.  Cuando el hombre se estaba yendo, bajo su mirada para mirarle los zapatos y quiso reír.  Vendiendo uno de esos zapatos quizás podía comprar toda la estantería que tanto estaba peleando.  ¿Por qué los hombres millonarios eran todos así?  Rodó los ojos y tomó la canasta de Gin.  -Arruinaste mi propina de hoy. - fue lo primero que le dijo.  -No está bien estafar a las personas. - le contestó, mientras que tomaba goma de mascar y lo ponía en las cosas para pagar.  -No lo estafé. - la fulminó con los ojos. -Pero lo ibas a hacer. - contraataco.  -Esto no es muy sano para ti. - dijo guardando las cosas en una bolsa.  Snacks, cerveza, ¿no era que la gente de la universidad odiaba la cerveza?  Gin lo observó con su billetera en la mano, haciendo sonar su pie en el piso.  -Sí, bueno. Fui plantada así que quiero solamente comer cosas ricas acompañada de una buena cerveza.  - ¿Quién te plantaría en medio de la noche? -cuestionó.  Ya había terminado de cobrarle, era el momento donde simplemente dejaba ir al cliente y se quedaba cerrando el lugar.  Pero sentía curiosidad, sentía que debía saber más sobre qué era lo que le había sucedido a la chica cuya nariz estaba roja por el frío.  -Mi novio. - soltó, Joshua mentiría si dijera que no sintió algo en su estómago al enterarse que tenía pareja.  -Oh…- alargó.  - ¿Decepcionado de que tenga novio? - alzo una ceja divertida.  El ataque sorprendió a Joshua, que abrió sus ojos como platos.  -No, no es eso…- se trabo un poco al hablar, lo que provocó una risa de la castaña.  -Gracias por esto, Joshua. - señaló la bolsa. - Nos vemos en la universidad, supongo.  Joshua quedó observando el cuerpo de la chica que se iba del lugar, pensando que la charla había pasado mucho más rápida de lo que él pensaba.  En un segundo, la castaña llegó y cambió por completo el rumbo de su aburrida noche.  Sonrió antes de apagar las luces del lugar.  - ¡Gin! - la llamó. La menor giró su cabeza, esperando que dijera algo más. - ¿qué te parece si vamos a comer? Si te plantaron… Supongo que no llegaste a comer nada. No es bueno que cenes todo eso…- alargó. - Solo si quieres, claro. No quiero que pienses que- fue cortada por Gin.  -Hay, claro. Me encantaría. - asintió. - Te espero afuera hasta que termines.  Parte de Gin agradecía que Joshua la estuviera invitando a comer, no conocía mucho a ese chico, pero sabía que iba a ser mejor que estar sola rondando por la cuidad tomando una lata de cerveza.  Así los dos fueron caminando uno al lado del otro, por las iluminadas calles de la cuidad.  Charlaron de cosas al azar, un poco del clima y un poco sobre las tareas de la universidad.  Era una charla donde ambos estaban cómodos y disfrutando de la compañía del otro.  -Oh, tienes que probar estos tacos. - frenaron en un foodtruck que estaba en la calle, había unas tres o cuatro personas delante de ellos para realizar el pedido.  Gin lo miró extraño, nunca había probado algo de un lugar como ese, le daba un poco de curiosidad saber a qué sabría esa comida.  - ¿Estas asustada? - se burló ahora Joshua.  -Nunca he probado algo como esto antes. - señalo, siendo honesta.  Joshua se sorprendió un poco, ¿qué era lo que le daban de comer a esos millonarios?  -Déjame a mí. - alzo su mano. - Dos tacos, uno picante y otro con extra queso, por favor. - le sonrió a la señora que estaba atendiendo el carrito de comida.  -Ya salen Joshua. ¿Le llevaras a Kate hoy? -No, hoy estoy con una amiga. - señalo, Gin saludó tímida.  Gin se preguntó quién era Kate, supuso en su cabeza que Joshua también tenía una pareja. -Oh, yo pagó. - dijo Gin queriendo sacar de su bolso la billetera.  - ¿Estás loca? Yo te invite, yo pago. - dio un paso para adelante y le entregó a la señora el dinero.  -Pero… -Nada, es mi regalo hacia ti. - le guiño el ojo.  Los famosos tacos finalmente salieron y ambos fueron a sentarse a una mesa de plástico a sentarse.  Lucían muy deliciosos, era mucha cantidad de comida. Más de cualquiera de las cenas que Gin había probado en diferentes restaurantes del mundo. - ¿Cual es para mí? - cuestiono Gin, observando los dos monstruosos platos.  -Elige cual quieras, uno tiene picante. No sé si puedas comerlo, por eso pedí el otro con queso. - le sonrió. Gin se sentía viajando en una nube cuando probó el taco picante, pero cuando Joshua le dio de probar el de queso… Ah, nunca olvidaría esa sensación de placer.  Y Joshua se sentía realizado solo de verla de esa forma, de ver como estaba disfrutando de algo que él también lo hacía.  De verla sonreír, y que sus mejillas volvieran a tener ese color cálido que tenía cuando la conoció.  -Bien, tú invitaste los tacos, yo invito la cerveza. - sacó de su bolsa las latas que había comprado anteriormente. Ambos chocaron las latas y le dieron un largo trago.  -Así que. Te plantaron. - volvió al tema que lo tenía curioso desde hace un rato.  -SIP. - soltó. -Entonces, tu novio…- -Riley, sí. - asintió. - Se suponía que teníamos una cita, pero ni siquiera responde los mensajes. - su cara lucia preocupada. - Solo espero que nada le haya pasado. - se encogió de hombros y le dio un bocado al taco. - Y también espero que tu no seas así con Kate. - la nombro.  Joshua se atraganto con la bebida.  -No, no es así. - se rio por la cara que había puesto Gin. - Kate… Es mi hermanito. - aclaro.  Ahora sabían un poco más del otro.  Pero les quedaba mucho por entender del otro… (...) 
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